PARTE 2: LA OTRA NOVIA LLEGÓ CON EL HIJO QUE ADRIÁN NO PODÍA TENER

—Antes de cancelar la boda, pregúntale por qué también me prometió casarse conmigo la próxima semana.

La mujer embarazada permaneció bajo el arco de la entrada con una mano apoyada sobre el vientre.

Nadie habló.

Las risas que minutos antes habían acompañado la humillación de Lucía desaparecieron por completo.

Adrián fue el primero en reaccionar.

—Camila, ¿qué haces aquí?

Lucía lo miró lentamente.

No preguntó quién era aquella mujer.

La forma en que Adrián pronunció su nombre contenía una familiaridad que ninguna explicación podría borrar.

Camila avanzó entre los invitados. Llevaba un vestido sencillo color crema y un anillo casi idéntico al que Lucía acababa de colocar sobre el recipiente de sobras.

Mercedes perdió el color.

—Sáquenla de esta casa.

Dos empleados se acercaron, pero la abuela de Adrián levantó el bastón.

—Nadie la toca.

Camila se detuvo frente a Lucía.

—Lo siento. No sabía que él se casaba hoy.

—¿Cuándo te prometió matrimonio? —preguntó Lucía.

—Hace cuatro meses.

Adrián bajó del estrado improvisado.

—No la escuches. Está confundida.

Camila sacó el teléfono.

—Tengo mensajes, fotografías y una reservación para la ceremonia.

—Era una celebración simbólica —respondió él.

—Elegimos testigos.

—Nunca firmamos nada.

—Porque dijiste que el notario se encontraba de viaje.

Lucía soltó una risa breve y amarga.

—Curiosamente, el notario sí tuvo tiempo para preparar un contrato prenupcial falso con mi firma.

Los invitados comenzaron a murmurar.

Mercedes golpeó la mesa.

—¡Esto es una trampa preparada para destruir a mi familia!

La abuela abrió la carpeta.

—Tu familia se destruyó cuando decidió convertir matrimonios en operaciones financieras.

Camila miró los documentos.

—¿También querían quedarse con sus propiedades?

Lucía asintió.

La mujer embarazada abrió su bolso y sacó otro contrato.

—Entonces esto también es falso.

Lo colocó junto al primero.

Las cláusulas eran casi idénticas.

Después del matrimonio, Camila cedería la administración de una casa heredada de sus padres y de una cuenta de inversión a Adrián.

Solo cambiaban los nombres y las cantidades.

—No iba a casarse con ninguna de las dos —dijo la abuela—. Iba a quedarse con los bienes y después buscar otra víctima.

Adrián señaló a Camila.

—Ella sabía que yo estaba comprometido.

—Me dijiste que Lucía era tu prima —respondió.

Los invitados soltaron exclamaciones de incredulidad.

Lucía lo observó.

—¿Tu prima?

—Necesitaba tiempo para resolver las cosas.

—Llevabas dos años prometiéndome una boda.

—Porque te quería.

—Querías mi herencia.

—Al principio no sabía que la recibirías.

La abuela lanzó un documento sobre la mesa.

—Mentira. El primer informe sobre la fortuna de Lucía fue solicitado tres meses antes de que la conocieras.

Adrián se quedó inmóvil.

Lucía tomó el papel.

Era una investigación privada sobre ella.

Aparecían sus propiedades, las acciones de una empresa familiar y la herencia que recibiría al casarse o cumplir treinta años.

—¿Me elegiste desde el principio? —preguntó.

Él no respondió.

—Contéstame.

—Mi madre encontró tu nombre.

Todas las miradas se dirigieron hacia Mercedes.

Ella levantó la barbilla.

—La empresa necesitaba una solución.

—Yo no soy una solución —dijo Lucía.

—Eras una oportunidad.

La crueldad de la respuesta provocó que varias personas se apartaran de Mercedes.

Camila protegió su vientre.

—¿También investigaron a mi familia?

La abuela encontró su nombre en otra sección.

Camila Ortega.

Hija única.

Propietaria de una vivienda en una zona comercial.

Beneficiaria de una póliza millonaria.

—Estabas en la misma lista —dijo Lucía.

Camila cerró los ojos.

Adrián intentó acercarse.

—Camila, puedo explicarlo todo en privado.

—No quiero volver a estar a solas contigo.

—Estás embarazada. No deberías alterarte.

—No utilices a mi hijo para callarme.

La frase hizo que Adrián retrocediera.

Lucía miró su vientre.

—¿Cuánto tiempo tienes?

—Seis meses.

—¿Adrián es el padre?

Camila asintió, pero no parecía segura.

Mercedes soltó una risa nerviosa.

—Eso está por demostrarse.

Camila se volvió hacia ella.

—Usted me acompañó a la primera ecografía.

—Porque mi hijo tuvo lástima de ti.

—Me llamó nuera.

—Dije muchas cosas para mantenerte tranquila

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