PARTE 2: El nombre que Adrian intentó borrar

La sala quedó completamente en silencio.

Adrian dejó de apoyarse en el respaldo de su silla.

—Eso es un error —dijo inmediatamente.

La jueza Calder no respondió.

Volvió a mirar la hoja.

Después pasó a la siguiente página.

—Aquí aparece la distribución inicial de acciones.

Russell se levantó.

—Su señoría, necesitamos verificar la autenticidad de esos documentos antes de sacar conclusiones.

—Por supuesto —respondió la jueza—. Precisamente por eso los estoy revisando.

Adrian me miró por primera vez desde que había entrado.

Ya no había arrogancia en sus ojos.

—Clara, ¿de dónde sacaste eso?

—De donde siempre estuvo.

—Eso no responde mi pregunta.

—Es la única respuesta que necesitas.

Russell tomó los documentos.

Los revisó rápidamente.

Su rostro cambió.

—Señor Hollis…

Adrian le arrebató la carpeta.

—¿Qué?

Russell señaló una página.

—Aquí está la firma de la señora Lane.

Adrian negó con la cabeza.

—Ella nunca estuvo involucrada en la empresa.

La jueza levantó la mirada.

—Entonces tendrá que explicar por qué los documentos oficiales dicen lo contrario.

Sentí que Samuel y Owen me observaban desde la banca.

Owen levantó la mano.

—Mamá.

La jueza le sonrió.

—¿Sí?

—¿Eso significa que papá mintió?

Adrian se volvió hacia él.

—Owen, no es tan sencillo.

—Pero dijiste que mamá nunca trabajó.

La sala quedó nuevamente en silencio.

Adrian abrió la boca.

No encontró una respuesta.

Yo respiré profundamente.

Durante doce años había dejado que otros contaran mi historia.

Ese día decidí contarla yo.

—La empresa comenzó con una pequeña flota de seis camiones.

La jueza escuchaba atentamente.

—Adrian tenía la idea.

Hice una pausa.

—Yo tenía el capital.

Russell intervino.

—Eso no demuestra que la señora Lane sea propietaria mayoritaria.

Saqué una segunda hoja.

—Por eso traje esto.

La secretaria recibió el documento.

Era un contrato de inversión.

La jueza lo leyó.

Después miró a Adrian.

—Señor Hollis, ¿reconoce este documento?

Adrian permaneció inmóvil.

—No.

—Su firma aparece aquí.

Russell se acercó.

Leyó la página.

Su rostro perdió color.

—Adrian…

—Dije que no lo reconozco.

La jueza levantó una mano.

—Será suficiente.

Entonces tomó otro documento.

—Aquí también aparece una transferencia de acciones.

Miró hacia mí.

—¿Cuántas acciones posee actualmente?

—El sesenta y dos por ciento.

Adrian se puso de pie.

—¡Eso es absurdo!

La jueza golpeó suavemente la mesa con el bolígrafo.

—Siéntese.

Adrian obedeció.

Paige ya no parecía estar disfrutando de la audiencia.

Su teléfono vibró.

Lo miró.

Luego levantó la vista hacia Adrian.

—Tenemos un problema.

Él le hizo un gesto para que guardara el teléfono.

Pero yo había visto su expresión.

Algo había cambiado.

No solo estaban descubriendo que yo poseía la mayoría de la empresa.

Estaban descubriendo que alguien más había empezado a investigar.

La jueza continuó revisando los documentos.

—Hay una cuestión adicional.

Russell se acercó.

—¿Cuál?

—Estos documentos fueron registrados hace doce años.

Adrian se quedó inmóvil.

—Sí.

—Entonces, ¿por qué el acuerdo prenupcial presentado por usted afirma que el señor Hollis era propietario exclusivo de la empresa antes del matrimonio?

Nadie respondió.

La jueza volvió a mirar el documento.

—Hay una contradicción evidente.

Russell pasó rápidamente las páginas.

—Su señoría, necesitamos tiempo para revisar esto.

—Lo tendrá.

La jueza cerró la carpeta.

—Pero antes quiero escuchar a la señora Lane.

Me puse de pie.

—¿Qué desea saber?

—¿Por qué permitió durante doce años que el señor Hollis apareciera públicamente como propietario principal?

Miré a Adrian.

—Porque cuando fundamos la empresa, él me pidió que permaneciera detrás de escena.

—¿Por qué?

—Porque decía que los inversionistas confiarían más en un hombre.

Adrian bajó la mirada.

—Y aceptaste.

—Sí.

—¿Por qué?

Sonreí ligeramente.

—Porque confiaba en mi marido.

La expresión de Adrian cambió.

—Hasta que descubrí que llevaba años transfiriendo acciones a personas relacionadas con Paige.

Paige se puso de pie.

—Eso es mentira.

La jueza la miró.

—Señora Ellison, siéntese.

—Pero yo…

—Ahora.

Paige obedeció.

Saqué otro documento.

—Estas son las transferencias.

Adrian miró la primera página.

Después la segunda.

Luego la tercera.

—No.

Su voz apenas fue audible.

—No puede ser.

La jueza examinó los registros.

—¿Qué significan estas transferencias?

—Que Adrian estaba preparando una estructura para quedarse con la empresa después del divorcio.

Russell se llevó una mano a la frente.

—Señor Hollis, ¿por qué no me informó de esto?

Adrian no respondió.

Entonces mi teléfono vibró.

Era un mensaje de mi contador.

Lo abrí.

Solo había una frase:

«Clara, encontré la cuenta que Adrian no declaró en el divorcio.»

Debajo aparecía una cantidad.

Me quedé inmóvil.

Era mucho mayor de lo que esperaba.

Levanté la mirada hacia Adrian.

Él me estaba observando.

Y por la forma en que palideció al ver mi expresión, comprendí algo.

No sabía que yo había encontrado aquella cuenta.

Pero lo peor estaba por venir.

Porque el dinero no estaba a nombre de Adrian.

Estaba a nombre de Paige.

Y la primera transferencia se había realizado exactamente tres días después de que nacieran nuestros gemelos.

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