A la izquierda estaba el acuerdo de divorcio de Zhou Chengyan.
Compensación: 200.000 yuanes.
A la derecha, el documento de transferencia de acciones del Grupo Shen.
Valor estimado de los activos: 42.000 millones de yuanes.
Los dos documentos permanecían uno junto al otro.
La diferencia entre ambos era tan absurda que resultaba casi ridícula.
Song Ning deslizó un bolígrafo hacia mí.
—Señorita Shen, el presidente Shen dijo que la decisión es completamente suya.
Tomé primero el acuerdo de divorcio.
Ni siquiera terminé de leerlo.
Firmé mi nombre con una calma absoluta.
Después levanté la vista.
—Envíenselo inmediatamente.
Song Ning sonrió.
—Ya lo imaginaba.
Mientras tanto, en París.
Zhou Chengyan terminaba la sesión de prueba del esmoquin para la ceremonia de compromiso.
Zhao Jinyue se apoyó cariñosamente sobre su brazo.
—Chengyan, ¿de verdad no vendrá a molestarnos?
Él acomodó con tranquilidad los gemelos de la camisa.
—No.
—Shen Qingwan no tiene a nadie más.
—Al final siempre termina aceptándolo todo.
En ese momento, Liu Ming entró apresuradamente en la habitación.
Su expresión era completamente distinta.
—Presidente Zhou…
—¿Qué ocurre?
—La señora… no.
Corrigió inmediatamente.
—La señorita Shen ya firmó el acuerdo de divorcio.
Zhou Chengyan sonrió con indiferencia.
—Era lo esperado.
Pero Liu Ming no parecía aliviado.
Al contrario.
Le entregó una carpeta.
—Además… hemos investigado la identidad de las personas que la trasladaron hoy al área VIP del hospital.
Zhou Chengyan abrió el informe.
Su sonrisa desapareció poco a poco.
En la primera página solo aparecía un nombre.
Grupo Internacional Shen.
Frunció el ceño.
—¿Qué significa esto?
Liu Ming respiró hondo.
—Presidente Zhou… la señora Shen no es una mujer común.
—Es la única nieta del señor Shen Guotai.
El silencio cayó sobre toda la habitación.
Zhao Jinyue dejó escapar una pequeña risa nerviosa.
—¿Qué Grupo Shen?
Liu Ming respondió lentamente.
—El Grupo Shen ocupa el puesto ochenta y tres entre las quinientas empresas más importantes del mundo.
—Su patrimonio supera ampliamente al del Grupo Zhou.
—Y la señorita Shen posee directamente el treinta y siete por ciento de las acciones.
El rostro de Zhou Chengyan perdió todo el color.
—Eso… es imposible.
Liu Ming colocó otra fotografía frente a él.
Era la imagen tomada aquella misma mañana.
Shen Qingwan salía del hospital acompañada por más de veinte guardaespaldas.
Detrás de ella caminaban cuatro especialistas médicos internacionales.
Y junto a la puerta esperaba una larga fila de vehículos blindados.
En la matrícula aparecía únicamente un carácter.
Shen.
Zhao Jinyue retrocedió un paso.
—No… no puede ser…
Zhou Chengyan seguía mirando fijamente la fotografía.
Por primera vez en muchos años sintió verdadero miedo.
No por perder dinero.
Sino porque comprendió exactamente a quién había ordenado golpear.
Tres días después.
La familia Zhao organizó una gran recepción para anunciar oficialmente el compromiso.
Empresarios de toda Europa acudieron al evento.
Cuando el maestro de ceremonias estaba a punto de comenzar, la enorme pantalla del salón cambió de repente.
En lugar del vídeo de presentación apareció una grabación de seguridad.
Se veía claramente el estacionamiento del edificio del Grupo Zhou.
Cuatro guardaespaldas golpeaban brutalmente a una mujer indefensa.
Uno de ellos hablaba por teléfono.
—Presidente Zhou, ya casi terminamos. ¿La llevamos al hospital?
La respuesta se escuchó con absoluta claridad.
—Mientras no se muera, está bien.
Toda la sala quedó completamente en silencio.
El rostro de Zhou Chengyan se volvió blanco.
—¡Apaguen esa pantalla!
Pero ya era demasiado tarde.
El vídeo siguió reproduciéndose.
Después apareció el informe médico.
Tres costillas fracturadas.
Conmoción cerebral.
Múltiples lesiones internas.
Y finalmente, una fotografía del ramo de lirios acompañado por la tarjeta:
“Que te recuperes pronto.”
Todo el salón comenzó a murmurar.
Los invitados observaban a Zhou Chengyan con horror.
Los representantes de la familia Zhao cambiaron inmediatamente de expresión.
El padre de Zhao Jinyue golpeó la mesa.
—¿Este es el hombre con el que pretendías unir a nuestra familia?
Nadie respondió.
En ese instante, las puertas del salón volvieron a abrirse.
Entró Song Ning.
Vestía un impecable traje negro.
Detrás de ella caminaban varios abogados.
Y, finalmente, apareció Shen Qingwan.
Su vestido blanco ocultaba todavía parte de las heridas.
Pero caminaba con la espalda completamente recta.
Todo el salón guardó silencio.
Song Ning entregó una carpeta al presidente de la familia Zhao.
—Señor Zhao.
—El Grupo Shen cancela oficialmente todas las negociaciones comerciales que mantenía con cualquier empresa relacionada con el Grupo Zhou.
—Además, todos nuestros socios internacionales han recibido la misma recomendación.
La expresión del anciano Zhao cambió de inmediato.
Miró a Zhou Chengyan con una mezcla de ira y desprecio.
—A partir de hoy, el compromiso queda cancelado.
Zhao Jinyue quedó completamente inmóvil.
—¡Papá!
—¡Cállate!
El anciano la apartó de un tirón.
—Nuestra familia jamás permitirá que nuestra reputación quede manchada por alguien capaz de ordenar la agresión de su propia esposa.
En pocos minutos, los invitados comenzaron a abandonar el salón.
Uno tras otro.
Nadie quiso permanecer allí.
Las acciones del Grupo Zhou empezaron a desplomarse incluso antes de que terminara la recepción.
Zhou Chengyan corrió detrás de Shen Qingwan.
La alcanzó en el vestíbulo.
Sus ojos estaban completamente enrojecidos.
—Qingwan…

Ella se detuvo.
Pero no se volvió.
Él respiró con dificultad.
—No sabía quién eras.
Shen Qingwan sonrió levemente.
—Exacto.
—Nunca te interesó saber quién era.
Él dio otro paso.
—Podemos empezar de nuevo.
Ella giró lentamente la cabeza.
Su mirada era completamente serena.
—La noche que ordenaste que me golpearan…
Hizo una breve pausa.
—No solo destruiste nuestro matrimonio.
—También perdiste la única oportunidad que tendrás en tu vida de estar junto a una mujer que te amó sinceramente.
Después continuó caminando.
Los guardaespaldas cerraron el paso.
Zhou Chengyan permaneció inmóvil.
Observándola alejarse.
Comprendió demasiado tarde que los cuarenta y dos mil millones nunca habían sido lo más valioso que había perdido.
Lo irreemplazable había sido aquella mujer que, durante tres años, lo había amado sin pedir nada a cambio.
Y a la que él cambió por doscientos mil yuanes y un ramo de lirios.