PARTE 2: EL SECRETO DETRÁS DE LA LLAVE

Sebastian miró a Mia durante varios segundos.

—Mi madre murió hace siete años.

—Ya sé —respondió la niña.

Natalie la abrazó con más fuerza.

—Nos vamos.

—Nadie se va.

La voz de Sebastian hizo que Natalie se detuviera.

Él extendió la mano.

—Dame la llave.

Mia negó con la cabeza.

—Primero tienes que abrir la caja.

—¿Qué caja?

La niña señaló el viejo baúl.

Sebastian sintió que algo se tensaba dentro de él.

Apartó varias cajas y levantó la tapa.

Dentro encontró vestidos, cartas y objetos que habían pertenecido a Katherine.

Mia se inclinó desde los brazos de su madre.

—Abajo.

Sebastian retiró un vestido.

Nada.

—Más abajo.

Quitó una segunda capa de ropa.

Entonces lo vio.

Una pequeña cerradura dorada estaba oculta bajo el revestimiento interior.

Natalie dejó escapar un suspiro.

Sebastian se volvió hacia ella.

—Tú sabías que estaba ahí.

—No.

—Estás mintiendo.

Natalie bajó los ojos.

Mia extendió la llave.

—Ahora sí.

Sebastian la tomó.

Encajaba perfectamente.

Un clic.

El falso fondo del baúl se levantó.

Debajo había un sobre amarillento y una pequeña caja de terciopelo.

Sobre el sobre estaba escrito su nombre.

Sebastian.

Reconoció la letra de su madre.

Sus dedos temblaron ligeramente al abrirlo.

Natalie dio un paso atrás.

—No deberías leer eso.

Sebastian levantó la mirada.

—¿Por qué?

Ella comenzó a llorar.

—Porque Katherine me hizo prometer que nunca te lo diría.

—¿Decirme qué?

Natalie miró la fotografía antigua.

—La niña de esa foto sí soy yo.

Sebastian esperó.

—Mi madre trabajaba para tu familia —continuó Natalie—. Murió cuando yo tenía siete años.

—¿Y mis padres te acogieron?

Natalie negó lentamente.

—Tu madre me acogió.

Sebastian miró la carta.

Leyó las primeras líneas.

Después se quedó inmóvil.

Katherine había escrito que Natalie no había regresado a aquella casa ocho años atrás por casualidad.

Ella misma había preparado su regreso.

Antes de morir.

—¿Por qué? —preguntó Sebastian.

Natalie no respondió.

Mia sí.

—Para cuidarte.

Sebastian volvió la cabeza.

—¿Quién te dijo eso?

—Tu mamá.

Natalie cerró los ojos.

Sebastian abrió entonces la pequeña caja de terciopelo.

Dentro había dos pulseras infantiles idénticas.

Una llevaba grabado:

SEBASTIAN CROSS.

La otra:

NATALIE CROSS.

Sebastian sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Cross?

Natalie comenzó a sollozar.

—Sebastian…

Él levantó la carta.

—¿Quién eres?

Antes de que pudiera responder, Mia señaló la última línea escrita por Katherine.

Sebastian la leyó.

Y dejó de respirar.

“Si Natalie ha vuelto a esta casa, significa que el hombre que intentó mataros cuando erais niños también ha regresado.”

En ese mismo instante, alguien cerró con llave la puerta del dormitorio desde el otro lado.

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