No llamé a Ethan.
Llamé al departamento jurídico.
—Necesito revisar los beneficios asignados a la antigua dirección de la filial extranjera.
Veinte minutos después recibí el expediente.
Y entonces entendí algo.
El apartamento junto al río no pertenecía a Ethan.
Pertenecía a la empresa.
Durante tres años, Vance International había pagado el alquiler como vivienda ejecutiva.
Sophie estaba viviendo allí.
Abrí los registros de gastos.
Matrícula universitaria.
Seguro médico.
Viajes.
Una tarjeta corporativa adicional.
Todos vinculados al presupuesto administrado por Ethan.
Mi expresión se endureció.
A la mañana siguiente lo cité en mi oficina.
Entró creyendo que finalmente hablaríamos de nosotros.
Empujé los documentos hacia él.
—Explícame esto.
Su rostro perdió el color.
—Claire…
—¿La empresa pagó los gastos de Sophie durante tres años?
—No es lo que parece.
Casi sonreí.
—Esa frase llega tres años tarde.
Ethan cerró los ojos.
—Al principio la ayudé porque me lo pidió tu tía.
Me quedé inmóvil.
—¿Mi madre?
—No.
Abrió los ojos.
—La madre de Sophie.
Aquello me sorprendió.
—¿Por qué?
—Porque Sophie llegó al extranjero con deudas que nadie conocía.
—Eso no explica por qué dejaste de hablarme.
Ethan guardó silencio.
Entonces comprendí.
—Te enamoraste de ella.
—No.
Respondió demasiado rápido.
—Entonces dime la verdad.
Ethan sacó el teléfono.
Buscó algo.
Después lo dejó frente a mí.
Era un correo fechado tres años atrás.
Remitente: Sophie Grant.
Había una fotografía adjunta.
Yo aparecía entrando en un hotel con un hombre.
Reconocí inmediatamente al hombre.
Mi padre.
Pero desde aquel ángulo parecía que íbamos tomados del brazo.
Debajo, Sophie había escrito:
“Pensé que debías saber con quién está Claire mientras tú estás fuera.”
Miré a Ethan.
—¿Desapareciste de mi vida por esto?
—Te llamé aquella noche.
Recordé una llamada perdida.
Solo una.
—No respondiste.
—¿Y eso justificó tres años?
Bajó la mirada.
—Sophie dijo que llevabais meses viéndoos.
Sentí una mezcla de incredulidad y desprecio.
—Ese hombre es mi padre.
Ethan levantó bruscamente la cabeza.
—¿Qué?
—El presidente Carter.
Su rostro quedó vacío.
Por fin entendió.
No solo había ignorado quién era mi familia.
Había permitido que Sophie utilizara precisamente ese secreto para convencerlo de que yo lo engañaba.
Pero todavía quedaba una pregunta.
—¿Por qué Sophie sigue viviendo en tu apartamento?
Ethan tardó demasiado en responder.
—Porque cuando descubrí la verdad…
Se detuvo.
—¿Qué verdad?
La puerta se abrió.
Sophie estaba allí.
Había escuchado suficiente.
—Porque no podía echarme.
Ethan se giró.
—Sophie, cállate.
Ella soltó una risa amarga.
—¿Ahora quieres silencio?
Me miró.
—Pregúntale qué pasó seis meses después de llegar al extranjero.
Mi estómago se tensó.
—¿Qué pasó?
Ethan apretó los puños.
Sophie sacó una carpeta de su bolso.
—Hubo una auditoría interna.
Dejó los documentos sobre mi escritorio.
—Faltaban casi dos millones de dólares.
Miré a Ethan.
—¿Qué tiene eso que ver contigo?
Sophie sonrió.
—Todo.
Abrí la primera página.
Las transferencias habían sido autorizadas desde la cuenta ejecutiva de Ethan.
Pero el dinero no había terminado en una cuenta suya.
Había ido a una empresa registrada a nombre de Sophie.
Ella dejó de sonreír.
—Ethan creyó durante tres años que yo tenía pruebas suficientes para hacerlo parecer culpable.
Entonces lo comprendí.
Sophie no había vivido con él porque fueran una pareja feliz.
Había vivido protegida por un secreto que podía destruir su carrera.
Ethan había elegido esconderlo.
Y al hacerlo, también había elegido abandonarme sin una sola explicación.
Pulsé el intercomunicador.
—Seguridad, suban a mi oficina.
Sophie palideció.
Ethan me miró.
—Claire, espera.
Negué lentamente.
—Tres años fue tiempo suficiente para esperar.
Entonces mi teléfono sonó.
Era mi padre.
Contesté.
—Papá.
Su primera frase cambió todo.
—Claire, no dejes salir a Sophie del edificio.
Me puse rígida.
—¿Por qué?
Hubo un breve silencio.
—Porque esos dos millones no fueron lo primero que robó.
Miré a mi prima.
Y por primera vez desde que había regresado, Sophie parecía verdaderamente aterrorizada.