PARTE 2: LA PRUEBA IMPOSIBLE

La casa quedó en silencio.

Yo seguía inmóvil en la escalera.

Tenía apenas cinco años.

Pero entendía perfectamente una cosa.

Si me devolvían con Victor…

No volvería a salir con vida.

La señora Blackwood golpeó otra vez el suelo con su bastón.

—¿Qué están esperando? Llamen a Hale. Que venga mañana mismo.

Natalie tomó el teléfono.

—Sí, señora.

—No.

La voz de Adrian fue baja.

Pero bastó para detenerla.

Todos giraron hacia él.

La anciana frunció el ceño.

—¿Qué has dicho?

Adrian levantó lentamente la cabeza.

—He dicho que no.

—¿Piensas desobedecerme por culpa de una desconocida?

Él no respondió enseguida.

Solo me observó.

Yo seguía abrazando la barandilla con tanta fuerza que los nudillos me dolían.

Entonces ocurrió algo extraño.

Adrian extendió una mano hacia mí.

—Emma.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Bajé un escalón.

Luego otro.

Hasta quedar frente a su silla de ruedas.

Él habló con una suavidad que nadie parecía conocer.

—¿Por qué me llamaste papá?

Las letras doradas volvieron a aparecer.

【No puede decirle la verdad. Nadie creerá que ve estos mensajes.】

【Solo responde con lo que tu corazón recuerda.】

Respiré hondo.

—Porque… cuando lo vi… sentí que ya lo conocía.

Toda la sala quedó inmóvil.

Adrian cerró los ojos durante un instante.

Como si aquella respuesta hubiera despertado un recuerdo muy antiguo.

La abuela soltó una risa seca.

—Los niños también aprenden a mentir.

Leo dejó de sonreír por primera vez.

—Abuela…

—¡Cállate!

La anciana señaló hacia mí.

—Esa niña solo busca una familia rica.

Yo bajé la cabeza.

No sabía cómo defenderme.

Entonces Adrian habló otra vez.

—¿Cuál era el nombre de tu madre?

—Clara.

—¿Clara qué?

—Clara Evans.

En cuanto pronuncié aquel apellido…

Las manos de Adrian comenzaron a temblar.

Natalie lo notó enseguida.

—Señor…

Él no la escuchaba.

Miraba un punto perdido en el suelo.

Después murmuró casi para sí mismo.

—Ella siempre decía que, si algún día tenía una hija…

Todos guardaron silencio.

Adrian levantó lentamente la vista hacia mí.

—…la llamaría Emma.

Sentí un nudo en la garganta.

Yo nunca le había dicho mi nombre completo.

La abuela también lo comprendió.

Su expresión cambió apenas un segundo.

Pero volvió a endurecerse.

—Las coincidencias no significan nada.

Adrian respiró profundamente.

Luego giró la silla hacia el médico personal de la familia, que acababa de entrar para revisar su tratamiento.

—Doctor Harris.

—Sí, señor Blackwood.

—Quiero una prueba de ADN.

La anciana sonrió con satisfacción.

—Exactamente. Con Victor Hale.

Adrian negó despacio.

—No.

Toda la sala quedó congelada.

Él sostuvo mi pequeña mano entre las suyas.

Fría.

Temblorosa.

Y pronunció una frase que hizo que hasta la abuela dejara caer el bastón unos centímetros.

—La prueba será entre Emma…

Hizo una pausa.

Sin apartar los ojos de mí.

—…y yo.

Las letras doradas brillaron con una intensidad nunca antes vista.

【¡El destino acaba de cambiar!】

【Pero Victor Hale jamás permitirá que esa prueba llegue al laboratorio.】

【Porque él sabe que, si Adrian descubre la verdad… todo el imperio Hale desaparecerá para siempre.】

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