PARTE 2: LA BROMA TERMINÓ

La puerta de la sala de registro se cerró detrás de Claire y Julian.

Durante unos segundos, ninguno habló.

A través del cristal podía verse a Brandon inmóvil en el pasillo, rodeado por aquellos amigos que ya no parecían encontrar divertida la situación.

Claire soltó lentamente la mano de Julian.

—Todavía puedes arrepentirte.

Él dejó el documento rojo sobre la mesa.

—Conduje ocho minutos atravesando media ciudad.

La miró directamente.

—No vine para arrepentirme.

La funcionaria revisó sus identificaciones.

—¿Ambos contraen matrimonio por voluntad propia?

—Sí —respondió Julian.

Claire tardó apenas un segundo más.

—Sí.

La funcionaria les entregó los formularios.

Mientras Claire escribía su nombre, sintió que la mano le temblaba.

No porque dudara.

Sino porque, hasta aquella mañana, estaba convencida de que su futuro llevaría el apellido Pei.

Había organizado la ceremonia.

Elegido las fechas.

Preparado los documentos.

Incluso había memorizado la forma exacta en que Brandon escribía su nombre para saber dónde debía firmar.

Ahora era Julian Zhou quien ocupaba la silla junto a ella.

El hombre al que había rechazado tres años antes sin permitirle siquiera explicar lo que sentía.

Julian notó su temblor.

—Claire.

Ella levantó la vista.

—No tienes que demostrarle nada a nadie.

Hablaba en voz baja, para que solo ella lo escuchara.

—Si estás haciendo esto únicamente para vengarte de Brandon, podemos salir ahora mismo.

Claire miró a través del cristal.

Brandon seguía allí.

Tenía el teléfono en la mano y discutía con uno de sus asistentes. Tara lloraba en silencio. Los demás evitaban mirarse.

Durante años, Claire habría corrido hacia él al verlo enfadado.

Le habría explicado.

Habría intentado calmarlo.

Esta vez volvió la vista hacia el formulario.

—No me estoy casando para vengarme.

Tomó el bolígrafo.

—Me estoy casando porque por fin entendí que él nunca pensó hacerlo de verdad.

Firmó.

Julian bajó la mirada hacia su nombre escrito junto al de ella.

Después firmó también.


Diez minutos más tarde, la funcionaria estampó el último sello.

—Felicidades, señor y señora Zhou.

Claire sostuvo el certificado entre las manos.

Todo había sucedido tan rápido que aún parecía irreal.

Julian se quitó discretamente el anillo que llevaba en el dedo meñique.

Claire lo reconoció.

Era una sencilla alianza de platino.

—¿Por qué tienes eso?

—Lo compré hace tres años.

Ella lo miró sorprendida.

Julian sonrió sin alegría.

—Pensaba pedírtelo antes de que anunciaras tu compromiso con Brandon.

Tomó su mano, pero no le colocó el anillo.

—No tienes que usarlo hoy.

Claire observó aquella alianza que él había conservado durante tres años.

Brandon había olvidado comprar las suyas hasta que ella se lo recordó cuatro veces.

Algo se apretó dentro de su pecho.

Extendió la mano.

—Pónmelo.

Julian la miró como si quisiera asegurarse de que hablaba en serio.

Después deslizó el anillo en su dedo.

Encajaba perfectamente.

—¿Cómo sabías la medida?

—Nunca olvidé nada relacionado contigo.

Antes de que Claire pudiera responder, la puerta se abrió violentamente.

Brandon entró.

—¡Esto no es válido!

La funcionaria frunció el ceño.

—Señor, debe salir.

Brandon ignoró la orden.

Caminó directamente hacia Claire.

—Dime que no firmaste.

Ella levantó el certificado.

—Firmé.

Su rostro palideció.

—Estabas comprometida conmigo esta mañana.

—Y tú cancelaste nuestra cita.

—¡Era una broma!

—Entonces ríete.

Brandon abrió la boca, pero no salió ningún sonido.

Julian se colocó junto a Claire.

No la escondió detrás de él.

Simplemente permaneció a su lado.

Aquello era diferente.

Brandon siempre se interponía cuando quería hablar por ella.

Julian parecía dispuesto a defenderla, pero le permitía decidir por sí misma.

—Claire, vámonos —ordenó Brandon—. Resolveremos esto en privado.

Ella lo observó con calma.

—Ya no tienes asuntos privados conmigo.

—No puedes casarte con él solo porque estás enfadada.

—No estoy enfadada.

Claire levantó la mano y mostró la alianza.

—Estoy casada.


Tara apareció en la puerta.

Tenía el rostro manchado por las lágrimas.

—Claire, por favor. Todo se salió de control.

Claire la miró.

—No. Todo salió exactamente como ustedes planearon.

—Solo queríamos asustarte.

—Me hicieron venir vestida de novia para reírse de mí delante de desconocidos.

—Brandon dijo que después pediríamos otro número.

Claire soltó una risa breve.

—¿Y tú le creíste?

Tara bajó la mirada.

—Pensé que al final te abrazaría y que todo quedaría como una anécdota.

—Eso siempre pasaba, ¿verdad?

Claire se acercó.

—Ustedes me lastimaban. Brandon fingía defenderme después. Yo terminaba agradeciéndole por consolarme del dolor que él mismo había permitido.

Tara comenzó a llorar con más fuerza.

Pero Claire ya no sintió la necesidad de consolarla.


Brandon dio un paso hacia Julian.

—Sabías que ella estaba comprometida.

—Sabía que había pedido casarse conmigo —respondió Julian.

—Te aprovechaste de que estaba alterada.

Julian sacó su teléfono.

Abrió el mensaje de voz recibido apenas veinte minutos antes.

La voz de Claire llenó la habitación:

—Julian Zhou, trae tu registro familiar al registro civil en menos de diez minutos. Hoy me casaré contigo.

Julian apagó la grabación.

—Fue bastante clara.

Brandon apretó los puños.

—Ella no te ama.

Claire intervino antes de que Julian respondiera.

—Quizá no lo amo todavía.

Brandon mostró una sombra de alivio.

Entonces ella continuó:

—Pero él nunca me ha humillado.

Nunca me dejó esperando en un aeropuerto por diversión.

Nunca permitió que sus amigos apostaran sobre cuánto tardaría en llorar.

Nunca me hizo sentir que debía sufrir para ganarme el derecho a permanecer a su lado.

Cada frase borró poco a poco la esperanza del rostro de Brandon.

—Y tú dices que me amas —concluyó Claire—. Así que quizá el amor no sea suficiente.


Al salir del registro civil, varios automóviles negros esperaban junto a la entrada.

Los asistentes de Julian ya habían preparado todo.

Uno abrió la puerta trasera.

Claire se detuvo.

—¿Adónde vamos?

—A mi casa.

Julian percibió su expresión y añadió:

—Habitaciones separadas. No haré nada que no quieras.

Ella asintió.

Antes de subir, Brandon la alcanzó.

—Claire.

Por primera vez, su voz no sonó arrogante.

Sonó asustada.

—No puedes desaparecer así de mi vida.

Claire se volvió.

—Tú cancelaste nuestro matrimonio para enseñarme que no debía poner toda mi vida sobre ti.

Lo miró por última vez.

—Aprendí la lección.

Entró al automóvil.

Julian cerró la puerta.


La residencia Zhou estaba situada en una zona privada al norte de la ciudad.

Claire había esperado lujo.

No esperaba encontrar a casi veinte personas aguardando frente a la entrada.

Los padres de Julian estaban allí.

También su abuela.

Claire se quedó rígida.

—¿Les avisaste?

—Mi asistente lo hizo mientras firmábamos.

—¿Están enfadados?

Julian negó con la cabeza.

Su abuela fue la primera en acercarse.

Le tomó las manos con una sonrisa emocionada.

—Tres años esperando que este nieto dejara de comportarse como un hombre abandonado.

Golpeó suavemente el brazo de Julian.

—Y finalmente necesitó que otro idiota cancelara una boda para recuperar su oportunidad.

Claire no pudo evitar sonreír.

La madre de Julian le entregó una pequeña caja.

Dentro había una pulsera antigua de jade.

—Pertenece a las esposas de la familia Zhou.

Claire retrocedió.

—No puedo aceptar algo tan importante.

—Ya eres familia.

La naturalidad con que lo dijo hizo que Claire sintiera un dolor extraño.

Durante años, la familia Pei la había tratado como una candidata que debía superar pruebas eternas.

Nunca lo bastante elegante.

Nunca lo bastante obediente.

Nunca lo bastante digna.

En aquella casa, nadie le preguntó qué aportaba al matrimonio.

Solo le ofrecieron un lugar en la mesa.


Esa noche, Claire se quedó sola en una habitación de invitados.

Sobre la cama encontró ropa nueva y artículos personales aún sellados.

Julian había cumplido su promesa.

No intentó entrar.

No exigió explicaciones.

A las once, Claire recibió más de cuarenta llamadas de Brandon.

Las ignoró.

Después llegó un mensaje de Tara.

“Brandon acaba de enterarse de que su abuelo canceló la reunión del consejo de mañana. La familia Pei está furiosa porque te casaste con Julian. Dicen que esto puede afectar la fusión.”

Claire frunció el ceño.

¿Qué fusión?

Abrió otro mensaje.

Esta vez era de su padre.

“Ven a casa inmediatamente. ¿Cómo pudiste casarte con Julian Zhou sin consultarnos? La familia Pei exige una explicación.”

Claire sintió que algo no encajaba.

Su compromiso con Brandon siempre había sido presentado como una unión romántica.

Nadie había mencionado una fusión.

Bajó al estudio.

Julian estaba sentado frente a varios documentos.

Cuando la vio, cerró una carpeta.

—¿Qué sucede?

Claire le mostró los mensajes.

—¿Qué relación tiene mi matrimonio con una fusión empresarial?

Julian guardó silencio.

—Dímelo.

Él respiró profundamente.

—Tu padre lleva dos años negociando la venta de parte del Grupo Gu a la familia Pei.

Claire sintió un escalofrío.

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?

Julian abrió la carpeta.

Dentro había un borrador de contrato.

Una cláusula estaba marcada en rojo.

El matrimonio entre Claire Gu y Brandon Pei consolidará la transferencia del quince por ciento de las acciones familiares.

Claire leyó la frase dos veces.

—Yo no sabía nada.

—Lo imaginé.

—¿Brandon lo sabía?

Julian no respondió de inmediato.

Aquello fue suficiente.

—Lo sabía —susurró Claire.

Su supuesto prometido no había cancelado el turno porque no quisiera casarse.

Lo había hecho porque estaba convencido de que ella no tenía otra salida.

Su familia necesitaba la operación.

Su padre ya había comprometido sus acciones.

Brandon podía humillarla cuanto quisiera, seguro de que tarde o temprano todos la obligarían a regresar.

El teléfono de Julian sonó.

Era su abogado.

Escuchó durante unos segundos y activó el altavoz.

—Señor Zhou, la familia Pei acaba de presentar una solicitud para invalidar el matrimonio. Alegan coacción emocional y falta de capacidad para consentir.

Claire soltó una risa incrédula.

—¿Ya intentan decidir hasta con quién puedo casarme?

El abogado continuó:

—También encontramos algo más. El documento de cancelación del primer turno no fue tramitado únicamente por el señor Brandon.

Hubo un silencio.

—La solicitud fue presentada ayer por la señorita Tara Tao.

Claire sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Tara no había participado en una broma improvisada.

Lo había preparado todo con anticipación.

Julian tomó la mano de Claire.

—Hay otra cosa que debes saber.

Ella lo miró.

—Tara no es solo tu amiga.

Deslizó hacia ella una fotografía tomada meses antes.

Brandon y Tara salían juntos de un hotel.

Él la sujetaba por la cintura.

Y ella llevaba en el cuello el collar que Brandon había asegurado comprar como regalo de aniversario para Claire.

Julian habló con suavidad:

—Ellos no cancelaron tu cita únicamente para humillarte.

Claire apretó la fotografía entre los dedos.

—Entonces, ¿para qué?

—Para obligarte a romper el compromiso por tu cuenta.

La mirada de Julian se endureció.

—Brandon quería conservar las acciones prometidas por tu padre… y casarse con Tara después de hacerte parecer inestable ante las dos familias.

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