Elena sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
No podía apartar la vista del nombre que acababa de aparecer en la pantalla.
Isabel Vargas.
Su cuerpo comenzó a temblar otra vez.
Retrocedió hasta pegar la espalda contra la puerta del automóvil.
—Usted… la conoce.
Matthew no respondió de inmediato.
Con un movimiento tranquilo, bloqueó el teléfono y lo dejó sobre el asiento.
La SUV seguía acercándose.
El chofer habló sin apartar la vista del camino.
—Señor Carranza, vienen acelerando.
Matthew observó el espejo retrovisor.
—Ya lo sé.
Entonces volvió a mirar a Elena.
—¿Crees que voy a devolverte?
Ella no contestó.
Después de todo lo que había ocurrido aquella noche, ya no sabía en quién podía confiar.
Matthew respiró lentamente.
—Isabel me llamó hace seis minutos.
—¿Para qué?
—Dijo que una muchacha con problemas mentales había escapado de su casa después de atacar a un invitado.
Elena cerró los ojos.
Era exactamente la historia que Isabel siempre inventaba.
Convertía a la víctima en culpable antes de que pudiera hablar.
Matthew continuó.
—También ofreció una recompensa a quien la encontrara.
Elena sintió un nudo en la garganta.
—Entonces… ¿va a entregarme?
Él negó con absoluta calma.
—No.
Porque hay algo que Isabel olvidó contar.
—¿Qué cosa?
Matthew señaló lentamente la marca del anillo en su mejilla.
—Eso.
Después observó sus muñecas llenas de raspones.
Su vestido roto.
Sus pies cubiertos de barro.
—Las personas desesperadas pueden mentir.
Las heridas recientes casi nunca.
…
La SUV encendió las luces altas.
Un hombre sacó medio cuerpo por la ventanilla.
—¡Deténganse!
El chofer miró a Matthew.
—¿Qué hacemos?
Matthew respondió sin alterar el tono.
—Sigue.
El motor del sedán rugió con más fuerza.
La persecución comenzó.
Durante varios minutos atravesaron caminos secundarios completamente vacíos.
La lluvia hacía casi imposible distinguir el asfalto.
De pronto apareció una barrera de seguridad.
El chofer frenó ligeramente.
—No podemos seguir derecho.
Matthew señaló un acceso lateral.
—Entra por ahí.
El automóvil giró bruscamente.
La SUV intentó imitarlos.
Pero el portón metálico comenzó a cerrarse automáticamente.
El enorme vehículo quedó bloqueado al otro lado.
Los hombres golpeaban la reja mientras gritaban.
Matthew ni siquiera volvió la cabeza.
…
Cinco minutos después el automóvil se detuvo frente a una residencia iluminada.
No era una mansión ostentosa.
Era un complejo rodeado por altos muros, cámaras y personal de seguridad.
Elena bajó lentamente.
Miró el escudo grabado sobre la entrada.
Fundación Carranza.
Frunció el ceño.
—¿Esto es… una fundación?
Matthew asintió.
—Aquí viven mujeres que escaparon de situaciones de violencia.
Elena abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
Una mujer de unos cincuenta años salió inmediatamente a recibirlos.
Abrazó a Elena con una manta térmica.
—Ven conmigo, hija.
Estás a salvo.
Elena sintió que las piernas dejaban de sostenerla.
Hacía años que nadie la llamaba “hija” con tanta ternura.
…
Mientras una enfermera limpiaba las heridas de Elena, Matthew entró en su despacho.
Su teléfono volvió a sonar.
Otra vez era Isabel.
Contestó.
—Señor Carranza.
Gracias por devolverme la llamada.
Mi hija tiene una enfermedad emocional muy complicada.
Si aparece por ahí, no crea nada de lo que diga.
Matthew permaneció en silencio.
Isabel siguió hablando.
—Solo necesito que me informe dónde está.
Nosotros nos ocuparemos del resto.
Matthew apoyó lentamente una carpeta sobre el escritorio.
Dentro había una fotografía antigua.
Una niña de diez años sonreía junto a un hombre y una mujer.
En la esquina inferior aparecía una fecha.
Y un apellido.
Vargas.
Matthew habló por primera vez.
—Hace dieciséis años prometí a un viejo amigo que, si alguna vez le ocurría algo, protegería a su hija.
Al otro lado de la línea hubo un silencio absoluto.
La voz de Isabel perdió toda seguridad.
—¿Qué… qué acaba de decir?
Matthew miró nuevamente la fotografía.
—Creo que olvidó mencionar un detalle importante.
Esa muchacha no solo es su hijastra.
Es la hija de mi mejor amigo.
Y hace exactamente una hora usted convirtió su problema…

En el mío.
Antes de que Isabel pudiera responder, Matthew colgó la llamada.
Pero al abrir el último documento que su investigador acababa de enviarle, su expresión cambió por primera vez en toda la noche.
Porque el informe afirmaba que Elena no solo había sido víctima durante años.
También era la única heredera de una fortuna que Isabel llevaba más de una década intentando hacer desaparecer.