PARTE 2: LA VERDADERA SEÑORA WHITMORE

Ethan me miró como si hubiera hablado en otro idioma.

—¿Divorcio?

—Sí.

—Olivia, estás enfadada por el anillo. Lo entiendo. Sophie cometió un error.

Solté una risa breve.

—Qué curioso. Hasta tus errores los comete ella.

Su mandíbula se tensó.

—Podemos discutir esto después. Primero necesito que vengas conmigo.

—¿Adónde?

—A Horizon Capital.

Ahí estaba.

Ni una disculpa.

Ni una pregunta sobre nuestro matrimonio.

Solo treinta mil millones.

—No.

Ethan se levantó de golpe.

—Si Horizon retira la inversión, varios proyectos quedarán paralizados.

—Entonces deberías resolverlo como presidente de Whitmore Group.

—¡Quieren conocerte!

—Ese parece ser tu problema.

Su rostro cambió.

—¿Por qué demonios Horizon está tan interesado en ti?

Lo observé durante varios segundos.

—Finalmente hiciste una buena pregunta.

Fui al estudio y regresé con una carpeta.

La dejé sobre la mesa.

Ethan leyó la primera página.

Después volvió a leerla.

—Horizon Capital Holdings…

Sus dedos se detuvieron sobre el nombre del accionista mayoritario.

Olivia Bennett.

Mi nombre de nacimiento.

—Esto no puede ser.

—Mi abuelo fundó el fondo familiar que después se convirtió en Horizon. Yo heredé la participación de control.

Ethan levantó la cabeza lentamente.

—¿Tú eres…?

—La persona cuya aprobación necesitabas para conservar la inversión.

Se quedó sin palabras.

Durante tres años, jamás había preguntado por qué yo viajaba una vez al mes a reuniones privadas.

Nunca preguntó por mi apellido anterior.

Nunca quiso acompañarme.

Le resultaba más cómodo pensar que su esposa simplemente esperaba en casa.

—Entonces tú retiraste los treinta mil millones.

—Solicité la salida de la inversión conforme a las condiciones acordadas.

—¿Por una fotografía?

—No.

Me acerqué.

—La revisión comenzó hace meses. Tu empresa llevaba demasiado tiempo dependiendo de una sola fuente de capital mientras asumía riesgos que mi equipo consideraba preocupantes.

Ethan parecía incapaz de respirar.

—¿Y el anillo?

—El anillo solo me recordó que tampoco existía una razón personal para seguir protegiéndote.

El timbre sonó.

Era Daniel Fu.

Entró acompañado de mi abogada.

Ethan retrocedió.

—¿Qué hacen aquí?

Daniel inclinó respetuosamente la cabeza hacia mí.

—Señora Bennett, los documentos están preparados.

Ethan se aferró al respaldo del sofá.

—¿Bennett?

Mi abogada colocó dos carpetas sobre la mesa.

Una contenía los documentos relacionados con nuestra separación.

La otra, la confirmación formal de las decisiones de inversión de Horizon.

Ethan me miró con los ojos enrojecidos.

—Olivia, por favor. Dame una semana.

—Tuviste tres años.

—Puedo arreglarlo.

—¿El matrimonio o la inversión?

No respondió.

Esa fue su respuesta.

Entonces la puerta volvió a abrirse.

Sophie apareció jadeando.

Todavía llevaba mi anillo.

—Señor Whitmore, la junta convocó una reunión extraordinaria.

Al verme, escondió inmediatamente la mano.

—Devuélvemelo —dije.

—Yo…

Ethan extendió la mano.

—Sophie.

Ella se quitó el anillo y lo dejó sobre la mesa.

Lo recogí.

Cuarenta y siete días de trabajo.

Tres años de matrimonio.

Y, de repente, aquella pequeña piedra ya no significaba nada.

—Olivia —susurró Ethan—, iré contigo a todos los eventos. Presentaré públicamente que eres mi esposa. Despediré a Sophie.

Sophie palideció.

Yo negué.

—Todavía no entiendes.

Guardé el anillo.

—No quiero que finalmente me veas porque descubriste cuánto dinero represento.

Salí con mi abogada.

Ethan no intentó detenerme.


Seis meses después, el divorcio quedó resuelto.

Horizon reorganizó sus inversiones sin depender de Whitmore Group.

Yo regresé al diseño de joyas, algo que había abandonado poco después de casarme.

El primer anillo de mi nueva colección fue aquel de tanzanita.

Pero fundí la montura original.

Conservé únicamente la piedra.

No todo lo roto necesita repararse exactamente como era.

A veces merece convertirse en otra cosa.

Pensé que Ethan finalmente había salido de mi vida.

Hasta que Daniel entró una mañana en mi oficina.

—Olivia, encontramos algo durante la auditoría final de Whitmore Group.

Deslizó una carpeta hacia mí.

—¿Qué?

—Las instrucciones que recibió Sophie antes de aquella gala.

Abrí el documento.

Había mensajes impresos.

Sophie no había encontrado mi anillo por casualidad.

Alguien le había enviado una fotografía exacta del cajón donde yo lo guardaba.

También le había dicho que debía llevarlo públicamente.

—¿Ethan?

Daniel negó.

—No.

Pasé a la última página.

Allí aparecía el número desde el que habían salido las instrucciones.

Lo reconocí.

Hacía años que no lo veía, pero jamás podría olvidarlo.

Porque pertenecía a la única persona de Horizon que conocía desde el principio tanto mi matrimonio como mi verdadera identidad.

Y en ese instante comprendí que la humillación de aquella gala quizá nunca había sido un accidente.

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