Paula intentó recuperar la botella.
—¡Es solo agua! Lucía está montando un espectáculo porque teme perder su plaza.
El funcionario la apartó de la mesa.
—Entonces no tendrá inconveniente en que se analice.
Me senté. Las manos me temblaban, pero esta vez no estaba sola frente a una historia que otros contarían por mí.
—He ingerido algo que podría estar adulterado —dije—. Necesito atención médica.
Mateo se arrodilló junto a mi silla.
—Lucía, yo no sabía…
—Ahora necesito que expliques exactamente quién te dio la botella.
Él miró a Paula.
—La trajo ella. Me dijo que te la entregara después de las pruebas.
Paula soltó una carcajada seca.
—¿Vas a creerla a ella después de tantos años de amistad?
No respondí. Ya había perdido una vida intentando comprender cómo alguien que me abrazaba podía odiarme tanto.
Los sanitarios me trasladaron para evaluarme. La botella quedó precintada, y mi primera analítica conservó su hora de extracción.
Antes de marcharme, escuché a Paula exigir que anularan mi resultado.
Nadie lo hizo.
Días después, el análisis detectó una sustancia que no debía estar en el agua. Las cámaras del vestíbulo mostraban a Paula entregándole la botella a Mateo. Su acusación contra mí también había quedado registrada.
Presenté una denuncia.
Cuando la citaron, me escribió:
“Podemos arreglarlo. Piensa en todo lo que hemos vivido juntas”.
Leí el mensaje sin llorar.
Habíamos vivido cosas distintas. Yo había tenido una amiga. Ella había tenido un obstáculo.
La investigación siguió su curso. Mi resultado de APTA permaneció válido y recibí el nombramiento que diez años atrás me habían arrebatado.
Mateo me acompañó el primer día.
—¿Por qué parece que llevas tanto tiempo esperando esto?
Apreté la carpeta contra el pecho.
—Porque lo esperaba más de lo que imaginas.
No le hablé todavía de aquella otra vida. Primero quería aprender a vivir esta.
Al regresar a casa, abrí un cuaderno nuevo. En la primera página escribí mi nombre, la fecha y tres palabras:
“Esta vida es mía”.
Después apagué el teléfono.
Por primera vez, no necesitaba vigilar la próxima mentira de Paula.
Tenía una puerta que abrir por la mañana y un futuro al otro lado.