PARTE 2: LA EMPRESA FANTASMA LLEVABA SU FIRMA

Daniela no respondió al mensaje.

Simplemente bloqueó la pantalla.

Veintidós años en inteligencia le habían enseñado que el primer error después de descubrir una infiltración era permitir que el enemigo supiera que había sido descubierto.

Levantó la vista.

Mauricio seguía sonriendo.

—¿Qué pasa?

Ella guardó el teléfono en el bolsillo.

—Nada importante.

Ofelia dejó una taza de café sobre la mesa.

—Cuando regreses, iremos juntos a Recursos Humanos.

—No hace falta que renuncies delante de todos.

—Basta con decir que quieres dedicarte a tu matrimonio.

Daniela sostuvo la taza.

No bebió.

—Qué buena idea.

Mauricio suspiró aliviado.

—Sabía que al final entenderías.

Ella tomó las llaves del automóvil.

—Nos vemos esta noche.

Mientras salía, alcanzó a escuchar a Ofelia reír.

—Te dije que solo necesitaba un escarmiento.

Daniela cerró la puerta sin mirar atrás.

No condujo hacia el cuartel.

Condujo directamente al despacho de su abogada.

Laura Méndez ya la esperaba.

Sobre la mesa había tres carpetas.

—¿Estás preparada?

Daniela asintió.

Laura abrió la primera.

—Hace dieciocho meses se constituyó una empresa llamada Consultoría Estratégica Sierra Azul.

Empujó el acta constitutiva.

El nombre de Daniela aparecía como socia mayoritaria.

Su firma estaba al pie.

—Nunca firmé esto.

—Lo sabemos.

Laura colocó otra hoja encima.

—Porque ese día estabas desplegada en Chiapas.

Las fechas coincidían.

Era imposible que hubiera estado en aquella notaría.

—Usaron una identificación falsa y un poder notarial falsificado.

Daniela sintió un escalofrío.

Laura abrió la segunda carpeta.

—Aquí están los movimientos bancarios.

Transferencias.

Contratos.

Pagos.

Más de cuarenta millones de pesos habían pasado por aquella empresa.

El origen del dinero era aún peor.

Tres contratistas militares.

Dos proveedores suspendidos.

Y una compañía que ya estaba siendo investigada por filtrar información de infraestructura estratégica.

Daniela respiró lentamente.

—¿Quién administraba las cuentas?

Laura giró otra hoja.

Apareció una firma autorizada.

Mauricio Cárdenas.

Debajo había otra.

Ofelia Cárdenas.

Daniela cerró los ojos apenas un segundo.

Ya no era un problema matrimonial.

Era una investigación de seguridad nacional.

Laura abrió la tercera carpeta.

—Esto acaba de llegar hace una hora.

Era un video.

Procedía de la cámara exterior de una notaría.

En la pantalla apareció Mauricio entrando con un hombre de traje.

Después salió riendo.

La fecha era exactamente la del supuesto poder firmado por Daniela.

—Hay más.

Laura aumentó el volumen.

El audio era deficiente.

Pero una frase se escuchaba con claridad.

—Mientras ella siga ocupada con el Ejército, nunca revisará sus papeles.

Daniela permaneció inmóvil.

Laura la observó.

—¿Qué piensas hacer?

La coronela se puso de pie.

Su voz sonó completamente serena.

—Lo que llevo haciendo veintidós años.

—Seguir el protocolo.

Sacó su teléfono oficial.

Marcó un número reservado.

Contestaron al segundo tono.

—Centro Nacional de Contrainteligencia.

—Habla la coronela Daniela Serrano.

Hubo un breve silencio.

—Necesito activar un expediente por posible infiltración en contratistas militares.

Miró nuevamente la fotografía de Mauricio.

Después añadió una frase que hizo que todos en la sala dejaran de escribir.

—Y solicito vigilancia inmediata sobre mi esposo.

Laura levantó lentamente la vista.

—¿Estás segura?

Daniela respondió sin titubear.

—Desde anoche dejó de ser solo mi esposo.

—Ahora también es uno de los principales sospechosos de una investigación federal.

En ese mismo instante, el teléfono personal de Daniela vibró.

Era un mensaje de Mauricio.

“¿Ya presentaste tu renuncia?”

Ella sonrió por primera vez desde que despertó con la cabeza rapada.

Escribió solo cuatro palabras.

“Sí. Ya presenté algo.”

No era una mentira.

Solo que la renuncia que Mauricio esperaba jamás había existido.

El documento que acababa de presentar llevaba otro nombre.

Denuncia por delitos federales contra Mauricio Cárdenas y Ofelia Cárdenas.

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