PARTE 2: El sobre que Dakota preparó antes del vuelo

Pasé los siguientes veinte minutos mirando aquel sobre.

Trinity también.

—Ábrelo.

—Dakota dijo que necesitaba un testigo.

—Precisamente.

Extendió la mano.

—Estoy aquí.

Antes de que pudiera romper el sello, Dakota regresó.

No venía sola.

La acompañaba la jefa de cabina.

—Ahora sí —dijo Dakota.

—¿Qué demonios estás haciendo?

—Asegurándome de que después no digas que nunca recibiste esto.

Señaló el sobre.

Lo abrí.

La primera página tenía el membrete de un despacho jurídico.

PETICIÓN DE DIVORCIO.

Trinity soltó el aire.

Yo seguí leyendo.

Dakota solicitaba el divorcio.

Separación inmediata de bienes.

Auditoría financiera.

Preservación de registros electrónicos.

Y una orden para impedir que ciertos activos matrimoniales fueran transferidos.

—¿Desde cuándo sabes lo de Trinity?

Dakota sostuvo mi mirada.

—Ocho meses.

Trinity palideció.

—¿Ocho meses?

—Desde antes de que tú supieras que él estaba casado.

Ella me miró.

—Me dijiste que llevabais separados más de un año.

Cerré los ojos.

—Puedo explicarlo.

—No.

Dakota habló con una calma insoportable.

—Pero puedes explicar los cuarenta y tres viajes que cargaste a Bennett Aerospace como reuniones con clientes.

Mi corazón se detuvo.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque durante seis años hice nuestras declaraciones de impuestos mientras tú me decías que no entendería tus negocios.

La jefa de cabina permaneció como testigo mientras firmaba la recepción.

Después Dakota guardó su copia.

—Disfruta Florencia.

—Tenemos que hablar.

—Hablaremos mediante abogados.

Se alejó.

Entonces Trinity señaló otra hoja dentro del sobre.

No era parte del divorcio.

Era una lista.

Hoteles.

Restaurantes.

Vuelos.

Regalos.

Al lado de cada gasto aparecía un código corporativo.

—¿Pagaste nuestros viajes con dinero de tu empresa?

—Soy socio mayoritario.

—Eso no significa que puedas robarle.

—No robé nada.

Mi teléfono vibró.

DIRECTORIO EXTRAORDINARIO CONVOCADO PARA LAS 9:00 A.M. DEL LUNES.

Mi acceso financiero había sido suspendido.

Aquello no podía hacerlo Dakota.

Pero alguien sí.

Mi socio.

Ethan Cole.

Lo llamé desde el avión.

No respondió.

Minutos después llegó un mensaje.

NO HABLES CON NADIE HASTA QUE ATERRICES.

Entonces apareció otro.

ESPECIALMENTE CON DAKOTA.

Miré hacia la cocina.

Dakota estaba trabajando como si nada hubiera ocurrido.

Y comprendí que el divorcio no era lo que realmente había preparado.

Cuando aterrizamos en Florencia, Trinity desapareció antes de recoger el equipaje.

—No vuelvas a llamarme.

—Trinity.

—No fui tu amante, Miles. Fui otra persona a la que mentiste.

Se marchó.

Mi tarjeta corporativa fue rechazada en el hotel.

La personal también.

Dakota salió del aeropuerto con la tripulación sin dirigirme una sola palabra.

A la mañana siguiente conseguí comunicarme con Ethan.

—¿Qué está pasando?

—Auditoría.

—¿Por una aventura?

—Esto no tiene nada que ver con tu matrimonio.

—Entonces ¿por qué Dakota tenía mis gastos?

Silencio.

—Ethan.

—Porque ella encontró algo que nosotros no vimos.

Me envió un archivo.

Abrí el documento.

Durante tres años, alguien había creado facturas de consultoría utilizando mis autorizaciones digitales.

Más de nueve millones de dólares.

Algunas coincidían con mis viajes con Trinity.

Pero otras se habían producido mientras yo estaba físicamente en reuniones del consejo.

—Alguien está usando mi firma.

—Eso parece.

—¿Quién?

—La auditoría rastreó los pagos hasta una sociedad llamada DKB Holdings.

Me quedé inmóvil.

DKB.

Dakota Bennett.

—No.

—La empresa está registrada con el nombre completo de tu esposa.

Sentí que me faltaba el aire.

Llamé inmediatamente a Dakota.

Sorprendentemente, contestó.

—¿Creaste DKB Holdings?

—No.

—Está a tu nombre.

—Lo sé.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace tres semanas.

Fruncí el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Porque no la creé yo.

—Entonces ¿quién?

—Eso es lo que llevo intentando descubrir.

Por primera vez, su voz perdió aquella calma.

—Miles, alguien está usando nuestras identidades.

Me senté.

—¿Por qué no me dijiste nada?

Dakota soltó una pequeña risa triste.

—Lo intenté.

Recordé cenas.

Preguntas.

Documentos que había dejado sobre mi escritorio.

Yo siempre estaba ocupado.

Con Trinity.

Con reuniones.

Conmigo mismo.

—¿Por eso esperaste ocho meses para divorciarte?

—No.

—Entonces ¿por qué?

Silencio.

—Porque necesitaba saber si estabas involucrado.

Aquello dolió.

—¿Pensabas que estaba robando?

—Descubrí que mentías sobre dónde dormías. No sabía dónde terminaban tus mentiras.

No tenía respuesta.

—¿Y ahora?

—Ahora creo que eres infiel, arrogante y bastante estúpido.

Hizo una pausa.

—Pero no creo que hayas creado esas empresas.

Por alguna razón, aquello fue peor que un insulto.

—¿Quién lo hizo?

—Abre el archivo que acabo de enviarte.

Llegó un correo.

Dentro había documentos de constitución de DKB Holdings.

La firma de Dakota estaba falsificada.

También había una copia de su pasaporte.

Y una dirección de contacto.

Reconocí inmediatamente el edificio.

Era la oficina privada de Ethan.

—No puede ser.

—Sigue leyendo.

Había otra empresa.

MB Consulting.

Registrada a mi nombre.

Otra firma falsa.

Otro pasaporte copiado.

El mismo intermediario había creado ambas.

Trinity Mercer.

Sentí náuseas.

—Trinity trabajaba con Ethan.

—Eso parece.

Entonces recordé algo.

—El mensaje de finanzas llegó después de subir al avión.

—No.

Dakota corrigió.

—La auditoría comenzó hace once días.

—¿Quién la pidió?

—Yo.

Cerré los ojos.

Dakota llevaba once días desmontando algo que yo ni siquiera sabía que existía.

—¿Por qué este vuelo?

—Porque Trinity compró los billetes usando una cuenta vinculada a DKB Holdings.

Mi sangre se heló.

Nuestro viaje romántico no había sido idea mía.

Trinity había insistido en Florencia.

Incluso había elegido el hotel.

—Dakota…

—No vayas al hotel que reservaste.

—Ya estoy aquí.

Silencio.

—Sal ahora.

Me levanté.

Entonces alguien llamó a la puerta.

Tres golpes.

—¿Esperas a alguien? —preguntó Dakota.

—No.

—Miles, no abras.

Miré por la mirilla.

Ethan estaba en el pasillo.

A miles de kilómetros de Chicago.

—Es Ethan.

Dakota dejó de respirar.

—Eso es imposible.

—Está aquí.

—Miles, escucha. No le digas que sabes lo de las empresas.

Pero Ethan ya estaba golpeando otra vez.

—¡Miles! Abre. Tenemos un problema.

Entonces Dakota dijo algo que me paralizó.

—Hay una razón por la que necesitaba un testigo cuando te entregué el divorcio.

—¿Cuál?

—Porque esta mañana envié copias certificadas a la junta y a las autoridades.

Miré nuevamente por la mirilla.

Ethan llevaba una carpeta negra.

—¿Qué encontraste?

Dakota guardó silencio unos segundos.

—Tu póliza de seguro de vida.

—¿Qué tiene?

—La modificaron hace seis semanas.

Sentí frío.

—¿Quién es el beneficiario?

—DKB Holdings.

La empresa falsa creada a nombre de Dakota.

Comprendí lentamente.

Si algo me ocurría, todo apuntaría hacia mi esposa.

—¿Cuánto?

—Veinticinco millones.

Ethan volvió a golpear.

—¡Miles!

Entonces escuché la voz de una mujer detrás de él.

—Sabemos que está dentro.

Conocía esa voz.

Trinity.

Miré el teléfono.

—Dakota…

—¿Qué?

—Trinity está con Ethan.

Hubo un largo silencio.

Finalmente Dakota susurró:

—Entonces ya sé por qué necesitaban que subieras al vuelo 912.

—¿Por qué?

—Porque nunca planearon que regresaras de Florencia.

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