El teléfono del gerente seguía sonando.
Nadie se atrevía a tocarlo.
En la pantalla continuaba brillando el mismo nombre.
Caroline Lin.
El agente de policía levantó la vista.
—¿Va a contestar?
El gerente tragó saliva.
Sus manos temblaban tanto que apenas pudo desbloquear el teléfono.
Activó el altavoz.
—¿Se resolvió el asunto? —preguntó una voz femenina, fría y segura—. La señorita Lin ya debió firmar los documentos.
Todo el salón quedó inmóvil.
Caroline continuó hablando sin imaginar que la policía estaba escuchando.
—Si todavía se resiste, díganle que Ryan ya vive en el penthouse y que la familia espera los cinco millones. Presiónenla un poco más. Al final siempre cede.
El gerente cerró los ojos.
Sabía que todo había terminado.
El oficial tomó el teléfono.
—Habla la Unidad de Delitos Económicos.
Al otro lado hubo un silencio absoluto.
Después la llamada se cortó.
El agente guardó el dispositivo como evidencia.
—Nadie abandona este edificio.
Mientras dos policías aseguraban la recepción, otro comenzó a revisar los contratos falsificados.
Yo seguía observando a Ryan.
Ya no sonreía.
Su confianza había desaparecido por completo.
—¿Quién te contrató? —pregunté.
Él evitó mirarme.
—No sé de qué hablas.
Saqué otra fotografía.
No del orfanato.
De mi antigua empresa.
Allí aparecíamos Caroline y yo durante una ceremonia de reconocimiento.
Ella me entregaba un premio por haber cerrado la adquisición inmobiliaria más importante del año.
—Hace seis años —dije lentamente—, Caroline descubrió que no tenía familia.
Nadie respondió.
—Sabía que crecí en Saint Hope.
Sabía que no existía nadie capaz de reclamar mi herencia.
Sabía absolutamente todo.
Miré directamente al gerente.
—También sabía exactamente cuánto dinero tenía ahorrado.
El policía levantó una carpeta.
—Encontramos una copia de la escritura original de la propietaria.
Frunció el ceño.
—Pero aquí hay algo extraño.
Nos mostró la última página.
Al margen había una nota escrita a mano.
“Transferencia prioritaria. Autorización especial de la vicepresidenta C. Lin.”
El gerente empezó a sudar.
—Yo… solo seguía órdenes…
El agente respondió con frialdad.
—Seguir órdenes no autoriza a cometer fraude.
En ese momento otro policía regresó desde el área administrativa.
Traía una computadora portátil.
—Encontramos los registros internos.
Conectó el equipo a la pantalla del salón.
Aparecieron decenas de correos electrónicos.
Uno de ellos llamó inmediatamente mi atención.
Asunto: “Proyecto Familia”.
El oficial abrió el mensaje.
La remitente era Caroline Lin.
“La señorita Evelyn Lin no tiene familiares conocidos. Utilizaremos un reclamante falso para generar presión emocional. Si acepta asumir la deuda, la propiedad podrá transferirse antes de que detecte la falsificación.”
Nadie dijo una palabra.
El salón entero parecía haberse quedado sin aire.
Ryan bajó lentamente la cabeza.
Mandy comenzó a llorar.
El gerente dejó caer los documentos sobre el piso.
Yo seguía leyendo.
Había otro mensaje.
Más reciente.
“Si Evelyn llama a la policía, conviertan el caso en un conflicto familiar. La mayoría de los agentes evitarán intervenir mientras exista una disputa de parentesco.”
El oficial cerró la computadora con fuerza.
Su expresión era mucho más dura que al llegar.
—Eso explica todo.
Miró a Ryan.
—¿Cuánto le pagaron?
El joven tardó varios segundos en contestar.
—Doscientos mil yuanes…
La confesión cayó como un martillo.
Nunca había sido mi hermano.
Solo un actor contratado para apropiarse de una propiedad valorada en más de diez millones.
Respiré profundamente.
Pensé que el engaño terminaba allí.
Me equivocaba.
Porque uno de los agentes recibió una llamada por radio.
Escuchó durante unos segundos.
Después levantó la vista hacia mí.
—Señorita Lin…

Su tono cambió por completo.
—Acabamos de localizar a la vicepresidenta Caroline Lin.
Hizo una breve pausa.
—Pero no intentó huir.
Dice que lleva veinte años esperándola… y que todo esto comenzó mucho antes de que usted llegara al orfanato.