PARTE 2: LA TRAICIÓN.

Marco levantó lentamente el teléfono.

Su rostro había perdido todo el color.

—Jefe…

Tragué saliva.

—Habla.

Giró la pantalla hacia mí.

Era un correo reenviado desde la empresa.

El remitente era alguien que conocía demasiado bien.

Nathan Mercer.

Mi hermano menor.

El asunto decía:

“Problema resuelto.”

Abrí el mensaje.

Solo tenía dos líneas.

“Elena ya firmó el divorcio. Nunca sabrá la verdad sobre Luke. Tú sigue fuera del país hasta que todo se calme.”

Sentí que el corazón dejaba de latir durante un segundo.

—¿Qué demonios…?

Marco respiró hondo.

—Hay más.

Deslizó hacia abajo.

Había varios archivos adjuntos.

Capturas de pantalla.

Transferencias bancarias.

Conversaciones.

Una de ellas estaba entre Nathan…

Y mi madre.

Leí la primera frase.

“No permitas que Luke vuelva con Elena. Si descubre el embarazo, jamás aceptará el matrimonio con Victoria.”

El teléfono casi se me cayó de las manos.

No.

No podía ser.

Victoria.

La mujer con la que todos creían que yo debía casarme después del divorcio.

La hija del senador que financiaba la expansión internacional de mi empresa.

Mi madre llevaba meses insistiendo.

“Elena nunca encajó en nuestra familia.”

“Victoria es la esposa que necesitas.”

Pensé que solo eran opiniones.

Ahora comprendía que había sido un plan.

El doctor Bennett seguía observándome.

—¿Señor Mercer?

Levanté lentamente la vista.

—¿Qué más encontraron entre sus pertenencias?

El médico tomó otra bolsa de evidencia.

Dentro había un pequeño cuaderno.

Me lo entregó.

Lo abrí.

Era el diario de Elena.

La última página estaba escrita apenas dos días antes.

“Hoy intenté llamar a Luke otra vez.”

“Su hermano respondió el teléfono.”

“Me dijo que Luke ya estaba comprometido y que el bebé solo arruinaría su nueva vida.”

Sentí un dolor insoportable en el pecho.

Nunca recibí aquella llamada.

Jamás.

Seguí leyendo.

“Después llamé a su madre.”

“Me dijo que ningún Mercer aceptaría un hijo nacido después del divorcio.”

Las palabras comenzaron a desenfocarse.

Marco permanecía completamente inmóvil.

Conocía a mi familia desde hacía veinte años.

Nunca lo había visto tan furioso.

Llegué al último párrafo.

“Si algún día Luke descubre la verdad…”

Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.

“Espero que no se culpe demasiado.”

“Yo todavía lo amo.”

Cerré lentamente el cuaderno.

Miré a Elena.

Seguía inconsciente.

Con una mano protegiendo a nuestro hijo.

Nuestro hijo.

Dieciséis semanas.

Había pasado tres meses creyendo que la estaba protegiendo del mundo.

Y mientras tanto…

Mi propio hermano y mi propia madre la habían dejado completamente sola.

Respiré profundamente.

Saqué el teléfono.

Marqué un único número.

Mi madre respondió enseguida.

—Luke, hijo…

La interrumpí.

—¿Sabías que Elena estaba embarazada?

Silencio.

Un silencio demasiado largo.

Entonces respondió.

—No entiendo de qué hablas.

Sonreí.

Una sonrisa fría.

La misma que había hecho temblar a hombres mucho más peligrosos que ella.

—Acabo de leer los mensajes entre tú y Nathan.

Al otro lado dejaron de respirar.

—Luke…

—No.

Ahora me escuchas tú.

Colgué.

Marco dio un paso adelante.

—¿Qué hacemos?

Miré por última vez a Elena.

Después a la cuna vacía que una enfermera acababa de dejar preparada para cuando naciera nuestro hijo.

Mi voz salió completamente serena.

—Trae a los mejores abogados.

Y llama también al fiscal federal.

Porque esta noche…

Ya no voy a salvar únicamente a mi familia.

Voy a destruir a la mía.

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