PARTE 2: La respuesta que llegó seis meses tarde

Marcos cogió el teléfono.

Su rostro había perdido todo el color.

—Elena, puedo explicarlo.

Solté una risa breve.

—Por fin.

—No significa lo que piensas.

—¿Qué parte? ¿Laura? ¿Los mensajes? ¿El collar con vuestras iniciales? ¿O su embarazo?

Sus ojos se abrieron.

—¿Tú sabías…?

Entré en el estudio y regresé con una carpeta.

La dejé sobre la mesa.

Capturas impresas.

Fechas.

Conversaciones.

Incluso una fotografía del collar.

Marcos pasó las páginas con las manos temblorosas.

—¿Desde cuándo?

—Ciento ochenta y tres días.

Se dejó caer en una silla.

—Por eso nunca me dejaste acercarme.

—No. Nunca volví a acercarme porque estaba esperando a ver cuánto tardabas en decirme la verdad.

El teléfono volvió a vibrar.

Laura.

Esta vez contesté yo.

—Hola, Laura.

Silencio.

Después escuché su respiración.

—¿Elena?

—Acabo de leer tu mensaje.

Marcos intentó quitarme el teléfono.

Me aparté.

—Dile algo importante —continué—. ¿Marcos sabe desde cuándo estás embarazada?

Laura guardó silencio.

—Cuatro meses.

Marcos se levantó de golpe.

—¿Cuatro?

Su reacción me desconcertó.

—¿Qué quieres decir?

Marcos negó lentamente.

—No puede ser mío.

Laura empezó a llorar al otro lado.

—Marcos…

—¡Dile la verdad!

La llamada terminó.

Lo miré.

—¿Ahora vas a negar también esto?

—No estoy negando los mensajes.

—Qué generoso.

—Pero nunca tuve una relación física con Laura.

Saqué una de las capturas.

—“Mañana nos vemos. Ponte el uniforme que elegí para ti.”

—Era para una operación.

Me quedé inmóvil.

Marcos abrió un cajón y sacó una credencial que jamás había visto.

—Laura estaba siendo investigada por filtrar información interna. Me asignaron supervisar la investigación.

—Entonces ¿por qué las frases íntimas?

—Porque ella creía que yo estaba interesado en ella.

Sentí una mezcla de rabia y confusión.

—¿Y el collar?

Marcos cerró los ojos.

—Ella me lo dio. Debí entregarlo como evidencia. Lo escondí porque temía que tú lo vieras antes de poder explicarte.

—Seis meses, Marcos.

No encontró respuesta para eso.

Entonces llamaron a la puerta.

Tres golpes secos.

Marcos miró el reloj.

—No abras.

Naturalmente, abrí.

Laura estaba allí.

Pero no venía sola.

Junto a ella había dos oficiales.

Laura tenía los ojos hinchados.

—Elena, necesito hablar contigo.

Uno de los oficiales mostró su identificación.

—Señora, estamos investigando una filtración de documentos clasificados.

Miré a Marcos.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

El oficial sacó una bolsa transparente.

Dentro había una memoria USB.

—La encontramos esta tarde en el despacho de la comandante Bennett.

Laura negó desesperadamente.

—Yo nunca la había visto.

—¿Y?

El hombre giró la bolsa.

Una pequeña etiqueta estaba pegada al dispositivo.

Tenía escrito mi nombre.

ELENA.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—Eso no es mío.

—Lo sabemos —respondió el oficial.

Marcos levantó la cabeza.

—¿Cómo que lo saben?

El oficial miró directamente hacia él.

—Porque las cámaras muestran quién la puso allí.

Sacó una fotografía.

Yo esperaba ver a Laura.

Quizá incluso a Marcos.

Pero reconocí inmediatamente al hombre de la imagen.

Era el director regional cuyo puesto acababa de ocupar tras mi ascenso.

El mismo hombre que me había recomendado personalmente para reemplazarlo.

Y debajo de la fotografía aparecía la fecha.

7 de noviembre.

El mismo día en que vi a Marcos salir de la base con aquellas rosas blancas.

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