PARTE 2: LA VISITA

Renata respiró hondo antes de abrir.

Ofelia entró sonriendo, pero no venía sola.

A su lado estaba un notario.

Y detrás, un asesor bancario con un portafolio negro.

—Qué bueno que ya madrugas como una esposa decente —dijo Ofelia, recorriendo el departamento con la mirada—. Hoy vamos a dejar todo arreglado antes de la boda.

Mauricio permanecía en silencio, incapaz de mirarla a los ojos.

El notario colocó varios documentos sobre la mesa.

—Solo faltan unas firmas.

Renata fingió sorpresa.

—¿Firmas para qué?

Ofelia sonrió con falsa dulzura.

—Para proteger el patrimonio familiar. Tu sueldo se depositará en una cuenta administrada por Mauricio, y este departamento pasará a nombre de ambos. Así evitamos malos entendidos.

El asesor añadió:

—También hay una autorización para contratar un crédito respaldado por sus ingresos.

Renata bajó la vista hacia los papeles.

No era una autorización cualquiera.

Era un préstamo millonario.

Con ella como principal responsable de pago.

Levantó lentamente la mirada.

—¿Llevan meses preparando esto?

Ofelia dejó escapar una carcajada.

—Claro. ¿Crees que mi hijo iba a casarse solo por amor? Una mujer con tu salario no aparece todos los días.

Mauricio cerró los ojos.

Sabía que su madre acababa de arruinarlo todo.

Renata deslizó discretamente el teléfono sobre la mesa.

La luz roja seguía encendida.

Todo estaba siendo grabado.

Entonces sonó el timbre.

Ofelia sonrió con confianza.

—Deben ser los testigos.

Renata caminó hasta la puerta y la abrió.

No eran testigos.

Eran dos agentes de la Fiscalía especializados en violencia familiar y fraude patrimonial.

Uno de ellos mostró su credencial.

—Señora Ofelia Salgado, recibimos una denuncia acompañada de audios, mensajes y una grabación realizada hace unos minutos.

El rostro de Ofelia perdió todo el color.

Renata tomó el teléfono y detuvo la grabación.

—Gracias por explicar ustedes mismos el plan.

Ahora ya no tengo que demostrar ninguna intención.

Porque acaban de confesarla delante de todos.

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