PARTE 2 – LOS TÍTULOS DE PROPIEDAD HABLARON POR SÍ SOLOS

Trần Hạo terminó de abrir el primer certificado de propiedad.

Luego el segundo.

Y finalmente el tercero.

Sus manos comenzaron a temblar.

Miró una y otra vez el nombre del propietario.

Thành Vãn.

Los tres apartamentos estaban registrados exclusivamente a mi nombre.

El silencio se volvió sofocante.

Él levantó lentamente la cabeza.

—¿Cómo… cómo puede ser?

Sonreí con calma.

—¿No decías que esta casa era de tus padres?

Su garganta se movió con dificultad.

—Yo…

Antes de que pudiera terminar la frase, llamaron a la puerta.

Su madre entró sonriendo, seguida por su padre.

Llevaban varias bolsas con fruta y comida.

Nada más verme, su suegra sonrió con falsa cordialidad.

—Vãn, justo veníamos a hablar del alquiler. A partir del próximo mes será mejor que hagan una transferencia automática para evitar olvidos.

Deslicé lentamente uno de los certificados hacia ella.

—Antes de hablar de alquiler… quizá deberían mirar esto.

La mujer lo tomó distraídamente.

Cinco segundos después, su sonrisa desapareció.

—Esto…

Su esposo también acercó la cabeza para leer.

Los dos se quedaron completamente inmóviles.

Levanté otra carpeta.

Dentro había el contrato de compraventa del edificio.

—Hace tres años compré este apartamento y otros dos del mismo piso como inversión.

—Hace ocho meses decidí mudarme aquí.

—Y hace seis meses permití que Trần Hạo viniera a vivir conmigo.

Nadie dijo una palabra.

La expresión de Trần Hạo se volvió cada vez más pálida.

—Vãn… yo puedo explicarlo…

Negué lentamente.

—Todavía no he terminado.

Saqué otro documento.

Era el contrato de alquiler que él me había enseñado semanas antes.

Lo coloqué junto al certificado de propiedad.

—¿Reconocen este contrato?

Su padre empezó a sudar.

—Ese…

—La firma del supuesto propietario es falsa.

—Porque la propietaria siempre he sido yo.

La habitación quedó completamente en silencio.


Respiré profundamente.

Llevaba dos años esperando ese momento.

—¿Saben por qué nunca dije nada?

Los tres me miraron.

—Porque quería saber hasta dónde eran capaces de llegar.

Volví la vista hacia Trần Hạo.

—Dos años fingiendo ser un hombre honesto.

—Dos años ocultándome dónde vivías.

—Dos años preparando esta mentira.

Él dio un paso hacia mí.

—No fue idea mía.

Su madre reaccionó de inmediato.

—¡¿Qué estás diciendo?!

Trần Hạo apretó los puños.

—Fuiste tú quien dijo que, después de casarnos, debíamos convencerla para pagar un alquiler.

—También querías que transfiriera el apartamento a mi nombre cuando naciera nuestro primer hijo.

La mujer quedó completamente paralizada.

Su padre cerró los ojos con desesperación.

Yo simplemente observaba.

Ninguno imaginaba que terminarían acusándose unos a otros.


En ese instante sonó mi teléfono.

Era Triệu Tiểu Hòa.

Contesté delante de todos.

—¿Terminó ya la cena romántica?

Sonreí.

—Sí.

—¿Y qué tal?

Miré a los tres rostros completamente descompuestos frente a mí.

—Mucho mejor de lo que esperaba.

Colgué.

Después me giré hacia Trần Hạo.

—Hace tres meses también contraté a una empresa para investigar tus antecedentes.

Su respiración se detuvo.

Saqué varias fotografías.

Aparecía entrando y saliendo de distintos apartamentos.

También varios registros bancarios.

—Tu estudio lleva más de un año perdiendo dinero.

—Las marcas que utilizas son compradas con préstamos.

—Y además tienes una deuda personal superior a dos millones de yuanes.

Su madre gritó.

—¡Eso no es cierto!

Deslicé los informes financieros sobre la mesa.

—Pueden comprobarlo ustedes mismos.

Las piernas de Trần Hạo comenzaron a fallarle.

Terminó sentado en el sofá.

Como si toda su fuerza hubiera desaparecido.


Levanté lentamente el certificado de matrimonio que todavía estaba sobre la mesa.

Lo observé unos segundos.

Luego sonreí.

—Hace apenas unas horas pensé que este era el comienzo de una familia.

Rompí el silencio con una voz completamente tranquila.

—Ahora entiendo que solo era el último paso de una estafa cuidadosamente preparada.

Saqué un bolígrafo.

Escribí unas palabras sobre un papel.

Después lo empujé hacia él.

Era una solicitud de divorcio por mutuo acuerdo.

—Fírmala.

Él levantó la cabeza.

Los ojos estaban completamente rojos.

—Vãn…

—Te quiero.

Negué despacio.

—No.

—Tú solo querías mis propiedades.

Hubo un largo silencio.

Finalmente añadió en voz baja:

—Si hubiera sabido que eras la dueña de esta casa…

No pudo terminar.

Porque ambos comprendimos al mismo tiempo lo que acababa de confesar.

Sonreí con serenidad.

—Gracias.

—Acabas de darme la respuesta que necesitaba.

Tomé los tres certificados de propiedad, guardé la carpeta y caminé hacia la puerta.

Antes de salir, me detuve unos segundos.

Sin volver la cabeza, pronuncié la última frase.

—Mañana vendrá mi abogado.

—Y, por cierto…

Giré apenas el rostro.

—Como propietaria del inmueble, les concedo exactamente una hora para abandonar mi casa.

Después cerré la puerta.

Esa noche no perdí un esposo.

Solo recuperé el hogar que siempre había sido mío.

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