El anillo se deslizó lentamente de mi dedo.
Durante dos años había sido mi promesa favorita.
Ahora parecía una mentira hecha de plata.
—¿Tenías novio? —preguntó Sophia, confundida.
Sonreí débilmente.
—Sí. Pero acaba de terminar.
El salón quedó en silencio.
Ethan dio un paso hacia mí.
—Emily, no hagas esto aquí.
Lo miré directamente.
—¿Hacer qué? ¿Decir la verdad?
Su mandíbula se tensó.
—Podemos hablar en privado.
—Curioso. Nuestra relación siempre tuvo que ser privada.
Noah bajó la mirada.
Sophia observó alternativamente nuestros rostros.
Entonces pareció comprender.
—Espera… ¿Ethan era tu novio?
Nadie respondió.
Pero el silencio fue suficiente.
Ethan me sujetó suavemente del brazo.
—Emily, estás malinterpretando las cosas.
Aparté su mano.
—Te vi quitarte el anillo.
Su rostro palideció.
—Solo quería evitar una situación incómoda.
—¿Para quién? ¿Para Sophia o para mí?
No respondió.
Dejé el anillo sobre una mesa.
—No tienes que esconder el tuyo nunca más.
Después me marché.
Por primera vez en dos años, Ethan no me siguió.
A la mañana siguiente encontré diecisiete llamadas perdidas.
Todas de Ethan.
Su último mensaje decía:
«Sophia y yo solo somos amigos. Estás exagerando».
No respondí.
En cambio, comencé a empacar las pertenencias que había dejado en su apartamento.
Mientras guardaba mis libros, encontré una caja pequeña detrás del escritorio.
Dentro había fotografías antiguas.
Ethan y Sophia.
Cartas.
Entradas de conciertos.
Y un anillo de compromiso con un diamante.
Debajo había una tarjeta.
«Sophia, cuando regreses, espero que todavía quieras casarte conmigo».
La fecha era de hacía seis meses.
Seis meses durante los cuales Ethan había dormido a mi lado, celebrado mi cumpleaños y prometido que algún día haríamos pública nuestra relación.
Me senté en el suelo.
Ya no quedaban lágrimas.
Esa tarde Ethan apareció en mi apartamento.
—Emily, tenemos que hablar.
Le entregué la caja.
Su expresión cambió.
—¿Dónde encontraste esto?
—En tu escritorio.
Se pasó una mano por el cabello.
—No significa lo que piensas.
Solté una risa amarga.
—Entonces explícame por qué le compraste un anillo de compromiso a otra mujer mientras seguías conmigo.
Ethan permaneció callado.
Finalmente murmuró:
—Sophia fue mi primer amor.
Asentí.
—Y yo fui la mujer que utilizaste para esperarla.
—No fue así.
—Entonces dime que me habrías elegido si ella nunca hubiera regresado.
Abrió la boca.
Pero no salió ninguna palabra.
Aquella fue toda la respuesta que necesitaba.
Tres días después recibí una llamada inesperada.
Era Sophia.
—Emily, necesito verte.
Quise rechazarla.
Pero su siguiente frase me dejó inmóvil.
—Ethan te ha estado mintiendo sobre algo más importante que nuestra relación.
Nos encontramos en una cafetería.
Sophia llegó sin maquillaje y con los ojos enrojecidos.
—No sabía que ustedes estaban juntos —dijo inmediatamente—. Ethan me aseguró que estaba soltero.
La observé en silencio.
Sacó su teléfono.
—Mira esto.
Era una conversación de hacía ocho meses.
Ethan le había escrito:
«Emily es solo una amiga de la familia. Nunca hemos tenido nada serio».
Sentí que el estómago se me revolvía.
Pero Sophia todavía no había terminado.
—Regresé porque su abuelo me llamó.
Fruncí el ceño.
—¿Su abuelo?
Sophia asintió.
—Me pidió que viniera antes de que Ethan cometiera un error irreversible.
Aquella noche, Noah apareció frente a mi apartamento.
Traía un sobre.
—Emily, el abuelo de Ethan quiere hablar contigo.
—No tengo nada que hablar con esa familia.
Noah bajó la mirada.
—Creo que deberías escuchar lo que tiene que decir.
Dentro había una copia de un documento empresarial.
Reconocí inmediatamente mi nombre.
EMILY PARKER.
Debajo aparecía una participación del quince por ciento en Walker Holdings.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué es esto?
Noah respiró profundamente.
—Hace dos años ayudaste a Ethan a desarrollar el proyecto de expansión internacional.
Lo recordaba perfectamente.
Había trabajado durante meses preparando estudios de mercado y negociaciones.
Ethan siempre decía que lo hacíamos juntos.
—Su abuelo quiso recompensarte —continuó Noah—. Preparó un acuerdo para concederte acciones.
Sentí que el corazón se aceleraba.
—Nunca me hablaron de esto.
Noah apretó los labios.
—Porque Ethan pidió que mantuvieran el documento en secreto.
Al día siguiente me reuní con el señor Walker.
El anciano me recibió en su despacho.
—Emily, siempre supe que eras una parte fundamental del éxito de mi nieto.
Le mostré el documento.
—¿Esto es auténtico?
—Sí. Pero su ejecución quedó pendiente de ciertas formalidades.
Me quedé inmóvil.
—¿Por qué?
El señor Walker suspiró.
—Ethan aseguró que preferías no involucrarte en los negocios familiares.
Sentí una punzada de rabia.
Otra decisión tomada por mí.
Sin preguntarme.
Entonces el anciano añadió:
—Y hay algo más que debes saber.
Abrió una carpeta.
—Sophia no regresó para casarse con Ethan.
Lo miré sorprendida.
—¿Entonces por qué volvió?
—Porque descubrimos irregularidades en las cuentas de una de nuestras filiales.
El señor Walker deslizó varios documentos hacia mí.
—Ethan autorizó transferencias importantes a una empresa externa. Estamos investigando su finalidad.
Observé el nombre.
Parker Strategic Consulting.
Sentí un escalofrío.
—Ese es mi apellido.
—Exactamente.
—Pero yo nunca fundé esa empresa.
El anciano asintió.
—Eso es lo que necesitamos aclarar.
Revisé los papeles.
La empresa había recibido casi tres millones de dólares.
Y figuraba una firma idéntica a la mía.
—Yo nunca firmé esto.
El señor Walker palideció.
—Entonces alguien pudo haber utilizado tu identidad.
Aquella noche Ethan volvió a llamarme.
Esta vez contesté.
—Emily, por favor, necesito verte.
—¿Para explicarme lo de Sophia o lo de Parker Strategic Consulting?
Hubo un silencio absoluto.
—¿Quién te habló de esa empresa?
—Tu abuelo.
Su respiración cambió.
—Emily, no firmes nada y no hables con nadie hasta que nos veamos.
—¿Por qué?
Ethan bajó la voz.
—Porque alguien está intentando culparte de lo que ocurrió.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién?
Antes de responder, escuché otra voz al otro lado del teléfono.
Era Sophia.
—Ethan, dile la verdad. Ya no puedes protegerla.
Me quedé inmóvil.
—¿Proteger a quién?
Entonces Ethan pronunció unas palabras que hicieron que mi corazón se detuviera.
—Emily… la empresa está registrada a nombre de tu madre.
Apreté el teléfono.
—Mi madre murió hace diez años.
Ethan guardó silencio.
Después susurró:
—Eso es lo que todos te hicieron creer.
CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…
