PARTE 2: BASTA

Incluso delante de los demás, Ji Chen siempre fingía protegerme.

Decía que yo era su esposa.

Que nadie podía hacerme sentir agraviada.

Pero cuando la persona que me hacía sentir agraviada era Ji Ru…

Él siempre elegía ponerse a su lado.

Respiré profundamente.

Miré el tazón de fideos que llevaba más de una hora sobre la mesa.

Los fideos estaban completamente hinchados.

El caldo se había vuelto turbio.

El huevo frito tenía un gran mordisco.

Era exactamente igual que aquellos tres años de matrimonio.

Lo que Ji Ru rechazaba…

Terminaba delante de mí.

Levanté la vista lentamente.

—Ji Chen.

Él respondió con evidente impaciencia.

—¿Qué pasa ahora?

Sonreí con tranquilidad.

—¿Recuerdas el primer regalo que me hiciste después de casarnos?

Se quedó desconcertado.

No esperaba aquella pregunta.

Después de pensar unos segundos, respondió distraídamente:

—¿Un bolso?

Negué con la cabeza.

—No.

—Era un reloj.

—Me dijiste que lo elegiste durante mucho tiempo porque querías que lo llevara todos los días.

Ji Ru bajó la cabeza.

Su mano sujetó con fuerza los palillos.

Continué hablando.

—Tres días después…

—Lo vi en tu hermana.

Ji Chen frunció el ceño.

—Solo se lo presté unos días.

Asentí.

—Claro.

—Igual que el abrigo de cachemira.

—El collar de perlas.

—El coche.

—Incluso el viaje que habías prometido hacer conmigo.

Uno tras otro.

Todos terminaron siendo para Ji Ru.

La expresión de Ji Chen se volvió cada vez más desagradable.

—¿Vas a sacar ahora cosas de hace años?

—No.

Negué con calma.

—Solo estoy intentando recordar…

—¿Qué ha sido realmente mío durante estos tres años?

El comedor quedó completamente en silencio.

Ji Ru dejó lentamente los palillos.

Con los ojos enrojecidos, habló en voz baja.

—Cuñada…

—Todo esto es culpa mía.

—Si mi presencia hace que ustedes discutan, me iré ahora mismo.

Se levantó apresuradamente.

Pero antes de dar dos pasos…

Ji Chen la sujetó del brazo.

Su tono se volvió inusualmente suave.

—Nadie te está echando.

Después giró la cabeza hacia mí.

Su paciencia había desaparecido por completo.

—Song Wan.

—¿Has terminado?

—Ji Ru es mi hermana.

—¿No puedes dejar de compararte con ella todo el tiempo?

Lo miré fijamente.

Por primera vez…

No sentí tristeza.

Solo una inmensa calma.

—Tienes razón.

—Nunca debí compararme.

Porque desde el principio…

En tu corazón…

Yo nunca estuve en el mismo lugar que ella.

Me acerqué lentamente a la mesa.

Tomé el tazón de fideos fríos.

Ji Chen creyó que por fin iba a comer.

Incluso relajó ligeramente el gesto.

Al segundo siguiente…

¡Crash!

El tazón cayó directamente al cubo de la basura.

Los fideos, el caldo y el huevo mordido desaparecieron entre los desperdicios.

Miré a Ji Chen con una serenidad absoluta.

—Lo que otros ya probaron…

—Ya no me interesa.

No hablaba solo de aquel tazón de fideos.

También hablaba de mi matrimonio.

Ji Chen permaneció inmóvil.

Era la primera vez que no cedía.

La primera vez que no aceptaba resignada aquello que él me imponía.

Saqué una carpeta blanca de mi bolso.

La dejé suavemente sobre la mesa.

Él frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

Lo miré directamente a los ojos.

Y pronuncié despacio cada palabra.

—La solicitud de divorcio.

—Ya está firmada por mí.

La sonrisa del rostro de Ji Ru desapareció por completo.

Y, por primera vez en tres años…

La expresión de Ji Chen cambió por completo.

Porque finalmente comprendió que aquella noche…

Yo no estaba haciendo una rabieta.

Me estaba marchando de verdad.

Related Posts

PARTE 2: La mañana en que Adrian descubrió que yo también podía dejar de elegirlo

Subí al apartamento sin llamar a Adrian. Me duché, guardé el recibo de 2,5 yuanes en una bolsa transparente y descargué una copia de la publicación de…

PARTE 2: Los cien mil dólares que Gwen nunca recibió

A las seis de la mañana, Gwen seguía dormida. Yo llevaba horas revisando cuatro años de transferencias. Cada mes había enviado dinero a la misma cuenta conjunta…

PARTE 2: La visita que llegó seis meses demasiado tarde

Los golpes volvieron a sonar. No abrí enseguida. Desde la ventana vi el coche de mi padre, el de Sabrina y otro que reconocí como el de…

PARTE 2: El tatuaje que el almirante Kane reconoció demasiado tarde

Ellis fue el primero en reaccionar. —Señor —murmuró, mirando a Kane—, quizá debería comprobar la autorización antes de continuar. Kane no apartó los ojos de mí. —¿Reconoces…

PARTE 2: El documento que Julian juró que no existía

El juez Harrison sacó la primera página. La sonrisa de Julian desapareció. —Señor Vance —dijo el juez—, durante su declaración afirmó que Vance Strategic Holdings no poseía…

PARTE 2: La carpeta azul que Daniel nunca se molestó en leer

El agente cerró lentamente la carpeta. —Señora, ¿necesita atención médica? —Sí. La arrogancia de Daniel desapareció. —¡Ella está exagerando! Yo llamé porque está fuera de control. El…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *