Durante varios segundos, nadie dijo una palabra.
La sala de descanso quedó completamente en silencio.
Las miradas iban de Lucas a Emma.
Después a los anillos.
Y nuevamente al director general.
El compañero que acababa de declararse retrocedió un paso.
—Director… yo no sabía…
Lucas soltó lentamente la cintura de Emma.
Su expresión volvió a ser la misma de siempre.
Serena.
Impenetrable.
—No tenías por qué saberlo.
Emma respiró hondo.
Aquello no era como habían planeado las cosas.
Habían acordado mantener el matrimonio en secreto durante un año para evitar rumores, favoritismos y conflictos dentro de la empresa.
Y ahora todo acababa de cambiar.
Cinco minutos después, Recursos Humanos llamó a Emma.
No era una citación disciplinaria.
Solo una reunión urgente.
La directora del área les pidió a ambos que tomaran asiento.
—Lo primero que quiero decir es que el matrimonio entre dos adultos no constituye, por sí mismo, una falta.
Emma sintió un pequeño alivio.
Pero la mujer continuó.
—Sin embargo, cuando una de las personas ocupa la dirección general, debemos revisar cualquier posible conflicto de interés conforme a nuestras políticas internas.
Lucas asintió.
—Lo entiendo.
Traje la documentación necesaria.
Sacó una carpeta.
Dentro había varios documentos.
Entre ellos, una declaración firmada seis meses antes en la que solicitaba quedar completamente excluido de cualquier decisión relacionada con el salario, evaluaciones, ascensos o permanencia laboral de Emma.
La directora de Recursos Humanos levantó las cejas.
—¿Presentó esto el mismo día que se casaron?
—Sí.
—¿Y quién autorizó el procedimiento?
—El comité de gobierno corporativo.
No yo.
Emma lo miró sorprendida.
Nunca le había contado aquello.
La directora revisó cuidadosamente los documentos.
—Entonces, desde hace seis meses, todas las decisiones sobre la señorita Lin las toma otro director.
—Correcto.
—¿Y tampoco participa en la fijación de su salario?
—No.
Todo quedó delegado por escrito.
La mujer cerró la carpeta.
—Eso facilita mucho las cosas.
La noticia, sin embargo, ya había recorrido toda la empresa.
Antes del mediodía, los rumores llenaban cada piso del edificio.
“Emma se casó con el director.”
“Seguro por eso obtuvo aquel proyecto.”
“Todo estaba arreglado.”
Emma escuchó varios comentarios mientras caminaba hacia su escritorio.
No respondió a ninguno.
Aquella tarde recibió un correo.
No tenía remitente conocido.
Solo una frase.
“Si quieres conservar tu trabajo, deberías divorciarte antes de que sea demasiado tarde.”
Emma frunció el ceño.
No contestó.
Reenvió inmediatamente el mensaje al departamento de seguridad informática de la empresa.
Cuando llegó a casa, Lucas ya la esperaba.
No llevaba traje.
Había preparado la cena por primera vez.
Aunque claramente necesitaba practicar.
El arroz estaba demasiado cocido.
Emma sonrió por primera vez en todo el día.
—El director general también quema el arroz.
Lucas suspiró.
—No estaba preparado para cocinar.
—Ni para revelar nuestro matrimonio delante de medio edificio.
Él guardó silencio unos segundos.
—Lo sé.
Debí manejarlo mejor.
Emma se sentó frente a él.
—¿Por qué lo hiciste?
Lucas apoyó lentamente los cubiertos.
—Porque cuando ese hombre dijo que llevaba tiempo enamorado de ti…
Por un instante olvidé que era director.
Solo recordé que era tu esposo.
Emma negó con la cabeza, divertida.
—Eso no estaba en nuestro acuerdo de un año.
—Lo sé.
Antes de que pudiera responder, sonó el teléfono de Lucas.
Era el presidente del consejo de administración.
Lucas atendió.
Escuchó durante casi un minuto sin interrumpir.
Cuando colgó, su expresión había cambiado.
Emma dejó el vaso sobre la mesa.
—¿Qué pasó?
Lucas habló con absoluta calma.
—Alguien presentó una denuncia anónima.
Aseguran que nuestro matrimonio comenzó mucho antes de lo que hemos declarado oficialmente.
Emma sintió un vuelco en el estómago.
—Pero eso no es cierto.
Lucas asintió.
—Lo sé.
Lo preocupante es otra cosa.
—¿Qué?
Sacó una copia de la denuncia que acababa de recibir por correo electrónico.
Entre los documentos aparecía una fotografía.
Era una imagen tomada durante la fiesta de fin de año.
Mostraba a Emma entrando al ascensor del hotel.

Y detrás de ella había una tercera persona observándolos desde el pasillo.
Alguien había estado siguiéndolos desde la misma noche en que todo comenzó.