PARTE 2: LA PRIMERA TRAMPA DE RODRIGO

Gabriel me llevó directamente a una oficina privada en el piso cuarenta y dos de la Torre Montejo.

No era un despacho.

Parecía un centro de operaciones.

Había abogados, especialistas en delitos financieros, analistas forenses y tres pantallas gigantes mostrando movimientos bancarios en tiempo real.

Una mujer de cabello corto se acercó.

—Soy Daniela Ibáñez, directora jurídica del grupo.

Me entregó un expediente.

La primera página tenía una fotografía de Rodrigo sonriendo junto a Claudia durante una gala benéfica.

La segunda mostraba una línea de tiempo.

Ocho meses.

Solo ocho meses le habían bastado para convertirse en esposo de una de las mujeres más ricas del país.

—Necesitamos que revises esto —dijo Daniela.

Abrí los estados de cuenta.

Mi respiración se detuvo.

Reconocía aquel patrón.

Empresas creadas durante pocos días.

Transferencias pequeñas para evitar alertas.

Préstamos cruzados.

Facturas falsas.

Rodrigo estaba usando exactamente el mismo sistema que utilizó conmigo.

Solo que ahora ya no robaba un millón de pesos.

Movía noventa millones.

Levanté la vista.

—No empezó con Claudia.

Gabriel frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Señalé los documentos.

—Este esquema necesita práctica.

—Lo ha hecho antes.

Pedí una computadora.

En menos de dos horas reconstruí diez años de historial financiero de Rodrigo.

Aparecieron tres mujeres.

Las tres mayores que él.

Las tres con patrimonio importante.

Las tres terminaron vendiendo propiedades pocos meses antes de romper la relación.

Gabriel apretó los puños.

—¿Las estafó?

—Sí.

—Pero ninguna denunció.

La última transferencia llamó mi atención.

Ochocientos cincuenta mil pesos enviados cinco años atrás desde una cuenta perteneciente a una mujer llamada Patricia León.

Busqué el expediente.

Estado civil.

Viuda.

Sesenta y un años.

Desaparecida desde hacía cuatro años.

El silencio llenó la sala.

Daniela habló primero.

—¿Desaparecida?

Asentí lentamente.

—No encuentro registros de divorcio.

—Ni de recuperación del dinero.

—Solo desapareció.

Gabriel tomó el teléfono.

—Necesito localizar inmediatamente a Patricia León.

Mientras tanto seguí revisando.

Los préstamos que Rodrigo había solicitado usando mi firma no iban destinados a pagar deudas.

Todo terminaba en una empresa registrada apenas tres semanas antes.

Nombre:

Horizonte Vital.

Actividad declarada:

Consultoría médica.

Dirección.

Un edificio abandonado en Toluca.

—Es una empresa fantasma.

Abrí el registro de accionistas.

Mi corazón dio un vuelco.

La administradora única no era Claudia.

Tampoco Rodrigo.

Era una enfermera llamada Verónica Salas.

Ese apellido me resultaba familiar.

Pensé durante unos segundos.

Entonces recordé.

Verónica había trabajado en la clínica donde me atendía durante el embarazo.

Fue quien insistió en cambiar mis expedientes dos meses antes.

Quien pidió varias veces copias de mi identificación.

Quien conocía perfectamente mi información bancaria.

Miré a Gabriel.

—Rodrigo ya estaba preparándolo todo antes de abandonarme.

En ese instante sonó el teléfono de Daniela.

Contestó.

Su expresión cambió por completo.

—¿Está segura?

Guardó silencio unos segundos.

Después nos miró.

—Acaban de sacar a la señora Claudia Montejo de su residencia.

Gabriel se puso de pie.

—¿A dónde la llevaron?

—No lo saben.

—Su personal de seguridad recibió órdenes firmadas por ella esta mañana.

Corrí hacia la pantalla donde seguían apareciendo las transferencias.

La operación de noventa millones acababa de cambiar de estado.

Autorización biométrica pendiente.

Comprendí inmediatamente lo que significaba.

Rodrigo no necesitaba convencer más a Claudia.

Necesitaba su huella digital.

Y si había decidido sacarla de su casa justo ese día…

Ya no estaba intentando enamorar a una millonaria.

Estaba intentando hacer desaparecer a la única persona que todavía podía detenerlo.

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