PARTE 2: LA SALIDA QUE DEREK NUNCA IMAGINÓ

Encendí el teléfono.

Derek dejó de sonreír.

—Claire, dame eso.

—No.

Marqué el primer número que había guardado.

—Señora Bennett —respondió una voz—. Estamos afuera.

Las puertas principales se abrieron.

Dos agentes entraron acompañados por mi abogada, Rebecca Hayes.

El rostro de Patricia cambió.

—¿Policía?

Rebecca caminó directamente hacia mí.

—¿Estás bien?

Señalé mi nariz ensangrentada.

—Ahora sí.

Derek levantó las manos.

—Esto es ridículo. Fue una broma entre marido y mujer.

—Perfecto —respondió Rebecca—. Entonces no tendrá inconveniente en que conservemos las grabaciones.

Derek palideció.

No hablábamos solamente del pastel.

Durante tres meses había guardado fotografías de mis moretones.

Mensajes.

Audios.

Amenazas.

Incluso el vídeo donde Derek golpeaba la pared junto a mi cabeza.

Pero había algo que él desconocía.

Tres noches antes, después de decirme que pronto no podría marcharme, revisé mis cuentas.

Encontré una solicitud hipotecaria de ochocientos mil dólares sobre el apartamento que había heredado de mi padre.

Mi firma aparecía en ella.

Yo jamás la había firmado.

Rebecca sacó los documentos.

—El préstamo debía activarse el lunes después de la boda.

Patricia dejó caer su copa.

La miré.

Demasiado rápido.

—Tú lo sabías.

—No sé de qué hablas.

Rebecca abrió otra página.

La empresa que recibiría el dinero era Bennett Development.

Administradora:

Patricia Bennett.

Derek dio un paso hacia su madre.

—Dijiste que ella nunca lo descubriría.

Toda la sala lo escuchó.

Patricia cerró los ojos.

Acababa de destruir su propia defensa.

Me quité el anillo.

Lo dejé sobre el pastel destrozado.

—Se acabó.

Entonces Rebecca me tomó del brazo.

—Claire, todavía falta algo.

Me mostró una copia del testamento de mi padre.

Mi apartamento era apenas una parte de la herencia.

Había un fideicomiso que yo recibiría al cumplir treinta años.

Faltaban cinco meses.

Valor estimado:

diecisiete millones de dólares.

Pero existía una condición.

Si yo estaba casada cuando se liberara, mi esposo podía convertirse temporalmente en administrador conjunto de determinadas participaciones.

Miré a Derek.

Ahora comprendía sus prisas por casarse.

Su necesidad de controlarme.

Y aquella frase:

“Después de nuestra boda, ya no puedes actuar como si pudieras irte.”

Nunca había hablado solamente de nuestra relación.

Hablaba del dinero.

Pero Rebecca siguió pasando páginas.

—Tu padre modificó el fideicomiso seis semanas antes de morir.

—¿Por qué?

—Porque descubrió que alguien estaba intentando acercarte a Derek.

Sentí un escalofrío.

Había una fotografía dentro del expediente.

Derek tenía diecinueve años.

A su lado estaba Patricia.

Frente a ellos aparecía mi padre.

La fotografía había sido tomada siete años antes de que Derek y yo supuestamente nos conociéramos.

En el reverso, mi padre había escrito:

“Si Claire termina relacionándose con Derek Bennett, no será una coincidencia.”

Levanté lentamente la mirada.

—Derek me dijo que nunca conoció a mi padre.

Patricia perdió el color.

Entonces mi madre, que había permanecido en silencio toda la boda, se levantó desde la última mesa.

Estaba llorando.

—Claire…

La miré.

—¿Tú también lo sabías?

No contestó.

Eso fue suficiente.

—Mamá.

Finalmente habló.

—Tu padre intentó mantener a los Bennett lejos de ti.

—¿Por qué?

Mi madre miró a Patricia.

—Porque Patricia no quería solamente el fideicomiso.

Patricia gritó:

—¡Cállate!

Mi madre continuó.

—Quería recuperar lo que tu padre le quitó cuando naciste.

Rebecca frunció el ceño.

—¿Qué le quitó?

Mi madre tardó varios segundos en responder.

—A Claire.

El salón entero quedó en silencio.

Sentí que el teléfono casi se me escapaba.

—¿Qué acabas de decir?

Mi madre cerró los ojos.

—Patricia Bennett es tu madre biológica.

Miré a Derek.

Después a Patricia.

Y finalmente al hombre con quien acababa de casarme.

Rebecca reaccionó primero.

—Entonces necesitamos detener cualquier trámite matrimonial inmediatamente.

Pero Patricia comenzó a reír.

—Todavía no lo entiendes.

Me señaló a mí.

—Yo soy tu madre, Claire.

Después señaló a Derek.

—Pero él no es mi hijo.

Derek quedó petrificado.

Patricia volvió a mirarme.

—Y si quieres saber por qué tu padre pasó toda su vida evitando que ustedes dos se conocieran, tendrás que descubrir quién es realmente el padre de Derek.

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