PARTE 2: La red que ya estaba cerrándose

Preston seguía inmovilizado por dos policías militares cuando comprendió que nadie iba a rescatarlo.

Su arrogancia comenzó a resquebrajarse.

—¡Esto es absurdo! —gritó—. ¡Mi empresa trabaja con el Departamento de Defensa!

La agente especial Naomi Pierce levantó una carpeta sellada.

—Precisamente por eso estamos aquí.

Vivienne dio un paso al frente.

—Exijo hablar con el gobernador.

Naomi apenas levantó la vista.

—Ya habló con él.

La mujer sonrió con superioridad.

—Entonces sabrá quién soy.

—Sí.

Naomi cerró la carpeta.

—También sabe que su teléfono estuvo intervenido durante los últimos cuatro meses con autorización federal.

El color abandonó el rostro de Vivienne.

Grant intentó sacar discretamente su celular.

Un investigador del FBI se lo quitó antes de que pudiera desbloquearlo.

—Ese dispositivo ya forma parte de la evidencia.

Yo permanecía junto a la cama de Nadia.

Ella seguía sujetando mi mano.

Todavía temblaba.

—Papá…

—Ya terminó.

Negó lentamente.

—No.

—Ellos tienen gente en todas partes.

Me incliné para besar su frente.

—No esta vez.

En ese momento, la detective Mara Bennett recibió una llamada.

Escuchó unos segundos.

Después miró directamente a Naomi.

—Encontraron el servidor.

La agente especial asintió.

—Activen la segunda fase.

Preston abrió mucho los ojos.

—¿Qué servidor?

Naomi sonrió por primera vez.

—El que intentaron mover hace cuarenta y siete minutos.

Vivienne perdió definitivamente la compostura.

—¡Eso pertenece a Calder Defense!

—No.

Naomi dejó varias fotografías sobre la cama auxiliar.

—Pertenece ahora al gobierno federal.

Las imágenes mostraban una enorme bodega.

Computadoras.

Archivos.

Discos duros.

Equipos contables.

Todo siendo retirado por agentes federales.

Grant retrocedió un paso.

—Eso… eso es imposible.

—Nadie conocía esa dirección.

La mayor Livia Hart respondió con absoluta tranquilidad.

—Su nuera sí.

Todos giraron hacia Nadia.

Ella respiró hondo.

Su voz seguía débil.

—Hace seis meses… copié todos los registros.

Preston dejó escapar una carcajada nerviosa.

—Mientes.

Nadia negó lentamente.

—Cada contrato falso.

—Cada cuenta.

—Cada transferencia.

—Cada pago ilegal.

Lo miró directamente.

—Sabía que algún día intentarías matarme.

El silencio fue absoluto.

Vivienne dio una bofetada a la cama.

—¡Maldita traidora!

Dos agentes la sujetaron inmediatamente.

Naomi abrió otra carpeta.

—Además del fraude financiero, encontramos evidencia de internamientos psiquiátricos falsificados.

El joven médico del hospital levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué significa eso?

—Que el Instituto Ravenbrook llevaba años recibiendo personas completamente sanas.

Todos quedaron inmóviles.

Naomi continuó.

—Esposas incómodas.

—Socios conflictivos.

—Herederos problemáticos.

—Todos declarados mentalmente incapaces mediante certificados comprados.

El médico palideció.

—Dios mío…

La detective Mara recibió otra llamada.

Contestó.

Después sonrió.

—Acaban de detener al director del instituto.

Grant comenzó a respirar con dificultad.

—Esto… esto no puede estar pasando.

Naomi dejó caer la última carpeta sobre una silla.

—Todavía falta lo mejor.

Preston levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué más quieren?

La agente especial lo observó durante varios segundos.

—No queremos nada.

—Pero hay alguien que sí.

Todos guardaron silencio.

Entonces el pasillo volvió a llenarse del sonido firme de unas botas militares.

No eran policías.

No eran investigadores.

Eran oficiales de alto rango.

Al frente caminaba un general de cuatro estrellas.

Entró directamente en la habitación sin mirar a nadie más.

Se detuvo frente a mí.

Me saludó con un impecable gesto militar.

—Coronel Ward.

Toda la habitación quedó paralizada.

El general habló con voz firme.

—El Secretario de Defensa acaba de autorizar la desclasificación del expediente Calder.

Miró a Preston.

—Y también autorizó que el señor Ward conozca finalmente quién financió realmente a su empresa durante los últimos quince años.

La expresión de Preston cambió por completo.

Por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla…

parecía un hombre que acababa de comprender que su familia nunca había sido la verdadera dueña del imperio que estaba perdiendo.

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