PARTE 2: EL PRIMER ENGAÑO

El sonido del monitor cardíaco era el único que rompía el silencio de la UCI pediátrica.

Valeria dejó el informe sobre la mesa.

No apartó la vista de Camila.

Ella seguía sosteniendo el teléfono entre las manos, moviendo los dedos con una rapidez desesperada.

Borraba conversaciones.

Fotografías.

Archivos.

Demasiado tarde.

—Enfermera Marta —dijo Valeria con serenidad—. Solicite que Seguridad resguarde ese teléfono. Forma parte de una posible evidencia clínica.

Camila levantó la cabeza de golpe.

—¡No tiene ningún derecho!

—Si ese dispositivo contiene información relacionada con la sustancia que apareció en la sangre del paciente, sí lo tiene la autoridad correspondiente.

Mauricio miró alternativamente a ambas mujeres.

Todavía intentaba comprender lo que acababa de escuchar.

—¿Qué significa exactamente ese medicamento?

Valeria abrió nuevamente el expediente.

—Varenol B no está autorizado para uso comercial. Solo puede administrarse dentro de protocolos de investigación controlados.

Mauricio frunció el ceño.

—Eso es imposible.

—¿Por qué?

—Porque hace tres meses suspendimos todos los ensayos clínicos relacionados con ese compuesto.

Valeria levantó lentamente la mirada.

—Entonces alguien obtuvo el producto por otro medio.

Camila dio un paso atrás.

—¿Me están acusando de envenenar a mi hijo?

—Todavía no estoy acusando a nadie.

—¡Pero me están mirando como si fuera una criminal!

Valeria permaneció impasible.

—Estoy mirando a la única persona que tenía un frasco con un líquido sin identificar dentro de su bolso.

La expresión de Camila cambió apenas un segundo.

Fue suficiente.

Mauricio lo notó.

—Camila…

Ella intentó sonreír.

—Cariño, sabes que todo esto es absurdo.

—¿De dónde salió ese frasco?

—Era un suplemento.

—¿Quién te lo dio?

Camila tardó demasiado en responder.

—Una amiga.

—¿Cómo se llama?

Silencio.

Mauricio nunca la había visto dudar tanto.


Minutos después…

Dos agentes de seguridad del hospital permanecían discretamente junto a la puerta.

La detective Laura Salgado, de la Fiscalía Especializada, acababa de llegar tras ser notificada por un posible caso de intoxicación infantil.

Escuchó atentamente el resumen médico.

Luego pidió hablar con Valeria a solas.

—Doctora, ¿está completamente segura del resultado preliminar?

—Por eso ya envié una segunda muestra al laboratorio central.

—¿Puede tratarse de un error?

Valeria negó con firmeza.

—No con esa concentración.

La detective respiró hondo.

—¿Conoce quién fabrica ese compuesto?

Valeria hizo una breve pausa.

—La farmacéutica NovaGen.

Laura asintió lentamente.

—Adquirida hace cuatro meses por Grupo Alcázar.

Las dos mujeres guardaron silencio.

El caso acababa de dejar de ser únicamente médico.

Ahora también podía convertirse en uno de los mayores escándalos corporativos del país.


Mauricio permanecía sentado junto a la cama de Emiliano.

El pequeño seguía dormido.

Le acarició el cabello con una ternura que hacía mucho no mostraba.

Entonces recordó algo.

Sacó el teléfono.

Buscó entre antiguos correos corporativos.

Después abrió un archivo confidencial.

Allí estaba.

Proyecto Varenol B.

Su firma aparecía al final de la autorización de compra de NovaGen.

Pero había algo extraño.

Nunca había aprobado ensayos pediátricos.

Nunca.

Comenzó a revisar página tras página.

Hasta que encontró una modificación realizada dos semanas después de la adquisición.

El documento tenía una firma digital.

Con su nombre.

Pero él jamás había visto aquella autorización.

Sintió un escalofrío.

—No…

Volvió a leerla.

Alguien había autorizado nuevas pruebas utilizando su identidad electrónica.

Y nadie dentro del consejo se lo había comunicado.


Mientras tanto…

Valeria recibió una llamada del laboratorio central.

Escuchó en silencio.

Su expresión se volvió mucho más seria.

—¿Está completamente confirmado?

La voz al otro lado respondió sin vacilar.

—Sí.

Valeria cerró lentamente los ojos.

—Gracias.

Colgó.

La detective la observó.

—¿Qué ocurrió?

Valeria dejó el informe sobre la mesa.

—No solo encontraron Varenol B.

Laura esperó.

—También hallaron un estabilizador químico que únicamente se utiliza durante la fase de fabricación.

—¿Qué significa eso?

—Que el medicamento no salió de un hospital.

Hizo una pausa.

—Salió directamente de una planta de producción.

En ese instante, Mauricio apareció en la puerta con el rostro completamente pálido.

Sostenía una carpeta impresa entre las manos.

Miró a Valeria.

Después a la detective.

Y pronunció una frase que dejó la habitación en silencio.

—Creo que alguien utilizó mi empresa… para convertir a mi hijo en parte de un experimento.

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