PARTE 2: La farsa no había terminado.

La farsa no había terminado.

Apenas comenzaba.

Después de enviarle a Fang Yuanzhou el mensaje de que transferiría los 300.000 yuanes, no regresé a casa.

Conduje directamente hasta la oficina de la empresa.

Como representante legal y accionista mayoritaria, todavía tenía acceso a todos los documentos financieros.

A las diez de la mañana, llamé a nuestro contador.

—Necesito los últimos tres años de movimientos bancarios, contratos y transferencias entre las cuentas de la empresa y las cuentas personales de Fang Yuanzhou.

El contador se quedó en silencio.

—Señora Shen, ¿ocurrió algo?

—Solo necesito comprobar unas cifras.

Una hora después, tenía delante una carpeta digital de casi trescientas páginas.

Empecé a revisar.

Al principio encontré pequeñas cantidades.

Veinte mil yuanes.

Treinta mil.

Cincuenta mil.

Pagos descritos como gastos de representación.

Bonificaciones.

Reembolsos.

Después aparecieron transferencias mucho mayores.

Una empresa llamada Yuanzhou Trading había recibido más de ochocientos mil yuanes en los últimos dos años.

El beneficiario final era el hermano de mi marido.

Seguí revisando.

Entonces encontré algo peor.

La empresa había pagado varias facturas de una inmobiliaria.

La dirección correspondía a un apartamento que yo nunca había visto.

Pedí inmediatamente una copia del contrato.

El apartamento estaba a nombre de Fang Yuanyong.

Mi cuñado.

Sentí que los dedos se me enfriaban.

Cinco años.

Durante cinco años había creído que nuestro negocio era fruto del esfuerzo de ambos.

Mientras yo trabajaba hasta medianoche revisando contratos, ellos estaban utilizando mi empresa para construir su propia fortuna.

Pero todavía faltaba algo.

Abrí los documentos relacionados con la casa.

La propiedad estaba registrada únicamente a mi nombre.

No había hipoteca.

No había deuda.

No existía ningún préstamo pendiente.

Entonces comprendí por qué Fang Dehou había hablado de ella como si ya fuera suya.

Querían que firmara un contrato de garantía.

Después utilizarían esa garantía para intentar comprometer la propiedad.

Y si yo desaparecía del camino, la casa sería el último premio.

Mi teléfono volvió a vibrar.

Fang Yuanzhou.

Esta vez contesté.

—Qingdan, ¿por qué todavía no has transferido el dinero?

Su voz sonaba impaciente.

—Estoy intentando hacerlo.

—¿Intentando?

—El banco está verificando la operación.

Hubo un silencio.

—No vayas al hospital.

—¿Por qué?

—Ya te lo dije.

—Papá necesita descansar.

Sonreí.

—Claro.

—Entonces no te preocupes.

Él pareció relajarse.

—Eso es.

—Eres mi esposa.

—Deberías confiar en mí.

Cerré los ojos.

Cinco años atrás, esas palabras me habrían hecho sentir protegida.

Ahora solo me producían náuseas.

—Confío en ti.

Colgué.

Después llamé a un abogado.

Su nombre era Chen Rui.

Habíamos trabajado juntos en una adquisición tres años atrás.

Le envié todos los documentos.

No tardó mucho en llamarme.

—Qingdan, ¿estás segura de que quieres hacer esto?

—Sí.

—Entonces no hagas ningún movimiento precipitado.

—¿Qué encontraste?

—Transferencias irregulares, posible apropiación de fondos y documentos que podrían demostrar una operación coordinada.

Respiré lentamente.

—¿Pueden quitarme la casa?

—No sin tu firma.

—¿Pueden tocar las acciones?

—No si actuamos ahora.

—Entonces quiero que prepares todo.

—Divorcio.

—Auditoría.

—Revocación de poderes.

—Y una denuncia formal si los documentos confirman el fraude.

Hubo un silencio al otro lado.

—Qingdan, esto puede destruir tu matrimonio.

Miré por la ventana.

—Mi matrimonio ya está destruido.

—Ahora solo estoy decidiendo qué parte de mi vida voy a recuperar.

A las seis de la tarde recibí otro mensaje de Fang Yuanzhou.

Esta vez decía:

«Papá empeoró».

Debajo había una fotografía.

Fang Dehou aparecía conectado a varios cables.

Pero algo no encajaba.

Miré la imagen ampliada.

En el reflejo del cristal detrás de la cama podía verse un monitor.

La hora registrada no correspondía con la hora del mensaje.

Le envié la fotografía a Chen Rui.

Tres minutos después respondió:

«No transfieras nada».

Sonreí por primera vez en todo el día.

Entonces llegó otro mensaje.

«Ven a casa inmediatamente».

Era Fang Yuanzhou.

«Tenemos que hablar de nuestro matrimonio».

Guardé el teléfono.

Había llegado el momento de regresar.

Pero esta vez no volvería como la esposa obediente que ellos creían conocer.

Volvería como la mujer que acababa de descubrir exactamente cuánto valía para aquella familia.

Y cuando Fang Yuanzhou abriera la puerta aquella noche, todavía pensaría que yo no sabía nada.

No sabía que detrás de mí ya estaban el abogado, el banco y una auditoría completa de sus cinco años de mentiras.

Tampoco sabía que la supuesta enfermedad de su padre estaba a punto de convertirse en la prueba que destruiría toda su historia.

Related Posts

PARTE 2: La llamada que David nunca pudo borrar

A las 6:17 dejé de llamar a mi marido. No porque Lily estuviera mejor. Sino porque Rebecca tenía razón. David ya sabía. Y había elegido. A las…

PARTE 2: Cuando Grant llegó exigiendo lo que nunca fue suyo

Grant apareció en el hospital poco después de medianoche. No llegó preguntando por Lily. Llegó preguntando por dinero. Las puertas de la UCI se abrieron de golpe…

PARTE 2: La prueba que cambió toda la historia

A las siete de la mañana ya había llamado a las autoridades. No iba a esperar. Por mucho que quisiera reunir pruebas, Sofía seguía dentro de aquella…

PARTE 2: Cuando Lucas llegó demasiado tarde

Lucas no respondió durante varios segundos. —¿Dónde? Su asistente le dio la dirección. Él salió de la villa sin cerrar la puerta. Yo fui arrastrada detrás de…

PARTE 2: El cuarto nombre escondía una verdad imposible

—¿Qué encontraste? Bishop tardó varios segundos en responder. —Preston Caldwell. —¿Qué pasa con él? Escuché más teclas. —No encaja con los otros tres. Miré a Nora a…

PARTE 2: El secreto detrás de los tres niños

Esperé menos de un minuto antes de cruzar la calle. Grace ya estaba dentro del centro médico. La encontré frente a recepción, rellenando unos formularios mientras los…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *