PARTE 2: LA FIRMA QUE LOS LLEVÓ DIRECTO A LA COMISARÍA.

El pasillo quedó completamente en silencio.

Mi madre tardó apenas un segundo en comprender lo que acababa de decir.

Pero ya era demasiado tarde.

Uno de los policías levantó la vista.

—¿Acaba de confirmar que su hijo preparó este documento?

Mi madre tragó saliva.

—Quise decir… que ayudó con los trámites.

Ethan dio un paso adelante.

—Oficial, mi madre está nerviosa. Todo esto fue un malentendido.

El agente sostuvo el supuesto poder frente a la luz.

—¿Usted trabaja en esa notaría?

Ethan negó inmediatamente.

—No.

—¿Conoce al notario?

—Solo… de vista.

Saqué mi teléfono.

—Yo sí conozco a la verdadera notaría.

Todos me miraron.

Abrí un correo electrónico.

—Porque hace dos años autenticó la escritura de este apartamento.

Mostré la tarjeta con el nombre de la licenciada Patricia Gómez.

—Y esta no es su firma.

El rostro de Noah perdió completamente el color.

—¿Cómo… cómo lo sabe?

—Porque llevo cinco años trabajando como directora financiera de una empresa inmobiliaria.

Tomé el documento de las manos del policía.

—Los sellos están impresos con tinta láser.

—Los originales se hacen con relieve.

Señalé otro detalle.

—Además, el número de protocolo pertenece a una escritura registrada hace tres meses.

—No a un poder notarial.

El policía intercambió una mirada con su compañero.

Uno de ellos tomó el radio.

—Soliciten verificación inmediata con la Notaría Treinta y Dos.

Mi padre empezó a ponerse nervioso.

—No hace falta llegar tan lejos.

—Somos una familia.

—Podemos resolver esto en casa.

Lo miré sin emoción.

—Entraron ilegalmente en mi vivienda.

—Cambiaron la cerradura.

—Recibieron ciento cincuenta mil dólares por vender una propiedad ajena.

—Y falsificaron mi firma.

—Eso dejó de ser un asunto familiar hace mucho tiempo.

El comprador dio un paso hacia Ethan.

—¿Quiere decir que mi dinero está en sus manos?

Ethan levantó ambas manos.

—Lo devolveré.

—Solo necesito unos días.

—Lo invertí en la empresa.

El hombre perdió el control.

—¡¿Qué hizo qué?!

Su esposa comenzó a llorar.

—Ese dinero era para la entrada de nuestra casa.

Noah intentó intervenir.

—Por favor, tranquilícense…

El comprador lo empujó.

—¡Nos aseguraste que todo era legal!

En ese momento sonó el teléfono del policía.

Activó el altavoz.

—Aquí Notaría Treinta y Dos.

—Confirmamos que el documento enviado es completamente falso.

—Nunca emitimos ese poder.

—El número de protocolo corresponde a otro trámite sin relación con la señora Amelia Collins.

El silencio fue absoluto.

Mi madre dio un paso hacia mí.

—Amelia…

—Solo queríamos ayudar a tu hermano.

—Pensábamos devolverte el dinero.

Negué despacio.

—No.

—Pensaban vender mi casa.

—Y después contarme que ya no había marcha atrás.

Las piernas de Ethan comenzaron a temblar.

Miró desesperadamente a mi padre.

—Papá…

Mi padre bajó la cabeza.

Por primera vez no dijo una sola palabra.

Los policías guardaron el documento dentro de una bolsa para evidencias.

—Señor Ethan Collins.

—Queda usted detenido de manera provisional por su presunta participación en falsificación documental, fraude y uso de documentos apócrifos.

Mi madre gritó.

—¡No pueden llevarse a mi hijo!

Uno de los agentes respondió con calma.

—Señora.

—Hace unos minutos usted misma declaró que fue él quien preparó los papeles.

Ella quedó inmóvil.

Como si acabara de comprender que había entregado a su propio hijo.

Ethan extendió las manos mientras le colocaban las esposas.

Todavía intentó convencerme.

—Amelia.

—Solo era una casa.

—Somos hermanos.

Lo miré por última vez.

—Precisamente porque éramos hermanos nunca imaginé que tendría que cambiar la cerradura después de recuperar mi propio hogar.

Mientras los policías lo conducían hacia el ascensor, el comprador se volvió hacia Noah.

—Nos veremos en los tribunales.

Noah dejó caer la carpeta.

Dentro había otros siete expedientes.

Todos con firmas diferentes.

Y al verlos, el policía frunció el ceño.

—Parece que este apartamento no era el único que pensaban vender usando documentos falsificados.

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