Parte 2: El verdadero heredero

El comedor quedó en un silencio absoluto.

Walter seguía sosteniendo el sobre amarillo con las manos temblorosas.

Christian ya no sonreía.

Sus ojos permanecían fijos en el testamento.

—Eso no es válido —dijo al fin—. Papá estaba medicado cuando lo firmó.

Walter golpeó el bastón contra el suelo.

—Lo firmé delante de mi abogado y de dos testigos.

Luego me tendió el documento.

—Jennifer, guárdalo.

Lo sujeté con fuerza mientras Toby observaba sin comprender.

Christian respiró hondo y volvió a recuperar su tono amable.

—No compliquemos esto delante del niño.

Se volvió hacia mí.

—Solo queremos ayudar a administrar las acciones hasta que Toby sea mayor.

—No necesito ayuda.

Su sonrisa desapareció otra vez.

—No sabes lo que estás diciendo.

Antes de que pudiera responder, sonó el timbre de la casa.

Un hombre de unos sesenta años entró acompañado por una mujer con un maletín.

Walter suspiró aliviado.

—Llegaron justo a tiempo.

—¿Quiénes son? —preguntó Christian.

—Mi abogado… y mi notaria.

El rostro de Christian perdió el color.

El abogado saludó a todos y colocó varios documentos sobre la mesa.

—El señor Walter Lawson solicitó revisar oficialmente el testamento de su hijo y dejar constancia de cualquier intento de modificar la administración de las acciones.

Christian golpeó la mesa.

—¡Esto es ridículo!

—Al contrario —respondió el abogado—. Es una medida de protección.

Mientras hablaban, sentí una vibración en el bolsillo.

Era mi teléfono.

Un número desconocido.

Contesté con discreción.

—¿Jennifer?

Reconocí inmediatamente la voz.

Era el hombre del autobús.

—No tengo mucho tiempo.

—¿Quién es usted?

—Trabajé veinte años para Brandon.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Por qué me ayudó?

—Porque él me salvó la vida una vez.

Miré alrededor para asegurarme de que nadie escuchaba.

—¿Qué está pasando?

Su respuesta me dejó helada.

—Lo que buscan no son solo las acciones.

Guardó silencio unos segundos.

—Buscan demostrar que Toby no es hijo biológico de Brandon.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Qué?

—Existe un informe de ADN.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—Eso es imposible.

—Lo sé.

—Entonces…

—El informe fue falsificado.

Miré instintivamente hacia Christian.

Él hablaba con el abogado, pero por un instante levantó la vista y nuestras miradas se cruzaron.

Sonrió.

Como si supiera que acababa de descubrir una parte de su plan.

La llamada continuó.

—Jennifer, escucha con atención.

—¿Dónde está ese informe?

—En una caja fuerte del despacho de Christian.

Respiré hondo.

—¿Cómo lo sabe?

—Porque yo fui quien instaló esa caja.

La llamada se cortó de repente.

En ese mismo instante, Christian levantó una carpeta azul.

—Ya que estamos hablando de herencias…

Sacó un documento plastificado.

—También deberíamos aclarar una pequeña duda sobre Toby.

Walter abrió mucho los ojos.

—¿Qué hiciste?

Christian colocó el papel delante de todos.

En la parte superior podía leerse claramente:

“Prueba de filiación genética.”

Varias personas comenzaron a murmurar.

Christian me miró directamente.

—Si este documento es auténtico…

Hizo una pausa.

—Toby no tiene derecho a heredar absolutamente nada.

Sentí que la sangre se congelaba.

Pero antes de que pudiera reaccionar, Walter golpeó la mesa con tanta fuerza que su taza de café cayó al suelo.

Con la voz quebrada, pronunció una frase que dejó a toda la familia sin habla.

—Ese análisis es falso… porque Brandon jamás pudo ser el padre biológico de ningún niño. Dos años antes de conocer a Jennifer, un accidente lo dejó completamente estéril… y solo tres personas conocíamos ese secreto.

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