PARTE 2: LAS FOTOGRAFÍAS FUERON PREPARADAS

Sofía no respondió.

Daniel le mostró mi teléfono.

—Explícale las fotografías.

Ella miró la pantalla.

—No sé quién las tomó.

—No te pregunté eso.

La voz de Daniel se endureció.

—Dile por qué estabas en mi habitación.

Sofía cerró los ojos.

—Tuviste una reacción alérgica después de la cena del congreso.

Me quedé inmóvil.

Daniel señaló la tercera fotografía.

—Estaba mareado. Sofía me acompañó porque era la única médica del equipo que seguía despierta.

—¿Y el ascensor?

—Me estaba sosteniendo —respondió él.

Miré a Sofía.

—¿Es verdad?

—Sí.

Pero evitaba mis ojos.

Daniel también lo notó.

—¿Qué estás ocultando?

Sofía tragó saliva.

—Yo no envié las fotografías.

—Eso no responde.

Finalmente sacó su teléfono.

Había recibido las mismas imágenes.

Tres días antes que yo.

Junto con un mensaje:

“Cuando Clara crea que Daniel la engaña, no interfieras.”

Sentí frío.

—¿Quién lo mandó?

—Número desconocido.

Daniel llamó inmediatamente a seguridad informática del hospital.

Mientras esperábamos, rompí el consentimiento.

No porque hubiera perdonado a Daniel.

Sino porque ya no estaba dispuesta a tomar una decisión irreversible mientras alguien manipulaba deliberadamente mi vida.

Una hora después llegó el primer informe.

Las fotografías eran auténticas.

Pero habían sido seleccionadas cuidadosamente.

El video completo del hotel mostraba a Daniel enfermo, apoyándose en Sofía mientras otros dos médicos caminaban detrás.

Habían sido recortados de las imágenes que recibí.

Alguien quería que parecieran amantes.

Entonces apareció algo peor.

El número anónimo había sido activado utilizando datos vinculados a Whitmore Medical Foundation.

Daniel palideció.

—Mi familia.

Aquella tarde revisamos los accesos.

Una persona había consultado mis registros ginecológicos dos días después de que yo confirmara el embarazo.

Margaret Whitmore.

Mi suegra.

—¿Tu madre sabía que estaba embarazada?

—Yo no se lo dije.

Pero Margaret había solicitado además una copia de mis análisis prenatales.

Daniel llamó.

Ella negó todo.

Hasta que Sofía habló.

—Daniel, hay algo que nunca te conté.

Sacó un expediente antiguo.

Tres años antes, Margaret le había pagado para realizar discretamente una prueba genética sobre Daniel.

—¿Por qué?

—Porque dudaba de quién era tu padre.

Daniel se quedó blanco.

El resultado demostraba que Richard Whitmore, el hombre que lo había criado, no era su padre biológico.

Pero eso no explicaba por qué querían separarnos.

Hasta que Sofía mostró una segunda prueba.

Era mía.

—¿Por qué tienes mi ADN?

—Porque Margaret me ordenó compararlo con el de Daniel antes de vuestra boda.

Mi estómago se cerró.

—¿Y?

Sofía negó rápidamente.

—No sois familiares.

Respiré.

—Entonces ¿qué buscaba?

Sofía abrió la última página.

Mi ADN coincidía estrechamente con una muestra archivada de la familia Whitmore.

No con Daniel.

Con Thomas Whitmore.

El hermano mayor de Richard.

Un hombre oficialmente muerto veintisiete años atrás.

Daniel me miró.

—Thomas dejó un fideicomiso.

La fortuna superaba los sesenta millones de dólares.

Según sus condiciones, si aparecía un descendiente biológico suyo, ese heredero recuperaría las acciones familiares que Richard administraba desde su muerte.

Miré mi vientre.

—¿Y mi embarazo qué cambia?

Daniel entendió antes que yo.

—Un bebé permitiría confirmar la línea genética con mayor facilidad.

Entonces entró una enfermera.

Traía un sobre que alguien acababa de dejar para mí.

Dentro había una fotografía antigua.

Una mujer sostenía a una recién nacida.

Reconocí a mi madre.

A su lado estaba Thomas Whitmore.

En el reverso había una frase:

“Clara jamás debe descubrir quién fue realmente su padre.”

Mis manos comenzaron a temblar.

Pero debajo había otra fotografía.

Había sido tomada aquella misma mañana.

Mi madre aparecía entrando al hospital.

La mujer que llevaba doce años supuestamente muerta.

Y caminaba junto a Margaret Whitmore.

Sofía retrocedió.

Daniel tomó la fotografía.

Yo solo pude mirar la hora impresa.

Habían entrado al edificio veinte minutos antes de mi cita.

Entonces comprendí que aquellas fotografías del hotel nunca habían sido diseñadas únicamente para destruir mi matrimonio.

Alguien sabía exactamente qué decisión tomaría si creía que Daniel me había traicionado.

Y había organizado todo para que aquella mañana yo entrara voluntariamente en ese quirófano.

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