PARTE 2 – YA NO TE PERTENEZCO

El conductor me miró por el espejo retrovisor y preguntó:

—Señorita… ¿es feliz?

Giré lentamente la cabeza hacia la ventanilla.

El sol iluminaba las torres de cristal de Dubái, y el desierto se extendía a lo lejos como un océano dorado.

Sonreí.

—Sí.

Era la primera vez en siete años que respondía aquella pregunta sin dudar.


Mientras tanto, en Pekín.

La boda de Lin Rui y Su Yan era el acontecimiento del momento.

Un hotel de siete estrellas.

Cientos de invitados.

Una enorme torre de copas de champán brillaba bajo las luces del salón.

Su Yan llevaba un vestido de alta costura confeccionado en Francia y sonreía con orgullo mientras recibía las felicitaciones.

Uno de los empresarios levantó su copa y comentó entre risas:

—Presidente Lin, su exesposa debe estar pasándolo muy mal ahora mismo.

Lin Rui sonrió con indiferencia.

—Después de siete años sin trabajar, fuera de mí no tiene a dónde ir.

Los invitados asintieron.

Nadie lo puso en duda.

Justo entonces, otro empresario, recién llegado de Oriente Medio, observó distraídamente la gran pantalla donde aparecían fotografías de la pareja.

De repente comentó:

—Por cierto, hace unos días conocí en Dubái a una traductora china extraordinaria.

—Creo que se apellidaba Shen.

—Todo el Gobierno de Dubái habla de ella. Dicen que acaba de incorporarse como asesora principal de inversiones.

Lin Rui levantó ligeramente la cabeza.

No prestó demasiada atención.

El hombre continuó:

—Escuché que el Grupo Shen también anunció oficialmente que ella será la nueva representante para todos los proyectos con empresas chinas.

Otro invitado preguntó con curiosidad:

—¿Qué Grupo Shen?

El empresario sonrió.

—¿Cuál va a ser? El Shen International Group.

—El gigante que ocupa uno de los primeros puestos entre las quinientas empresas más importantes del mundo.

La copa que Lin Rui sostenía se detuvo en el aire.

Su expresión comenzó a cambiar.

—¿Cómo ha dicho que se llama?

—Shen Wei.

El salón quedó en silencio durante unos segundos.

Su Yan sonrió con rigidez.

—Debe de ser otra persona.

El empresario negó con la cabeza.

—No.

Sacó el teléfono y abrió una noticia publicada aquella misma mañana.

En la fotografía aparecía Shen Wei estrechando la mano del director de la Autoridad de Inversiones de Dubái.

Vestía un elegante traje azul marino.

Sonreía con seguridad.

Había recuperado el brillo que los siete años de matrimonio habían apagado.

Debajo de la imagen podía leerse:

“El Grupo Shen incorpora oficialmente a la reconocida especialista en negociación para Oriente Medio, Shen Wei, heredera de la familia Shen.”

La mano de Lin Rui comenzó a temblar.

—Eso… es imposible.

El empresario lo miró sorprendido.

—¿La conoce?

Lin Rui no respondió.

Solo siguió observando aquella fotografía.

Aquella mujer…

Era completamente distinta a la esposa que cada noche lo esperaba con la cena caliente.


En ese momento sonó el teléfono de Zhao Man.

Después de leer el mensaje, levantó la vista hacia Lin Rui.

—Presidente Lin.

—Shen Wei acaba de rechazar oficialmente toda colaboración entre el Grupo Shen y su empresa.

Los rostros de varios inversores cambiaron de inmediato.

—¿Cómo?

—¿El Grupo Shen?

—¿La empresa de Lin estaba negociando con ellos?

Zhao Man asintió.

—Era el proyecto internacional más importante de este año.

—Acaba de cancelarse.

El salón empezó a llenarse de murmullos.

Los socios intercambiaban miradas preocupadas.

Algunos ya sacaban discretamente sus teléfonos para llamar a sus asistentes.

Su Yan sintió cómo el color abandonaba su rostro.

—Lin Rui…

Él ya no la escuchaba.

Solo tenía la mirada fija en la fotografía de Shen Wei.

Por primera vez comprendió algo que jamás había querido aceptar.

Ella nunca había dependido de él.

Había sido él quien vivió siete años apoyándose en el talento de una mujer extraordinaria sin darse cuenta.


Esa misma noche, Lin Rui llamó a Shen Wei.

Una vez.

Diez veces.

Treinta veces.

Siempre el mismo resultado.

Número bloqueado.

Desesperado, pidió a Zhao Man que la llamara.

Esta vez la llamada fue respondida.

La imagen apareció en la pantalla.

Shen Wei estaba en la terraza del Burj Al Arab.

Detrás de ella brillaba el golfo Pérsico iluminado por miles de luces.

Llevaba un sencillo collar de oro recién comprado.

Sonreía.

Una sonrisa tranquila.

Lin Rui sintió un nudo en la garganta.

—Wei Wei…

Ella lo observó con serenidad.

—¿Necesitas algo?

Él guardó silencio unos segundos.

—¿Eres realmente heredera del Grupo Shen?

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Shen Wei sonrió levemente.

—Porque nunca me lo preguntaste.

Aquella respuesta fue como una bofetada.

Durante siete años jamás se interesó por su pasado.

Nunca preguntó por su familia.

Nunca quiso conocer realmente a la mujer con la que se había casado.

Solo esperaba que estuviera siempre en casa cuando él regresara.

Lin Rui bajó lentamente la cabeza.

—Lo siento.

Ella permaneció en silencio.

—Si hubiera sabido quién eras…

Shen Wei lo interrumpió con calma.

—Entonces habrías fingido quererme un poco más.

Él levantó la cabeza de golpe.

—No…

—No.

Negó lentamente.

—No te arrepientes de haberme perdido.

—Te arrepientes de haber perdido lo que podía darte.

Las palabras atravesaron el último resto de orgullo que aún conservaba.

Lin Rui rompió a llorar.

Por primera vez desde que la conocía.

—¿Podemos empezar de nuevo?

Shen Wei contempló durante unos segundos el horizonte.

Después volvió a mirarlo.

—¿Recuerdas la primera vez que me dijiste que trabajar era lo que me hacía más hermosa?

Él asintió con los ojos enrojecidos.

—Yo también lo recuerdo.

Acarició suavemente el collar que llevaba al cuello.

—Solo que ahora ya no necesito que seas tú quien lo vea.

Colgó la videollamada.

El viento del desierto acariciaba suavemente su cabello.

Sonó una notificación en su teléfono.

Era el mensaje oficial del Gobierno de Dubái.

“Nos complace comunicarle que su incorporación ha sido aprobada. Bienvenida al equipo.”

Shen Wei levantó la vista hacia el cielo inmensamente azul.

Por primera vez comprendió que el divorcio nunca había sido el final de su historia.

Solo había sido el comienzo de la vida que realmente le pertenecía.
:::

Related Posts

PARTE 2: LAS CÁMARAS NO MENTÍAN

En cuanto los médicos estabilizaron a Maya y confirmaron que Liam solo sufría una leve hipotermia por el frío, salí al pasillo del hospital y abrí nuevamente…

PARTE 2: LA MESA SE DIO VUELTA

Mauricio sintió que las piernas le temblaban. Nunca había visto a Arturo Salgado en persona. Solo conocía las historias: treinta y cinco años como juez penal, una…

PARTE 2: EL PRECIO DE UN ERROR

La habitación quedó completamente en silencio. Mara sostenía la carpeta del divorcio sin abrirla. Yo seguía mirando el certificado de acciones. Cuarenta y dos mil millones de…

PARTE 2: EL ERROR MÁS CARO

La habitación quedó en silencio. Mark miraba al general como si hubiera escuchado otro idioma. —¿Coronel…? —murmuró. El general lo ignoró por completo. Abrió el sobre, sacó…

PARTE 2: LA CAMA EQUIVOCADA

Teresa no respondió al grito. Al contrario. Acercó el cerillo a la gasolina que había derramado bajo la puerta. —Quédate callado —susurró con desprecio—. Dentro de unos…

PARTE 2: LA VERDADERA DUEÑA

El vestíbulo quedó en silencio. Grant sonrió con la seguridad de siempre y dio un paso al frente. —Jeque Al-Rashid, bienvenido. Soy el doctor Grant Hart, director…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *