PARTE 2: ABBY NUNCA FUE SOLAMENTE SU AMANTE

La fotografía mostraba a Abby entrando en una sucursal bancaria junto a Gabriel.

No estaban solos.

A su lado caminaba Roberto Mendoza.

El padre de Gabriel.

Muerto hacía cinco años.

Gabriel arrancó la fotografía de las manos del abogado.

—Esto es falso.

—La imagen fue tomada hace tres semanas.

El abogado abrió el expediente.

Los dieciocho millones de pesos habían salido de nuestras cuentas mediante transferencias pequeñas durante casi cuatro años.

Destino final:

AM Holdings.

Administradora registrada:

Abigail Mendoza.

Gabriel cerró los ojos.

—Katrina no puede saber esto.

—Ya lo sabe.

Mientras tanto, yo acababa de aterrizar en París.

Mi abogado me envió todos los documentos.

Abby no utilizaba legalmente el apellido que yo conocía.

Su nombre completo era Abigail Reyes Mendoza.

Sentí frío.

Llamé inmediatamente.

—¿Es familia de Gabriel?

—Eso estamos investigando.

La respuesta llegó horas después.

Roberto Mendoza había creado AM Holdings seis meses antes de su supuesta muerte.

Gabriel había transferido allí nuestro dinero.

Pero once millones procedían originalmente de una cuenta que ni siquiera pertenecía a Gabriel.

Pertenecía a una sociedad que yo había heredado de mi madre.

Mi esposo llevaba años robándome.

Entonces apareció algo peor.

Encontraron un acuerdo privado firmado por Gabriel y Abby.

Si Gabriel conseguía divorciarse de mí antes de nuestro séptimo aniversario, recibiría una compensación de AM Holdings.

Cincuenta millones de pesos.

Nuestro aniversario había sido la noche de la puñalada.

—Entonces ¿por qué pedirme que lo cuidara?

—Porque el acuerdo exige que seas tú quien abandone voluntariamente el domicilio conyugal.

Me quedé inmóvil.

Había caído directamente en la trampa.

Pero mi abogado continuó:

—Excepto que Gabriel cometió un error.

La grabación del hospital, junto con los movimientos financieros y las circunstancias de tu salida, contradice la versión de un abandono espontáneo.

Respiré lentamente.

—¿Y Abby?

Silencio.

—Hay algo que necesitas ver personalmente.

Regresé a Manila tres días después.

No fui al hospital.

Fui directamente al despacho jurídico.

Sobre la mesa había un certificado de nacimiento.

ABIGAIL REYES MENDOZA.

Padre:

ROBERTO MENDOZA.

—¿Es hermana de Gabriel?

—Eso parecía.

Hasta que hicieron una comparación genética utilizando muestras disponibles dentro de una investigación autorizada.

Abby no era hija biológica de Roberto.

Pero sí tenía una relación biológica directa con otra persona.

Con mi madre.

Me levanté de golpe.

—Mi madre murió cuando yo tenía quince años.

El abogado deslizó una fotografía hacia mí.

Mi madre aparecía sosteniendo a dos bebés.

Uno era yo.

El otro tenía escrito detrás:

ABIGAIL.

—¿Abby es mi hermana?

—Los registros sugieren que podría serlo. Necesitamos confirmarlo con una prueba independiente.

Entonces comprendí por qué Gabriel había gritado al ver la fotografía.

Él ya conocía la conexión.

Y había mantenido a Abby cerca durante años.

No por amor.

Por mi herencia.

Mi madre había dejado un fideicomiso familiar valorado actualmente en más de cuatrocientos millones de pesos.

Yo siempre había creído ser la única beneficiaria.

Pero existía una cláusula:

Si aparecía una segunda hija biológica, ambas recibirían partes iguales.

—Gabriel quería encontrarla —murmuré.

—La encontró hace cuatro años.

Exactamente cuando comenzaron las transferencias.

Pero había algo que no encajaba.

—Si Abby podía reclamar directamente su mitad, ¿por qué robarme?

Mi abogado abrió el último documento.

La cláusula completa decía que la segunda heredera solo recibiría derechos si ambas hermanas estaban vivas cuando se verificara formalmente su parentesco.

Sentí que se me helaban las manos.

Entonces recordó la puñalada.

Gabriel había recibido el ataque protegiendo a Abby.

—¿Quién intentó apuñalarla?

El abogado me sostuvo la mirada.

—Eso es precisamente lo que cambió todo.

Puso delante de mí una captura de seguridad.

El agresor no era un ladrón desconocido.

Era Roberto Mendoza.

El padre de Gabriel.

El hombre supuestamente muerto.

Y antes de atacar a Abby, las cámaras habían grabado sus palabras.

“No puedes hacerte la prueba de ADN.”

Luego señaló a alguien fuera de cuadro.

“Si Katrina descubre quién eres, también descubrirá quién fue realmente su madre.”

El abogado pasó a la siguiente imagen.

Allí estaba Gabriel.

De pie.

Escuchándolo.

Sin ninguna expresión de sorpresa.

Gabriel no había descubierto aquella noche que su padre seguía vivo.

Lo sabía desde el principio.

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