Durante unos segundos nadie habló.
En la enorme pantalla apareció una carpeta cuyo nombre hizo que Sebastián perdiera el color.
“Plan Daniela – Confidencial”.
Daniela abrió mucho los ojos.
—Yo… yo no…
No terminó la frase.
La sincronización automática de su computadora acababa de proyectar todo el contenido delante de doce representantes del cliente.
Había decenas de archivos.
Fotografías.
Mensajes.
Documentos.
Y un subdirectorio llamado:
“Después de la boda”.
El director del cliente levantó una ceja.
—¿Podemos saber qué es esto?
Sebastián caminó rápidamente hacia el proyector.
—Es información privada.
Intentó desconectar el cable.
Pero el técnico del cliente lo detuvo.
—Nadie toca el equipo hasta entender qué ocurrió.
Uno de los abogados abrió el primer archivo.
Era una conversación entre Sebastián y Daniela.
La sala quedó completamente en silencio.
Sebastián:
“Cuando me case con Renata, ella dejará la dirección del proyecto. Después diremos que fue decisión suya.”
Otro mensaje apareció inmediatamente debajo.
“Necesito que durante estos meses aprendas todo lo que ella hace. Cuando nazca nuestro nuevo departamento, tú ocuparás su puesto.”
Mi respiración se hizo lenta.
No por sorpresa.
Por confirmación.
Daniela comenzó a llorar.
—Yo nunca…
Pero el siguiente archivo habló por ella.
Un documento en Word.
Título:
“Errores de Renata que podemos utilizar”.
Había una lista completa.
Fechas.
Reuniones.
Clientes.
Comentarios privados que yo solo había compartido con Sebastián dentro de nuestra casa.
El abogado cerró lentamente la carpeta.
—Esto explica muchas cosas.
El director general del cliente me miró.
—¿Usted conocía este material?
Negué con la cabeza.
—Lo estoy viendo por primera vez.
Sebastián respiraba cada vez más rápido.
—Renata, diles algo.
—Explícales.
Lo observé con calma.
—¿Qué quieres que explique?
—Que esto es un malentendido.
Sonreí con tristeza.
—Cinco años explicando tus errores fueron suficientes.
Nadie volvió a hablar.
El director pidió continuar revisando.
El siguiente archivo contenía el presupuesto original.
Mi presupuesto.
Y otro documento modificado.
En él aparecía Daniela como autora principal del proyecto.
Incluso habían cambiado el nombre del responsable técnico.
Uno de los abogados preguntó:
—¿Quién autorizó alterar la autoría de esta propuesta?
Sebastián permaneció inmóvil.
Daniela comenzó a temblar.
Entonces apareció el último archivo.
Un calendario.
La fecha de nuestra boda estaba marcada con un corazón.
Dos días después había otra anotación.
“Renata firma incorporación patrimonial.”
Tres días más tarde.
“Cambio de dirección del proyecto.”
Y una semana después.
“Viaje a Bali con Dani.”
La sala quedó completamente muda.
Ya no era una sospecha.
Era un plan.
Casarse conmigo.
Asegurar que todos nuestros bienes quedaran unidos.
Quitarme el proyecto.
Ascender a Daniela.
Y marcharse con ella.
El director del cliente cerró lentamente la laptop.
Después me miró directamente.
—Señora Morales…
Hizo una pausa.
—¿Quién desarrolló realmente esta propuesta durante los últimos ocho meses?
—Yo.
—¿Puede demostrarlo?
Saqué una memoria USB de mi bolso.
La llevaba siempre conmigo.
—Aquí están las versiones originales.
—Con fechas, respaldos automáticos, correos y registros del servidor.
Uno de los ingenieros del cliente la conectó inmediatamente.
Cinco minutos después levantó la cabeza.
—Todo coincide.
—Los archivos originales pertenecen a la cuenta de la señora Morales.
Miró a Sebastián.
—Las modificaciones fueron realizadas hace apenas nueve días… desde el usuario del señor Romero.
El director cerró la carpeta.
—La reunión ha terminado.
Después señaló a Sebastián.
—Su empresa queda descalificada del proceso.
Se volvió hacia mí.
—En cuanto a usted…
Hizo una breve pausa.
—Nos gustaría saber si estaría dispuesta a continuar este proyecto… pero sin ellos.
Sebastián dio un paso hacia mí.
—Renata…
—Podemos arreglar esto.
Lo miré por última vez.
El hombre que unos días antes me había pedido ceder mi asiento para no incomodar a su becaria…

acababa de perder el contrato más importante de su carrera.
Y todavía no sabía que el verdadero problema no era aquel proyecto.
Porque la carpeta sincronizada no provenía de un error de Daniela.
Había sido programada para abrirse automáticamente si alguien intentaba presentar mi trabajo con otro nombre.