PARTE 2: LA REINA REGRESÓ

Tres días después de regresar a Londres, Elena volvió a entrar en la torre de cristal de Vega Global.

Nadie anunció su llegada.

No hacía falta.

Cuando las puertas del ascensor privado se abrieron en el piso cuarenta y ocho, los empleados se pusieron de pie casi al mismo tiempo.

—Buenos días, señorita Vega.

No dijeron “señora Whitmore”.

Nunca lo habían hecho allí.

Grace caminó a su lado mientras le entregaba una carpeta.

—Durante su ausencia, Sophie Langley intentó cerrar una alianza con el bufete Whitmore & Partners en cuatro ocasiones.

Elena siguió caminando.

—¿Con qué objetivo?

—Conseguir la representación legal exclusiva de Vega para Europa.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—¿Y quién rechazó la propuesta?

Grace respondió sin titubear.

—Usted.

Elena arqueó una ceja.

—¿Yo?

—Antes de irse dejó una cláusula. Cualquier contrato superior a cincuenta millones requería únicamente su autorización personal.

Grace hizo una pausa.

—Sophie nunca consiguió su firma.

Elena asintió lentamente.

Por primera vez agradeció la desconfianza que había tenido tres años atrás.


Mientras tanto, en Nueva York, Marcus regresó a casa por tercera noche consecutiva.

La habitación de Lily seguía vacía.

Los juguetes permanecían exactamente donde Elena los había dejado.

Sobre la cómoda encontró un sobre que nunca había visto.

Solo decía:

“Para cuando por fin decidas mirar.”

Dentro había fotografías.

No de Sophie.

De él.

Siempre con Sophie.

Almuerzos.

Viajes de trabajo.

Celebraciones.

Cumpleaños.

Reuniones nocturnas.

Cada imagen tenía una fecha escrita por Elena.

Debajo de algunas aparecía una frase.

“Dijiste que estabas en Boston.”

“Aquella noche Lily tuvo fiebre.”

“Nuestro aniversario.”

Marcus sintió un nudo en la garganta.

No era una colección de celos.

Era un registro.

Durante años.

Y Elena jamás había dicho una palabra.


Su teléfono sonó.

Era Sophie.

—¿La encontraste?

Marcus respondió con la voz apagada.

—Está en Londres.

Hubo unos segundos de silencio.

—Perfecto.

Eso facilita las cosas.

Marcus frunció el ceño.

—¿Qué cosas?

Sophie respiró hondo.

—La próxima semana presentaré nuevamente la propuesta ante Vega.

—Si conseguimos ese contrato…

Marcus la interrumpió.

—Elena trabaja allí.

Sophie soltó una risa.

—Lo sé.

Pero ella nunca tomaba decisiones importantes.

Marcus cerró lentamente los ojos.

Ni siquiera Sophie sabía quién era realmente Elena.


Dos días después, el equipo legal de Whitmore & Partners aterrizó en Londres.

Marcus viajó con ellos.

No para recuperar a su esposa.

Para intentar salvar el contrato más importante de su carrera.

Mientras esperaban entrar a la reunión, Sophie acomodó su chaqueta.

—He investigado a la directora interina.

Parece bastante joven.

Marcus apenas escuchaba.

Seguía pensando en Elena.

En la bofetada.

En la marca roja sobre su mejilla.

En Lily.

La secretaria apareció.

—Pueden pasar.

Las enormes puertas de madera se abrieron lentamente.

La sala de juntas era inmensa.

Al fondo había una larga mesa de nogal.

Todos los directivos ya estaban sentados.

Solo faltaba una persona.

La presidenta.

Sophie sonrió con confianza.

Hasta que la puerta lateral volvió a abrirse.

Un silencio absoluto recorrió la sala.

Marcus levantó la vista.

Y dejó de respirar.

Elena entró con un elegante traje blanco.

La marca del golpe ya había desaparecido.

Su seguridad también era distinta.

No caminaba como una mujer que había escapado de un matrimonio.

Caminaba como alguien que pertenecía allí desde siempre.

Todos los ejecutivos se pusieron de pie.

—Buenos días, presidenta Vega.

Marcus sintió que el mundo se detenía.

Presidenta.

No directora.

No ejecutiva.

Presidenta.

Sophie perdió completamente el color.

—Eso… eso no puede ser…

Grace colocó una carpeta frente a Elena.

Ella tomó asiento en la cabecera de la mesa.

Miró primero a Sophie.

Después a Marcus.

Su expresión era completamente serena.

Como si jamás hubiera llorado por ellos.

Como si nunca hubiera esperado llamadas que no llegaron.

Finalmente abrió la carpeta.

—Comencemos.

Su voz era firme.

—Tengo entendido que desean representar legalmente a Vega Global.

Hizo una breve pausa.

Después sostuvo la mirada de Marcus.

—Aunque, antes de hablar de negocios…

Deslizó lentamente una fotografía sobre la mesa.

Era la imagen del restaurante donde Marcus la había abofeteado frente a todos.

La fotografía estaba acompañada por el informe del establecimiento y las grabaciones de seguridad.

Elena levantó los ojos.

—Creo que primero debemos hablar del tipo de personas a las que esta empresa está dispuesta a confiarle su nombre.

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