PARTE 2: LA PUERTA CERRADA

La madre Caridad sintió un frío recorrerle la espalda.

Miró la diminuta marca en el brazo de Esperanza.

No parecía una picadura.

Era exactamente la clase de marca que quedaba después de una aguja.

La doctora Paloma habló con serenidad.

—Hermana Esperanza, necesito que piense con calma.

¿Alguna vez ha despertado sintiéndose más cansada de lo normal?

Esperanza permaneció en silencio.

Después asintió muy despacio.

—Algunas noches…

Creía que era por los niños.

Pero había mañanas en las que no recordaba haber soñado siquiera.

Solo despertaba muy pesada.

Como si hubiera dormido durante días.

La doctora tomó notas.

—¿Dolor de cabeza?

—Sí.

—¿Mareos al despertar?

—También.

La madre Caridad sintió que el miedo sustituía por completo a la confusión.

Aquello ya no parecía un misterio religioso.

Parecía el rastro de un delito.


Aquella misma tarde revisaron el convento.

Puertas.

Ventanas.

Cerraduras.

No encontraron señales de que alguien hubiera entrado por la fuerza.

Todo estaba intacto.

Hasta que una de las hermanas más jóvenes recordó algo.

—Madre…

Hace unos meses cambiaron las cerraduras de la enfermería.

Caridad levantó la vista.

—¿Quién las cambió?

—La empresa que envía la diócesis.

También entregaron copias de las llaves.

La doctora Paloma frunció el ceño.

—¿Dónde guardan esas copias?

Nadie supo responder.


Mientras tanto, Esperanza permanecía sentada junto a la ventana con Miguel y el pequeño Tomás jugando a sus pies.

Los observaba con una ternura infinita.

No entendía por qué todos parecían tan asustados.

Para ella, los niños eran inocentes.

Quien hubiera provocado aquellos embarazos, si realmente había ocurrido un delito, era el responsable.

Nunca ellos.

La madre Caridad se acercó.

—Perdóname por lo que voy a preguntarte.

Esperanza la miró.

—¿Alguna vez despertaste con la ropa distinta?

La joven tardó unos segundos.

Después recordó algo que nunca había considerado importante.

—Sí…

Dos veces.

Pensé que alguna hermana me había cambiado mientras tenía fiebre.

El silencio cayó sobre la habitación.


Esa noche, la madre Caridad tomó una decisión.

Llamó directamente a la policía.

No pidió discreción.

No habló de milagros.

Solo dijo una frase.

—Creo que alguien ha cometido delitos muy graves dentro de este convento y necesito que una unidad especializada venga de inmediato.

La respuesta fue clara.

—No toquen nada.

Conserven todas las habitaciones tal como están.

Vamos en camino.


Antes del amanecer llegaron dos investigadores.

No vestían uniforme.

Entraron con maletines, cámaras y material para recoger pruebas.

La primera habitación que inspeccionaron fue la de Esperanza.

Parecía completamente normal.

Hasta que uno de los peritos movió ligeramente la cabecera de la cama.

—Aquí hay algo.

Detrás de la madera apareció una pequeña abertura que comunicaba con un antiguo conducto de servicio, construido décadas atrás y olvidado durante una remodelación.

Era demasiado estrecho para una persona adulta.

Pero suficiente para ocultar algo.

Dentro encontraron una pequeña caja metálica.

La madre Caridad dejó de respirar cuando la abrieron.

Había jeringas sin usar.

Ampollas de medicamentos sedantes.

Guantes.

Y un llavero con varias llaves antiguas del convento.

La doctora Paloma tomó una de las ampollas con extremo cuidado.

Leyó la etiqueta.

Después levantó lentamente la vista.

—Este medicamento puede provocar un sueño profundo y afectar la memoria durante varias horas.

Nadie habló.

Porque todos comprendieron lo mismo al mismo tiempo.

Alguien no solo había entrado repetidamente en la habitación de Esperanza.

Llevaba tiempo preparándose para hacerlo.

Y conocía el convento lo bastante bien como para moverse por él sin despertar sospechas.

Entonces uno de los investigadores recibió un mensaje en su teléfono.

Su expresión cambió de inmediato.

—Acabamos de confirmar algo.

Miró a la madre Caridad.

—Hace tres años, justo antes del primer embarazo, un antiguo empleado de mantenimiento del convento fue despedido… pero nunca devolvió el juego completo de llaves maestras.

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