PARTE 2: EL BANQUETE

El avión aterrizó a las nueve de la mañana.

Cinco años después de abandonar aquella ciudad, el aire seguía teniendo el mismo olor húmedo de siempre.

Tomé un taxi directamente hacia el hotel donde la familia Zhou celebraría el banquete.

Antes de entrar, pasé por una floristería.

Compré un enorme ramo de lirios blancos.

El dependiente me preguntó sonriendo:

—¿Es para felicitar a unos recién casados?

Le devolví la sonrisa.

—Sí.

—Es un regalo muy especial.

El salón principal estaba decorado con un lujo deslumbrante.

Globos dorados.

Flores frescas.

Un gran cartel con las fotografías de Zhou Ming y Lin Yue ocupaba el escenario.

Ella llevaba un vestido blanco y sonreía con dulzura.

Él la abrazaba por la cintura con expresión orgullosa.

Parecían la pareja perfecta.

En cuanto crucé la puerta, el murmullo de los invitados se apagó poco a poco.

Muchos me reconocieron.

—¿No es… Su Qing?

—¿Por qué ha venido?

—¿No se divorció hace solo unos días?

Mi exsuegra fue la primera en levantarse.

Su rostro cambió al instante.

—¿Qué haces aquí?

Sostuve el ramo de flores con tranquilidad.

—He venido a felicitar a los novios.

Antes de que pudiera acercarme, Zhou Ming apareció apresuradamente.

Al verme, una expresión de nerviosismo cruzó fugazmente su rostro.

—Su Qing…

—¿Qué estás intentando hacer?

Lo observé con calma.

—¿Por qué estás tan tenso?

—¿No dijiste que terminamos en buenos términos?

Las conversaciones alrededor comenzaron a hacerse cada vez más intensas.

En ese momento, Lin Yue apareció con su vestido de novia.

Llevaba una mano sobre el vientre, protegiéndolo con gesto instintivo.

Al verme, sonrió con aparente amabilidad.

—Qingqing…

—No esperaba que de verdad vinieras.

Le entregué el ramo de lirios.

—Felicidades.

Ella lo aceptó con cierta incomodidad.

—Gracias…

Mi exsuegra intervino enseguida.

—Ya entregaste las flores. Puedes irte.

Negué lentamente con la cabeza.

—Todavía no.

—Aún no he entregado el regalo de bodas.

Todos dirigieron la mirada hacia mí.

Saqué lentamente una carpeta azul de mi bolso.

La coloqué sobre la mesa principal.

Zhou Ming frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

—Un regalo.

Abrí la carpeta delante de todos.

La primera hoja era un informe médico con el sello oficial del hospital.

Las grandes letras negras resultaban imposibles de ignorar.

“Infertilidad secundaria permanente.”

El salón entero quedó en silencio.

Lin Yue perdió el color del rostro.

Su mano comenzó a temblar.

Mi exsuegra arrebató el documento.

—¡¿Qué tonterías son estas?!

Respondí con absoluta calma.

—No son tonterías.

—Es el informe médico de Lin Yue.

—Hace apenas un mes, ella misma me pidió que la acompañara al hospital.

Varias personas empezaron a acercarse para leer el documento.

Los familiares comenzaron a susurrar entre ellos.

Uno de los tíos de Zhou Ming preguntó confundido:

—Si este informe es auténtico…

—¿Entonces de quién es el bebé?

El rostro de Zhou Ming se volvió completamente pálido.

—¡Su Qing!

—¡Basta!

Pero ya era demasiado tarde.

Saqué el teléfono.

Abrí una conversación guardada durante semanas.

Levanté la pantalla para que todos pudieran verla.

—Antes de venir…

—Pensé que quizá alguien dudaría del informe.

—Por eso también traje la confirmación del especialista que la atendió.

Las miradas de todos se clavaron en la pantalla.

Lin Yue dio un paso atrás.

Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

Zhou Ming quiso acercarse para quitarme el teléfono.

Pero justo entonces…

Una voz firme sonó desde la entrada del salón.

—Ese informe es auténtico.

Todos se giraron al mismo tiempo.

Un hombre de cabello entrecano, vestido con una bata blanca y acompañado por el director del hospital local, caminó lentamente hacia el escenario.

Era el doctor Li.

El mayor especialista en reproducción asistida del país.

Y también…

El médico que había firmado personalmente el diagnóstico de Lin Yue.

En ese instante, el banquete de bodas dejó de ser una celebración.

Y se convirtió en el inicio de la peor pesadilla de Zhou Ming y Lin Yue.

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