PARTE 2 — LA LLAMADA QUE ELLOS NUNCA IMAGINARON

El silencio duró apenas unos segundos.

Pero para Sophia pareció una eternidad.

Debajo de la cama, con el corazón golpeándole el pecho, deslizó el dedo por la pantalla de su teléfono.

Había desactivado el sonido antes de esconderse.

Sin mirar siquiera, abrió el chat fijado en la parte superior.

“Lic. Ricardo Medina.”

El abogado que había administrado los asuntos legales de su padre durante más de veinte años.

Escribió una sola frase.

“No estoy dormida. Todo era una trampa. Llamen a la policía y vengan a la suite presidencial del Hotel Imperial. No avisen a nadie de la familia.”

Adjuntó la grabación de voz.

Desde que escuchó a Daniel mencionar Banorte, había activado el micrófono.

Cada palabra.

Cada confesión.

Cada referencia al testamento.

Todo estaba registrado.

Envió el mensaje.

Después activó la ubicación en tiempo real.


Arriba, Daniel seguía buscando.

—¿Dónde demonios dejó el celular?

Vanessa comenzó a abrir cajones.

—No puede haberse evaporado.

Desde el altavoz volvió a escucharse la voz de Celeste.

—¡Encuéntrenlo! Sin su huella no podremos mover el dinero esta noche.

Daniel respiró con fuerza.

—Tal vez lo dejó en el salón de la boda.

—Imposible —respondió Vanessa—. Lo tenía cuando subimos.

Sophia comprendió algo.

Ellos estaban convencidos de que seguía inconsciente.

Eso era su mayor ventaja.


Tres minutos después, su teléfono vibró suavemente.

Ricardo había contestado.

“No salgas. Ya vamos. Conserva la calma.”

Otro mensaje apareció enseguida.

“Nunca firmes nada. Encontramos algo más sobre el testamento de tu padre.”

Sophia sintió un vuelco en el estómago.

¿Algo más?


Mientras tanto, Daniel comenzaba a perder la paciencia.

—Mamá, tendremos que hacerlo mañana.

Celeste respondió con frialdad.

—No.

Si despierta, todo habrá terminado.

Necesitamos esa transferencia esta noche.

Y necesito que firme los documentos antes del amanecer.

Vanessa preguntó en voz baja:

—¿Y si se niega?

Hubo un breve silencio.

Después Celeste respondió con una tranquilidad escalofriante.

—Entonces diremos que sufrió una crisis nerviosa después de la boda.

El sedante explicará cualquier confusión.

Ya tengo preparado el certificado médico.

Sophia cerró los ojos.

No solo planeaban robarle.

También tenían preparada una historia para desacreditarla.


Quince minutos después sonó el timbre de la suite.

Daniel abrió apenas unos centímetros.

—¿Sí?

—Servicio nocturno, señor.

Traemos el champán de cortesía que solicitaron.

Daniel frunció el ceño.

—Nosotros no…

Antes de terminar la frase, la puerta se abrió por completo.

Entraron dos agentes de policía vestidos de civil.

Detrás de ellos apareció Ricardo Medina acompañado por una notaria.

La sonrisa de Daniel desapareció.

—¿Qué significa esto?

Ricardo levantó el teléfono.

—Significa que la señora Sophia Aguilar acaba de enviarme una grabación muy interesante.

Vanessa retrocedió un paso.

Celeste seguía conectada por altavoz.

—¿Qué está pasando?

Nadie respondió.

En ese mismo instante, Sophia salió lentamente de debajo de la cama.

El vestido blanco estaba cubierto de polvo.

El maquillaje corrido por las lágrimas.

Pero caminó con la cabeza en alto.

Daniel la miró como si hubiera visto un fantasma.

—Tú…

—¿Pensabas que estaba dormida?

Ella sostuvo el teléfono en alto.

—Escuché absolutamente todo.

Miró primero a Daniel.

Luego a Vanessa.

Y finalmente al teléfono desde donde seguía oyéndose la respiración agitada de Celeste.

—La conversación completa quedó grabada.

Incluyendo la parte donde admiten haber ocultado el verdadero testamento de mi padre y planeado utilizar mi huella para vaciar mis cuentas.

La habitación quedó completamente en silencio.

Ricardo dio un paso al frente.

Sacó un sobre lacrado de su portafolio.

—Aprovecho para informarle, señor Daniel, que esta tarde encontramos el testamento original del señor Aguilar en una caja de seguridad que su hija desconocía.

Daniel tragó saliva.

—¿Y eso qué prueba?

Ricardo rompió el sello lentamente.

Leyó la primera cláusula.

Su expresión cambió.

Después levantó la vista hacia Sophia.

—Hay una disposición que nadie conocía.

Su padre escribió que, si existía cualquier intento de obtener la herencia mediante fraude, engaño o matrimonio celebrado con ese propósito…

Toda la participación hereditaria destinada al cónyuge quedaría automáticamente anulada y el caso debería ponerse inmediatamente en conocimiento de las autoridades.

Daniel sintió que las piernas dejaban de sostenerlo.

Porque comprendió que, en el mismo instante en que intentó robar a su esposa…

No solo había perdido cinco millones de pesos.

Había activado exactamente la cláusula que el padre de Sophia había dejado preparada para protegerla de una traición como aquella.

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