PARTE 2 — LA COMPRA DEL IMPERIO

Miré las dos carpetas durante varios segundos.

A la izquierda, doscientos mil yuanes.

A la derecha, cuarenta y dos mil millones.

La diferencia era tan absurda que casi me hizo reír.

Nora permanecía en silencio.

No me presionó.

Simplemente esperó.

Cerré lentamente el acuerdo de divorcio.

—¿Mi abuelo habla en serio?

Ella deslizó otra carpeta.

Dentro había informes financieros.

Estados de resultados.

Participaciones accionariales.

Y un nombre que reconocí de inmediato.

Grupo Zhou.

Pasé varias páginas.

Mi respiración comenzó a acelerarse.

El setenta y cuatro por ciento de los contratos internacionales de Julian dependía de una sola empresa proveedora.

Esa empresa pertenecía al Grupo Bennett.

Nunca lo había sabido.

Julian tampoco.

—Si Bennett cancela esos contratos…

Nora terminó la frase.

—Grupo Zhou perdería más del sesenta por ciento de su flujo operativo en menos de seis meses.

Cerré la carpeta.

Por primera vez desde la golpiza, sentí que el dolor desaparecía.

No porque quisiera vengarme.

Sino porque comprendí una verdad muy simple.

Julian jamás había sido poderoso.

Solo había estado haciendo negocios con personas que ni siquiera sabía quiénes eran.

Mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Kevin.

“El señor Zhou pregunta si firmará hoy el divorcio.”

Le devolví una única respuesta.

“Dígale que mañana a las diez estaré en la empresa.”

Cinco minutos después llegó otra notificación.

“El señor Zhou agradece que finalmente haya entendido su posición.”

Apagué la pantalla.

Nora sonrió apenas.

—Todavía cree que usted irá a suplicar.

—Déjelo pensar eso.


A la mañana siguiente entré en la sede del Grupo Zhou por la puerta principal.

La recepcionista apenas levantó la vista.

—Señora Zhou…

La corregí.

—Ex señora.

Me indicó el ascensor sin una sonrisa.

En el piso veintiséis ya me esperaban tres abogados.

Y Julian.

Claire estaba sentada a su lado.

Llevaba un enorme diamante en la mano izquierda.

Cuando me vio, sonrió con arrogancia.

—Pensé que no tendrías valor para venir.

No respondí.

Tomé asiento frente a ellos.

Julian empujó el acuerdo hacia mí.

—Firma.

—No voy a discutir contigo.

—Ya recibiste una compensación razonable.

Abrí el documento.

Ni siquiera leí una línea.

Firmé.

Empujé los papeles hacia él.

Su expresión mostró un leve alivio.

—Me alegra que hayas recuperado la cordura.

Claire tomó la mano de Julian delante de mí.

—Algunas personas simplemente deben aceptar cuándo han perdido.

Sonreí.

—Tiene razón.

Saqué mi teléfono.

Marqué un número.

—Nora.

La voz respondió de inmediato.

—Sí, señorita Bennett.

—Ya pueden comenzar.

Julian frunció el ceño.

—¿Comenzar qué?

No contesté.

En ese mismo instante, la puerta de la sala se abrió de golpe.

Entró Kevin.

Estaba completamente pálido.

—¡Señor Zhou!

Respiraba con dificultad.

—Acaban de cancelar los contratos europeos.

Julian se puso de pie.

—¿Qué?

—También retiraron las líneas de crédito.

—Los bancos están congelando el financiamiento.

Otro ejecutivo irrumpió inmediatamente después.

—¡La cotización cayó doce por ciento en veinte minutos!

Claire soltó la mano de Julian.

—¿Qué está pasando?

Kevin tragó saliva.

—Bennett International acaba de anunciar una oferta pública para adquirir acciones del Grupo Zhou.

El silencio fue absoluto.

Julian giró lentamente hacia mí.

—¿Qué… tiene que ver Bennett con esto?

Nora entró en ese momento acompañada por cuatro abogados.

Todos vestían de negro.

Colocó una carpeta sobre la mesa.

Después habló con absoluta calma.

—Presentamos oficialmente la oferta de adquisición hace ocho minutos.

Abrió la carpeta.

—Con las compras realizadas esta mañana…

Pasó la primera hoja.

—…Bennett International controla ya el treinta y nueve por ciento del Grupo Zhou.

Julian quedó inmóvil.

Claire empezó a perder el color del rostro.

Nora continuó.

—Y antes del cierre del mercado alcanzaremos la mayoría accionarial.

Julian me miró como si viera a una desconocida.

—¿Quién eres…?

Me levanté lentamente.

Lo observé exactamente igual que él me había observado en el hospital cuando me ofreció doscientos mil yuanes por destruir mi vida.

—La mujer a la que mandaste golpear.

Hice una pausa.

—Y desde esta mañana…

Deslicé la carpeta hacia él.

—La futura propietaria de tu empresa.

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