PARTE 2: La grabación

Aquella noche no bloqueé el número de Sebastian.

Quería que siguiera llamando.

Que la ansiedad creciera un poco más con cada tono sin respuesta.

A la mañana siguiente, mientras dejaba a los niños en el jardín de infancia, apareció frente a la entrada.

Tenía el traje arrugado, los ojos enrojecidos y el teléfono todavía en la mano.

—Solo dame cinco minutos.

Miré a mis hijos entrar al edificio.

—Cinco años no te bastaron.

Sebastian respiró hondo.

—Si esos niños son míos, me robaste la oportunidad de ser su padre.

Saqué el celular.

—¿De verdad quieres saber quién nos robó esos cinco años?

Olivia, que había llegado detrás de él, dio un paso adelante.

—Hannah, deja de manipular…

No la dejé terminar.

Conecté el teléfono a un pequeño altavoz que llevaba en el bolso.

Presioné reproducir.

Primero se escuchó una respiración acelerada.

Luego, la voz de Olivia.

—Sebastian está en una reunión. Yo contestaré.

Mi voz, mucho más joven y débil, respondió entre sollozos.

—Olivia… por favor… dile que ya nacieron. Los bebés están en incubadora. Necesito que venga.

Olivia guardó silencio unos segundos.

Después habló con una frialdad escalofriante.

—No volverá contigo. Firma los papeles que te envió su madre y desaparece. Es lo mejor para todos.

—No… él no sabe nada…

—Y nunca lo sabrá. Yo me encargaré de eso.

La grabación terminó.

El estacionamiento quedó completamente en silencio.

Sebastian no parpadeaba.

Giró lentamente la cabeza hacia Olivia.

—¿Contestaste… mis llamadas?

Ella comenzó a retroceder.

—Puedo explicarlo…

—¿Borraste los mensajes?

No respondió.

Sebastian levantó la voz por primera vez.

—¡¿Borraste las llamadas de mis hijos?!

Olivia rompió a llorar.

—¡Lo hice porque te amaba! ¡Tu madre dijo que Hannah solo quería atraparte con esos embarazos!

Las piernas de Sebastian cedieron.

Se apoyó contra su automóvil como si acabaran de golpearlo.

Cinco años.

Cinco cumpleaños.

Cinco Navidades.

Cinco años creyendo que sus hijos habían muerto antes de nacer.

Yo guardé el teléfono lentamente.

—Ahora ya conoces la verdad.

Me di la vuelta para entrar al jardín de infancia.

Detrás de mí solo escuché la voz quebrada de Sebastian.

—Hannah…

No me detuve.

Porque había esperado cinco años para que escuchara aquella grabación.

Y descubrir la verdad… era apenas el comienzo de todo lo que estaba a punto de perder.

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