Me quedé mirando la pantalla apagada del teléfono.
Adrian extendió la mano.
“Dámelo.”
“No.”
Su mandíbula se tensó.
“Evelyn, si Vanessa te llamó, significa que sigue viva.”
“Y también significa que te tiene miedo.”
Algo oscuro cruzó sus ojos.
Marcus dio un paso hacia nosotros.
“Señor, deberíamos movernos. Estamos demasiado expuestos.”
Adrian asintió, pero yo negué con la cabeza.
“No voy a subir a ese coche.”
Entonces Noah tiró suavemente de mi abrigo.
“Mamá.”
Me incliné hacia él.
“¿Qué pasa?”
Mi hijo no me miraba.
Observaba a Adrian.
“Ese señor tiene la misma cicatriz que yo.”
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
Noah señaló una pequeña marca junto a su ceja izquierda.
Luego señaló a Adrian.
Adrian se quedó completamente inmóvil.
La cicatriz era casi idéntica.
Lily miró de uno al otro.
“¿Lo conocemos?”
No pude responder.
Adrian sí.
“Soy vuestro padre.”
“No.”
La palabra salió de mi boca antes de poder detenerla.
Pero ya era demasiado tarde.
Los ojos de Noah se abrieron.
Lily apretó mi mano.
Adrian parecía un hombre que acababa de recibir un golpe invisible.
“No debí decirlo así.”
“Ni siquiera debiste decirlo.”
Su expresión se endureció.
“Me robaste seis años.”
Lo miré con incredulidad.
“Tú me abandonaste antes de saber que existían.”
Marcus apartó la mirada.
Adrian abrió la boca, pero mi teléfono vibró otra vez.
Esta vez no era una llamada.
Era un mensaje.
Una dirección.
Y debajo, una fotografía.
Vanessa estaba sentada en una habitación oscura.
Tenía el rostro pálido.
Entre sus manos sostenía una carpeta roja.
El mensaje decía:
VEN SOLA.
LA VERDAD SOBRE TU DIVORCIO ESTÁ AQUÍ.
Sentí un escalofrío.
Adrian intentó tomar el teléfono.
Lo aparté.
“¿Qué significa esto?”
Por primera vez desde que lo conocía, vi auténtico miedo en sus ojos.
“Evelyn…”
“¿Qué hay en esa carpeta?”
Adrian guardó silencio.
Y ese silencio respondió demasiado.
Entonces apareció un segundo mensaje.
NO FUE ADRIAN QUIEN PIDIÓ EL DIVORCIO.
Levanté lentamente la mirada hacia él.
Adrian estaba completamente pálido.
“Eso es imposible”, susurré.
Él dio un paso hacia mí.
“No.”
Su voz se quebró por primera vez.
“Eso es exactamente lo que he intentado descubrir durante seis años.”
Antes de que pudiera exigir una explicación, Marcus recibió una llamada.
Escuchó apenas cinco segundos.
Su rostro cambió.
“Señor…”
Adrian lo miró.
Marcus tragó saliva.
“Encontraron a Vanessa.”
Mi corazón se detuvo.
“¿Dónde?”
Marcus me miró directamente.
“En la dirección que acaba de enviarle.”
Y luego añadió:
“Pero ella no está sola.”