PARTE 2: Las Perlas Robadas

El estudio quedó completamente en silencio.

Mi teléfono seguía pegado al oído.

La coordinadora del hotel respondió con profesionalidad.

—Señorita Elena, ¿confirma la cancelación definitiva del evento del próximo mes?

Miré directamente a Adrián.

—La confirmo.

Su rostro perdió todo el color.

—¡Elena, cuelga!

No obedecí.

—También deseo suspender inmediatamente todos los servicios que fueron pagados con mis cuentas personales.

La mujer comenzó a revisar el expediente.

—Entendido. Según nuestros registros, usted cubrió el anticipo del salón, la decoración floral, el fotógrafo, la orquesta y el vestido.

—Correcto.

—Procederemos conforme al contrato.

Adrián dio un paso hacia mí.

—¿Qué demonios estás haciendo?

Finalicé la llamada antes de responder.

—Terminando una relación que tú destruiste hace semanas.

Valeria seguía inmóvil con mi vestido de novia.

El collar de mi madre brillaba sobre su cuello.

Sentí un dolor profundo.

No por las perlas.

Sino porque aquellas joyas habían acompañado a mi madre el día que se casó con mi padre.

Eran el único recuerdo físico que me quedaba de ella.

—Quítatelo.

Esta vez hablé sin elevar la voz.

Valeria sonrió con suficiencia.

—Solo estaba posando.

—Y ese collar sigue siendo mío.

Camila intervino nerviosa.

—Elena, no exageres. Nadie pensaba robártelo.

La miré fijamente.

—¿Entraste en mi casa con mi código?

Bajó la cabeza.

—Sí.

—¿Sacaste el collar de la caja fuerte donde lo guardaba?

No respondió.

El silencio fue suficiente.

Tomé aire.

—Entonces sí hubo un robo.

Adrián intentó acercarse.

—Elena, basta.

No puedes denunciar a tus propios amigos por una tontería.

Lo observé con incredulidad.

—¿Una tontería?

Señalé a Valeria.

—Está usando mi vestido.

Tu anillo.

El collar de mi madre.

Y además es tu esposa legal.

¿Todavía piensas decirme que estoy exagerando?

Por primera vez nadie tuvo argumentos.

Los fotógrafos comenzaron a guardar sus cámaras discretamente.

Ninguno quería verse involucrado.

En ese momento llegaron dos empleados de la tienda.

Habían escuchado parte de la discusión.

La encargada observó el collar.

Después miró el contrato de restauración.

—Señorita Elena…

Ese collar fue entregado únicamente a usted esta mañana.

No autorizamos que otra persona lo utilizara.

Valeria empezó a ponerse nerviosa.

—Ella me dio permiso.

—No.

Respondimos las dos al mismo tiempo.

La diferencia era que yo tenía los documentos.

Saqué el recibo de entrega.

La firma era únicamente mía.

La encargada comprendió inmediatamente la situación.

Pidió a una empleada que llamara al gerente.

Adrián respiró con impaciencia.

—¿De verdad vas a convertir esto en un espectáculo?

Negué lentamente.

—No.

El espectáculo empezó cuando decidiste casarte con otra usando el anillo que diseñé para nuestro matrimonio.

Saqué entonces el teléfono.

Abrí la carpeta donde había guardado todas las capturas del grupo.

Las envié inmediatamente al correo del hotel, de la organizadora de bodas y de mi abogado.

Después levanté la vista.

—Ahora sí.

Todo está documentado.

Camila comenzó a llorar.

—Yo no quería hacerte daño.

Solo pensé que…

La interrumpí.

—Pensaste que siempre te perdonaría.

Como él.

Como todos ustedes.

Un hombre mayor entró apresuradamente en el estudio.

Era el gerente de la boutique.

Escuchó apenas un minuto antes de mirar a Valeria.

—Señorita, deberá quitarse inmediatamente ese vestido y ese collar.

Ella cruzó los brazos.

—No pienso hacerlo.

El gerente respiró profundamente.

—Entonces tendremos que llamar a la policía.

Valeria buscó ayuda en Adrián.

Él volvió a colocarse delante de ella.

Como siempre.

Protegiéndola.

Defendiéndola.

Eligiéndola.

Y en ese instante comprendí que ya no sentía dolor.

Solo una enorme indiferencia.

Mi teléfono vibró.

Era un mensaje de mi abogado.

“No firme nada más.”

“Acabo de localizar un detalle muy interesante sobre el matrimonio civil de Adrián y Valeria.”

Fruncí el ceño.

Abrí el archivo adjunto.

Era una copia certificada del acta matrimonial.

La fecha coincidía.

Las firmas también.

Pero había un dato que hizo que incluso mi abogado escribiera en mayúsculas al final del mensaje:

“EL MATRIMONIO NO ES TEMPORAL.”

“LEGALMENTE ES VÁLIDO, SIN POSIBILIDAD DE ANULACIÓN AUTOMÁTICA… Y SI ADRIÁN SE CASA CONTIGO EL MES PRÓXIMO, COMETERÁ EL DELITO DE BIGAMIA.”

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