PARTE 2: EL HOMBRE QUE TENÍA SENTADO A SU LADO

Ethan sintió que el papel se deslizaba entre sus dedos.

—No… eso es imposible…

Volvió a leer el informe una segunda vez.

Después una tercera.

El resultado seguía siendo el mismo.

Probabilidad de paternidad: 0,00 %.

Debajo aparecía una nota escrita con mi letra.

“Si todavía dudas, el laboratorio conserva las muestras. Puedes repetir la prueba las veces que quieras.”

Su respiración comenzó a acelerarse.

Durante dos años había protegido a Laura.

La había ascendido.

Le había comprado un apartamento.

Le había regalado un automóvil.

Incluso había puesto veinte guardaespaldas frente a la sala de partos para proteger al bebé que creía suyo.

Todo por un hijo que nunca había existido para él.

Marcó inmediatamente el número de Laura.

—¿Ethan? —contestó ella con voz débil desde la habitación del hospital.

—¿Qué demonios significa este ADN?

Al otro lado hubo un silencio.

Demasiado largo.

—¿Quién te dio ese documento?

—¡Respóndeme!

Ella rompió a llorar.

—Pensaba decírtelo después…

—¿Después de qué?

—Después de que naciera…

Ethan cerró los ojos.

Por primera vez en muchos años sintió miedo.

—¿Quién es el padre?

Laura no respondió.

Solo se escuchaban sollozos.

—¡Dime su nombre!

Entonces oyó una voz masculina al fondo.

—Laura, ¿todo está bien?

Ethan reconoció aquella voz antes incluso de que pronunciara una segunda palabra.

Su sangre se congeló.

Era imposible.

Laura intentó apartar el teléfono.

Demasiado tarde.

—¿Está llorando otra vez? —preguntó el hombre.

Ethan ya no necesitaba escuchar nada más.

Colgó.

Tomó las llaves.

Quince minutos después atravesaba como un huracán las puertas principales de CrossTech.

Las recepcionistas se levantaron sobresaltadas.

Nadie se atrevió a detenerlo.

Entró directamente en la sala de juntas.

Los directores seguían reunidos intentando contener el desplome de las acciones.

Cuando abrió la puerta de una patada, todos guardaron silencio.

Al extremo derecho de la mesa estaba sentado Nathan Cole, director financiero y su amigo desde la universidad.

Quince años de amistad.

Quince años compartiendo negocios, vacaciones y confidencias.

Nathan levantó la vista con aparente tranquilidad.

—Ethan… justo estábamos buscándote.

La respuesta fue un puñetazo.

Nathan cayó de la silla.

Toda la sala quedó paralizada.

—¡Traidor!

Ethan volvió a abalanzarse sobre él.

Dos consejeros lograron sujetarlo.

—¡Ese niño es tuyo!

Nathan dejó escapar una sonrisa cansada mientras se limpiaba la sangre del labio.

—Tarde o temprano ibas a descubrirlo.

La sala estalló.

—¿Qué acaba de decir?

—¿Está loco?

—¿Qué está pasando?

Nathan se puso de pie lentamente.

Ya no tenía sentido fingir.

—Sí.

El bebé es mío.

Un silencio sepulcral recorrió la mesa.

Ethan sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies.

—¿Desde cuándo?

Nathan lo miró directamente a los ojos.

—Desde hace casi tres años.

—¡Mentiroso!

Nathan soltó una risa amarga.

—Mientras tú viajabas buscando inversionistas…

—Mientras Olivia salvaba la empresa…

—Mientras presumías de ser un genio…

…yo era quien acompañaba a Laura.

Cada palabra era una cuchillada.

Ethan recordó todas aquellas reuniones que Nathan había cancelado.

Los supuestos viajes familiares.

Las llamadas de madrugada.

Todo empezaba a encajar.

Pero aún faltaba la última pieza.

Nathan respiró profundamente.

—Hay algo más que deberías saber.

Sacó una carpeta del maletín.

La dejó sobre la mesa.

—Yo tampoco trabajo aquí desde hoy.

Los consejeros fruncieron el ceño.

Nathan continuó.

—Presenté mi renuncia hace dos horas.

—¿Qué?

—Y acepté la oferta de la competencia.

El presidente independiente abrió la carpeta.

Su rostro perdió el color.

—No puede ser…

Nathan asintió.

—Los tres mayores contratos internacionales se trasladan conmigo.

Un consejero golpeó la mesa.

—¡Eso representa casi el cuarenta por ciento de nuestros ingresos!

Nathan negó lentamente.

—No.

Representa el cincuenta y ocho por ciento.

El silencio fue absoluto.

Ethan comprendió entonces algo todavía peor que la infidelidad.

Mientras él estaba obsesionado con esconder a Laura de su esposa…

Mientras gastaba millones en hospitales privados, regalos y guardaespaldas…

La empresa llevaba meses desmoronándose sin que él lo advirtiera.

Y Olivia…

Olivia lo había visto todo antes que nadie.

Había vendido sus acciones justo antes del desastre.

Había retirado su patrimonio.

Había protegido su dinero.

Y había dejado que el resto descubriera la verdad por sí solo.

En ese instante sonó el teléfono del presidente del consejo.

Contestó.

Escuchó apenas unos segundos.

Luego levantó lentamente la vista hacia Ethan.

—Tenemos otro problema.

—¿Qué ocurre ahora?

El presidente tragó saliva.

—Los cinco principales clientes acaban de enviar la misma notificación.

—¿Cuál?

El hombre dejó el teléfono sobre la mesa.

—Todos cancelan sus contratos con efecto inmediato.

—Y…

hacen referencia a una carta firmada esta misma mañana por Olivia Cross.

Una carta que ninguno de ellos había visto todavía, pero que estaba provocando el mayor éxodo de clientes en la historia de CrossTech.

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