PARTE 2: LA VOZ DEL SOBRE

La lluvia seguía cayendo cuando llegué al único lugar donde todavía me sentía segura.

El despacho del abogado de mi padre.

Las luces permanecían encendidas.

Como si hubiera estado esperándome.

Richard Coleman abrió la puerta antes de que tocara.

Al verme empapada, con el vestido negro rasgado y un hilo de sangre bajándome por la frente, cerró los ojos con pesar.

—Llegaron antes de lo que imaginaba.

Entré sin decir una palabra.

Él me entregó una toalla.

Luego señaló una caja fuerte empotrada en la pared.

—Tu padre dejó instrucciones muy claras.

Introdujo una llave.

Después un código.

Finalmente colocó su huella.

La puerta metálica se abrió lentamente.

Dentro solo había tres cosas.

Una carpeta negra.

Un sobre lacrado con mi nombre.

Y un pequeño reproductor de audio.

Richard tomó el sobre.

—Ross me hizo prometer que solo lo abriríamos si alguna vez intentaban quitarte la empresa.

Sentí un nudo en la garganta.

—Entonces… él lo sabía.

—No sabía cuándo ocurriría.

Me miró fijamente.

—Pero estaba convencido de que ocurriría.

Rompí el sello con manos temblorosas.

Dentro encontré una carta escrita con la letra inconfundible de mi padre.

“Naomi… si estás leyendo esto, significa que alguien en quien confiamos ha decidido traicionarte.”

Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.

“No llores todavía. Primero escucha la grabación.”

Miré el pequeño reproductor.

Richard ya había colocado una memoria dentro.

Presionó el botón.

Durante dos segundos solo se escuchó un leve ruido.

Después…

Una voz llenó el despacho.

—Hola, pequeña.

El mundo dejó de girar.

Era mi padre.

Su misma voz.

Su misma forma tranquila de pronunciar cada palabra.

Me llevé una mano a la boca.

—No…

Richard permanecía completamente inmóvil.

Yo apenas podía respirar.

—Si estás oyendo esto —continuó la voz de Ross Albright—, significa que mi plan de emergencia ha comenzado.

Sentí que las piernas me fallaban.

—Papá…

“Quiero que recuerdes algo: jamás firmo un documento importante sin dejar otro diez pasos adelante.”

Escuché una leve risa.

La misma risa con la que me enseñó a montar en bicicleta cuando tenía ocho años.

“Gavin cree que ganó porque consiguió tus acciones.”

Hizo una pausa.

“Pero Gavin nunca entendió quién era realmente el dueño de Summit Enterprises.”

Abrí rápidamente la carpeta negra.

Dentro había estatutos originales.

Fideicomisos.

Acuerdos privados.

Y una hoja marcada con tinta roja.

PROTOCOLO FÉNIX.

Richard señaló aquel documento.

—Nadie conocía esto.

Seguí leyendo.

Cada línea hacía que mi corazón latiera con más fuerza.

La transferencia del sesenta por ciento de mis acciones…

Nunca podía entrar en vigor sin cumplir una condición adicional.

Una condición que Gavin jamás había visto.

Mi padre volvió a hablar en la grabación.

“Si Gavin consiguió esos papeles mediante engaño, la transferencia queda anulada automáticamente cuando tú presentes el Código Fénix ante el consejo.”

Respiré hondo.

Entonces comprendí por qué mi padre había sonreído incluso durante sus últimos días.

Él ya había previsto la traición.

Pero la grabación todavía no había terminado.

“Ahora viene la parte más importante.”

Su tono cambió.

Más serio.

“Si mi muerte ocurrió antes de que pudiera despedirme de ti… significa que existe una posibilidad que no puedo ignorar.”

Sentí un escalofrío.

“Naomi… quiero que investigues mi accidente.”

El despacho quedó completamente en silencio.

“Porque yo jamás salí de casa aquella mañana conduciendo ese automóvil.”

Richard levantó lentamente la mirada hacia mí.

Los dos entendimos el mismo mensaje al mismo tiempo.

Si mi padre decía la verdad…

Entonces el hombre que había muerto dentro del coche incendiado…

Podría no haber sido Ross Albright.

Y eso significaba que alguien acababa de cometer un asesinato… creyendo que había eliminado al dueño del imperio equivocado.

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