PARTE 2: CUANDO ETHAN DESCUBRIÓ QUE YA ERA DEMASIADO TARDE

Ethan llegó a casa poco después de medianoche.

Yo estaba cerrando la última maleta.

Se quedó en la puerta del dormitorio, todavía con el uniforme de gala.

—¿Tu madre murió?

No levanté la mirada.

—Hace cinco días.

Su rostro perdió el color.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Dejé de doblar la ropa.

Por fin lo miré.

—Lo intenté.

Ethan abrió la boca.

—Clara…

—Te llamé desde el hospital.

—Vanessa estaba contigo.

—Intenté explicarte que mamá estaba empeorando y me dijiste que siguiera sus instrucciones.

Su mandíbula se tensó.

—No sabía que estaba tan grave.

—Porque nunca preguntaste.

El silencio fue insoportable.

Ethan miró las maletas.

—¿Dónde vas?

—Me voy.

—Estás alterada por lo de tu madre.

Solté una pequeña risa.

Incluso ahora seguía sin entenderlo.

Tomé la carpeta que estaba sobre la cama y se la entregué.

—Firma.

Ethan abrió los documentos.

DIVORCIO.

Esta vez sí me miró como si acabara de recibir un disparo.

—No.

—No necesito tu permiso para irme.

Entonces sonó su teléfono.

Vanessa.

Ethan rechazó la llamada.

Era la primera vez que lo veía hacerlo.

—Clara, dame unos días.

—Mi madre necesitaba unas horas.

No supo responder.

Cogí la maleta y pasé junto a él.

Pero antes de alcanzar la puerta, alguien llamó.

Tres golpes secos.

Ethan abrió.

Dos oficiales de la policía militar esperaban afuera.

Vanessa estaba detrás de ellos.

Ya no parecía la mujer segura que había controlado cada solicitud mía.

Estaba pálida.

—Comandante Blackwood —dijo uno de los oficiales—, necesitamos hacerle algunas preguntas sobre varias autorizaciones financieras realizadas desde su oficina.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué autorizaciones?

El oficial abrió una carpeta.

—Incluida la solicitud médica presentada por su esposa.

Me quedé inmóvil.

Vanessa intervino rápidamente.

—Ethan, puedo explicarlo.

El oficial la hizo callar.

—La solicitud original no fue rechazada por documentación incompleta.

Sentí que algo se hundía dentro de mí.

—¿Qué quiere decir?

El hombre me miró.

—Su expediente estaba completo desde el primer día.

Ethan giró lentamente hacia Vanessa.

—Me dijiste que faltaban documentos.

Ella retrocedió.

—Yo sólo…

—¿Por qué?

Nadie respondió.

Entonces el segundo oficial sacó una hoja.

—También encontramos una orden para retener la aprobación durante setenta y dos horas.

Ethan la tomó.

Sus manos empezaron a temblar.

En la parte inferior aparecía su firma electrónica.

—Yo nunca autoricé esto.

Vanessa comenzó a llorar.

—Ethan…

Él levantó los ojos.

—¿Qué hiciste?

Ella negó desesperadamente.

Pero el oficial todavía tenía otro documento.

—Hay algo más.

Lo colocó sobre la mesa.

Era una transferencia realizada dos días antes de la muerte de mi madre.

Trescientos mil dólares.

Exactamente la cantidad que yo había solicitado.

El destinatario no era el hospital.

Era una cuenta privada.

Y junto al número de cuenta aparecía un apellido que hizo que Ethan dejara de respirar.

BLACKWOOD.

No pertenecía a Vanessa.

Pertenecía a su madre.

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