PARTE 2 — CANCELÉ LA BODA Y PERDIÓ 50 MILLONES

Adrian dejó de respirar por un instante.

—Señor Bennett, puedo explicarlo.

Mi padre ni siquiera lo miró.

Se quitó la chaqueta y la puso sobre mis hombros.

—Mia, ¿quieres volver a la boda?

Miré a Adrian.

Después a Serena.

—No.

Mi padre asintió.

—Entonces no hay boda.

Así de sencillo.

Adrian dio un paso hacia nosotros.

—¡Espere!

Ahora sí, mi padre lo miró.

—¿Para qué?

—Nuestras familias tienen un acuerdo.

—No.

La voz de mi padre permaneció tranquila.

—Tú tienes un acuerdo condicionado a convertirte en marido de mi hija.

Adrian palideció.

—Los documentos están preparados.

—Preparados no significa firmados.

Serena dejó de sonreír.

Yo tampoco sabía aquello.

—¿Qué documentos? —pregunté.

Mi padre me miró.

—Adrian solicitó una inversión de cincuenta millones para salvar Cole Technologies.

Giré lentamente hacia mi prometido.

—¿Cuándo?

Adrian guardó silencio.

Mi padre respondió.

—Hace seis meses.

Seis meses.

Exactamente cuando Adrian había comenzado a hablar obsesivamente de matrimonio.

Sentí náuseas.

—Entonces Serena decía la verdad.

—Mia…

—¿Te casabas conmigo por cincuenta millones?

Adrian intentó tomar mi brazo.

Mi padre se interpuso.

—No la toques.

Serena retrocedió discretamente hacia su coche.

La señalé.

—No te vayas.

Se detuvo.

—Tú sabías todo esto.

Su arrogancia desapareció.

—Adrian me dijo que después de recibir la inversión encontraría una forma de divorciarse.

El silencio fue brutal.

Adrian explotó.

—¡Cállate, Serena!

Ella se estremeció.

Entonces comprendí algo.

Saqué mi teléfono.

—Papá, quiero cancelar todo.

—¿La boda?

—La boda, la inversión y cualquier acuerdo entre nuestra familia y su empresa.

Adrian perdió completamente el control.

—¡No puedes hacer eso!

Lo miré.

—Acabas de abandonarme en una montaña el día de nuestra boda.

—¡Era una broma!

—Entonces considéralo otra broma.

Mi padre hizo una llamada.

Duró menos de un minuto.

—Cancelen la transferencia a Cole Technologies.

Adrian se quedó inmóvil.

—No.

Mi padre continuó.

—Retiren también nuestra garantía del préstamo puente.

La expresión de Adrian cambió.

Eso parecía incluso peor.

—Señor Bennett…

—Terminamos.

Mi padre abrió la puerta del coche para mí.

Pero antes de subir, mi teléfono comenzó a vibrar.

Mensajes.

Decenas.

Los invitados preguntaban dónde estaba.

Entonces apareció uno del organizador de la boda.

“Mia, hay un problema. Adrian acaba de regresar al hotel y está diciendo que tú sufriste una crisis emocional y huiste antes de la ceremonia.”

Lo leí dos veces.

Adrian también vio mi expresión.

—Mia, podemos arreglar esto en privado.

Solté una pequeña risa.

—¿En privado?

Él había intentado convertir su crueldad en mi vergüenza.

Ya no.

Abrí el video que Serena me había enviado.

El beso.

Las risas.

Adrian sonriendo mientras su novia caminaba sola por una carretera de montaña.

Después guardé también sus mensajes.

—¿Qué haces? —preguntó.

—Protegiéndome.

Mi padre me llevó de regreso al hotel.

Cuando entré al salón, casi trescientos invitados quedaron en silencio.

Seguía descalza.

Mi vestido estaba manchado.

Mi velo, roto.

Adrian llegó detrás de nosotros.

—Mia, por favor.

Subí al escenario.

Tomé el micrófono.

—La boda ha sido cancelada.

Un murmullo recorrió el salón.

Serena apareció en la entrada.

—También quiero aclarar algo antes de que alguien diga que abandoné a Adrian.

Miré directamente a mi ex prometido.

—Fue Adrian quien me abandonó.

Entonces la enorme pantalla detrás de mí se encendió.

El video comenzó.

Todos vieron a Serena besándolo.

Todos escucharon las risas.

Y todos vieron que Adrian no se apartaba.

Su madre se levantó horrorizada.

—¡Adrian!

Pero mi padre todavía no había terminado.

Se acercó al micrófono.

—Y para evitar cualquier malentendido comercial, Bennett Capital retira desde este momento la inversión prevista de cincuenta millones.

El salón explotó en murmullos.

Adrian cayó en una silla.

Su teléfono comenzó a sonar.

Una llamada.

Después otra.

Después otra.

Inversores.

Bancos.

Socios.

Finalmente contestó una.

Escuchó unos segundos.

—¿Qué quiere decir con que adelantaron el vencimiento?

Me miró aterrorizado.

Mi padre frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

Adrian no respondió.

Serena sí.

—Sin esos cincuenta millones…

Su voz tembló.

—Cole Technologies no llega al viernes.

Creí que esa era la última sorpresa.

Hasta que mi padre recibió un mensaje.

Lo leyó y me mostró la pantalla.

Era un informe financiero.

Había transferencias desde Cole Technologies hacia una empresa que yo nunca había visto.

La beneficiaria figuraba con un nombre que sí conocía.

Serena Blake.

Levanté los ojos.

Serena ya estaba corriendo hacia la salida.

Y entonces entendí que Adrian quizá no era el único que había planeado utilizar nuestra boda.

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