PARTE 2: Julia sabía que Ethan estaba casado, pero desconocía la mentira que la había llevado hasta él

—Se acabó —dije.

Ethan frunció el ceño.

—Maya, no hagas una escena.

—La escena la hiciste ayer. Frente a todo un pueblo.

Julia salió de detrás de él.

—No tienes derecho a tratarlo así.

La miré.

—¿Qué te contó exactamente sobre nuestro matrimonio?

—Que lleváis años separados aunque viváis en la misma casa. Que te negabas a divorciarte porque querías castigarlo.

Solté una pequeña risa.

Ethan palideció.

Fui al dormitorio y regresé con una carpeta.

Dentro estaban nuestras reservas de vacaciones, fotografías recientes, recibos del aniversario que habíamos celebrado dos meses antes y el contrato de un apartamento que habíamos pensado comprar juntos.

Julia empezó a pasar las páginas.

—Eso no demuestra que fueran felices —murmuró.

—No intento demostrarte que éramos felices. Estoy demostrando que él no estaba viviendo la vida que te describió.

Ethan intentó quitarle la carpeta.

Julia apartó la mano.

—Déjame.

Fue la primera vez que la vi enfrentarse a él.

Entonces pregunté:

—¿Por qué dijiste ayer que sus padres habían muerto?

Julia se quedó inmóvil.

—Porque murieron.

—¿Cuándo?

—Hace cinco años.

Ethan cerró los ojos.

Algo en su reacción me llamó la atención.

—¿Qué ocurre?

Julia me miró confundida.

—Ethan conocía a mis padres. Mi padre lo ayudó cuando su empresa estaba empezando. Le prestó dinero.

Ahora entendía parte de la historia.

—¿Cuánto?

—No lo sé. Ethan dijo que pagó todo después.

Miré a mi marido.

—¿Lo pagaste?

—Esto no tiene nada que ver contigo.

Aquella frase respondió por él.

Julia comenzó a ponerse nerviosa.

—Ethan…

—Nos vamos.

Intentó tomarla del brazo.

Ella retrocedió.

—Quiero saberlo.

Ethan perdió la paciencia.

—¡Tus padres están muertos, Julia! ¿Qué importa ahora?

La habitación quedó en silencio.

Julia lo miró como si acabara de conocerlo.

Entonces saqué mi teléfono.

—Yo también quiero saberlo.

Durante los siguientes días no discutí con Ethan.

Consulté a una abogada y separé todo lo que necesitaba para proteger mis cuentas, documentos y vivienda mientras decidía cómo terminar nuestro matrimonio correctamente.

Ethan dejó de dormir en casa.

Julia tampoco volvió.

Pensé que se había marchado con él.

Me equivocaba.

Tres noches después llamó a mi puerta.

Venía sola.

Llevaba una caja.

—Encontré esto en la casa de mis padres.

La dejé entrar.

Dentro había documentos antiguos.

Contratos.

Recibos.

Cartas.

Y una fotografía de Ethan con el padre de Julia.

—Mi padre no le prestó una pequeña cantidad —dijo ella.

Sacó un acuerdo.

La familia de Julia había entregado a Ethan una suma considerable para salvar su primera empresa.

Pero el documento incluía algo extraño.

Si Ethan no devolvía el dinero, determinada participación empresarial quedaría como garantía.

—¿Pagó? —pregunté.

Julia negó.

—Eso creía. Pero encontré cartas de mi padre reclamándole durante años.

Entonces apareció mi nombre.

Maya Chen.

En una carta fechada apenas tres semanas antes de nuestra boda.

El padre de Julia había escrito:

Si no regularizas la deuda, informaré a Maya antes de que se case contigo. Ella merece conocer tu situación financiera real.

Sentí un nudo en el estómago.

—Nunca recibí nada.

—Hay más.

Julia sacó otra carta.

Esta nunca había sido enviada.

Su padre había escrito que Ethan le había prometido devolver todo después de casarse conmigo porque mi empleo y mis ahorros mejorarían su posición financiera.

Lo miré dos veces.

Yo no había sido solamente la esposa que Ethan engañó.

También había formado parte de sus planes económicos desde antes de casarnos.

Julia empezó a llorar.

—Él me dijo que se casó contigo porque tú lo presionaste.

—Nunca lo hice.

—También dijo que mis padres murieron creyendo que él había pagado.

Seguimos revisando.

Entonces encontramos una transferencia realizada meses después de la muerte de sus padres.

No era un pago de Ethan a la familia.

Era al revés.

Dinero procedente de la venta de una propiedad de los padres de Julia había terminado en una sociedad relacionada con Ethan.

Julia dejó de llorar.

—¿Por qué recibió dinero después de que murieran?

No tenía respuesta.

Y no iba a inventarla.

—Necesitamos que alguien revise esto profesionalmente.

Ella asintió.

Al día siguiente entregamos copias a nuestros respectivos abogados.

Fue entonces cuando apareció algo todavía más extraño.

La casa de los padres de Julia había sido vendida después de su muerte.

Julia siempre creyó que el dinero se utilizó para pagar deudas familiares.

Pero entre los documentos había correspondencia que indicaba que Ethan había participado en conversaciones relacionadas con aquella venta.

Cinco años atrás.

Exactamente cuando comenzó su relación con Julia.

Ella me llamó esa tarde.

—Maya, encontré el primer mensaje que Ethan me envió.

—¿Qué decía?

Escuché cómo respiraba.

—Me escribió tres días después del funeral de mis padres.

Sentí frío.

Julia continuó:

—Durante cinco años creí que se acercó porque estaba preocupado por mí.

Hizo una pausa.

—Pero ayer encontré el teléfono antiguo de mi padre.

Había un mensaje enviado a Ethan la noche anterior a su muerte.

Si vuelves a acercarte a mi hija para presionarme por la propiedad, se lo contaré todo a Maya.

Me quedé completamente inmóvil.

Julia tampoco habló durante varios segundos.

Entonces comprendimos la misma cosa al mismo tiempo.

Ethan no había conocido a Julia como una joven vulnerable de la que después se enamoró.

Ya estaba interesado en ella mientras sus padres seguían vivos.

Y quizá la boda que yo había encontrado por casualidad no era el final de una historia de amor de cinco años.

Era el último paso de algo que había comenzado antes de que cualquiera de las dos supiera que estábamos dentro de su plan.

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