PARTE 2: La receta escondía algo peor

La ambulancia llegó en menos de cinco minutos.

Los paramédicos colocaron a Lucía sobre una camilla térmica mientras Mariana no soltaba su pequeña mano.

—¿Qué le dieron? —preguntó uno de ellos al notar el fuerte olor a medicamento.

Nadie respondió.

Andrés levantó del suelo el frasco vacío que había quedado entre la basura.

La etiqueta estaba arrancada.

Solo podía leerse una palabra:

“…dina”.

El paramédico frunció el ceño.

—Necesitamos llevarla ya.

Cuando las puertas de la ambulancia se cerraron, un policía se acercó a Mariana.

—¿Quién encontró a la menor?

—Nosotros.

—¿Quién la metió ahí?

Mariana giró lentamente hacia la casa.

Toda su familia seguía en el porche.

Su madre evitaba mirarla.

Su padre fumaba como si esperara que todo terminara rápido.

Valeria abrazaba a Sofía mientras repetía:

—Fue un accidente.

El policía anotó cada palabra.

En el hospital, los médicos trabajaron durante casi una hora.

Mariana caminaba de un lado a otro con la fotografía encontrada en el contenedor.

Era una imagen tomada cinco años antes.

Ella aparecía embarazada de Lucía.

Valeria sostenía a Sofía recién nacida.

Pero alguien había rodeado únicamente el vientre de Mariana con marcador rojo.

Y debajo había una frase escrita a mano.

“El error empezó aquí.”

Sintió un escalofrío.

En ese momento salió la pediatra.

—La niña está estable.

Mariana rompió a llorar por primera vez.

—¿Qué tenía?

—Encontramos restos de un sedante en la sangre.

Andrés dio un paso adelante.

—¿Sedante?

—Una dosis demasiado alta para una niña de cuatro años.

La doctora respiró hondo.

—Si hubiera permanecido otra hora dentro del contenedor, probablemente habría sufrido un paro respiratorio.

Mariana sintió que las piernas dejaban de sostenerla.

No había sido una broma.

No había sido un castigo.

Alguien había querido que Lucía no despertara.

Mientras tanto, dos detectives registraban discretamente la casa familiar.

Uno de ellos encontró el folder café.

Dentro había la receta médica.

No estaba a nombre de Lucía.

Ni siquiera a nombre de Mariana.

El medicamento había sido recetado tres días antes…

A nombre de Valeria Salgado.

Pero eso no fue lo que dejó helados a los investigadores.

Al final del expediente había una hoja arrancada de un testamento antiguo de la familia.

En ella aparecía una cláusula escrita por el abuelo de Mariana:

“La totalidad de la herencia familiar pasará únicamente al primer bisnieto biológico que permanezca con vida.”

Los detectives levantaron la vista al mismo tiempo.

Sofía y Lucía eran las únicas bisnietas.

Y, de pronto, el intento de matar a una niña ya no parecía un acto de crueldad.

Parecía el primer movimiento de una disputa por una fortuna que llevaba años esperando a su heredera.

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