PARTE 2: LA VERDAD DETRÁS DE LA PUERTA

Victoria sostuvo la fotografía entre los dedos.

Lucas también la vio.

Y, durante una fracción de segundo, el hombre que había permanecido impasible en campos de batalla perdió completamente el color del rostro.

Él conocía esa fotografía.

Sabía exactamente cuándo había sido tomada.

—¿Dónde la encontraste? —preguntó con la voz ronca.

La anciana ama de llaves señaló el cuaderno.

—Estaba escondida entre las notas de la señora Elena.

Gabriel tomó la imagen con cuidado.

Observó el reflejo del espejo.

La asistente de Diana cerrando la puerta desde fuera.

El reloj de la habitación marcando las 11:42.

Y Lucas entrando… sin mostrar la menor sorpresa.

—General Lu —dijo Gabriel lentamente—, parece que usted conocía esta escena.

Nadie habló.

Fue Diana quien rompió el silencio.

—Eso no demuestra nada.

Victoria levantó la vista.

—No.

Su voz era tranquila.

—Demuestra algo mucho peor.

Todos la miraron.

—Demuestra que aquella noche nunca fue un accidente.

Su padre golpeó el suelo con el bastón.

—¡Basta!

—¿Quieres volver a destruir esta familia?

Victoria sonrió con tristeza.

—¿Qué familia?

Luego miró directamente a Lucas.

—Respóndeme solo una pregunta.

Él evitó sus ojos.

—Lucas…

—Cuando recibiste mi mensaje hace dos años…

—¿Ya sabías que Diana no estaba sola?

El silencio respondió antes que él.

Gabriel comprendió la verdad.

—Usted sabía que todo había sido preparado.

Lucas cerró lentamente los ojos.

Después de varios segundos respondió:

—Sí.

La palabra cayó como una piedra.

La madre de Lucas retrocedió un paso.

—¿Qué acabas de decir?

Él respiró profundamente.

—Cuando llegué a la clínica…

—Diana estaba perfectamente bien.

Nadie volvió a moverse.

—Su asistente me dijo que todo era una representación para impedir el compromiso.

Victoria sintió que el corazón dejaba de doler.

Porque ya no quedaba ninguna duda.

—Entonces… ¿por qué entraste?

Lucas levantó la cabeza.

Sus ojos estaban llenos de un cansancio insoportable.

—Porque en mi vida anterior…

Miró a Victoria.

—La dejé morir.

La habitación quedó completamente inmóvil.

—Creí que, si volvía a ignorarla, todo volvería a repetirse.

—Pensé que podía salvarla… y después explicártelo todo.

Victoria soltó una risa baja.

No era de burla.

Era de incredulidad.

—¿Explicármelo?

—¿Después de pasar la noche abrazando a otra mujer?

Lucas bajó la cabeza.

—Cuando comprendí la trampa…

—Ya era demasiado tarde.

Gabriel dio un paso al frente.

—No.

Su voz fue firme.

—Lo que ya era demasiado tarde era su compromiso con Victoria.

Lucas permaneció en silencio.

Gabriel continuó.

—Al día siguiente permitió que cambiaran las invitaciones.

—Permitió que ella cargara con la humillación.

—Permitió que todos decidieran por ella.

Cada frase hacía que Lucas pareciera más pequeño.

Victoria observó el viejo cuaderno de su abuela.

Entre las últimas páginas apareció un sobre amarillento.

Tenía escrito un nombre.

“Para Victoria. Abrir solo cuando aprendas que el amor sin respeto también enferma.”

Sus manos temblaron al abrirlo.

Dentro había una carta escrita por su abuela pocos meses antes de morir.

“Las personas no siempre traicionan por maldad. A veces lo hacen porque creen que pueden decidir por otros.”

“Quien te ama de verdad nunca escogerá tu sacrificio como solución.”

“El día que alguien decida tu destino sin preguntarte, recuerda que ya dejó de caminar a tu lado.”

Victoria dobló la carta con cuidado.

Después levantó la mirada hacia Lucas.

Por primera vez en dos vidas…

No sintió rabia.

Solo compasión.

—Ahora entiendo por qué en tu lecho de muerte me pediste que te enviara la ubicación de Diana.

Lucas respiró con dificultad.

Ella negó lentamente con la cabeza.

—No era amor.

—Era culpa.

Una lágrima descendió por el rostro del mayor general.

No intentó negarlo.

Victoria dio un paso atrás.

Luego tomó la mano de Gabriel.

—Vámonos.

Lucas reaccionó al instante.

—¡Victoria!

Ella se detuvo.

Sin girarse.

—¿Sí?

Su voz sonó casi esperanzada.

Pero la siguiente frase terminó de romper lo único que aún conservaba.

—Gracias.

Lucas quedó inmóvil.

—Porque si aquella noche no hubieras vuelto a elegirla…

Victoria entrelazó los dedos con Gabriel.

—…yo jamás habría encontrado el camino hacia la persona que primero me preguntó qué era lo que yo quería.

Gabriel abrió la puerta de la casa.

Esta vez…

Nadie intentó detenerla.

Y mientras el automóvil se alejaba de la residencia de los Shen, Lucas comprendió que había logrado salvar a Diana de un incendio…

Solo para perder, por segunda y última vez, a la única mujer que siempre había esperado por él.

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