El lunes llegué a Blackwood Group con el resultado del hospital escondido dentro de una carpeta de proyectos.
No era el lugar más seguro para guardar un secreto, pero necesitaba tenerlo cerca.
Como si tocar el borde del papel pudiera recordarme que no estaba imaginando nada.
Ethan me vio entrar en la sala de reuniones.
Su mirada se detuvo un segundo más de lo normal en mi rostro.
—¿Ya estás mejor?
—Perfectamente, señor Blackwood.
No insistió.
Esa era una de sus especialidades: preocuparse justo lo suficiente para que nadie pudiera acusarlo de indiferente, pero nunca tanto como para quedarse.
Durante la reunión, el olor del café me revolvió el estómago.
Me levanté antes de que alguien lo notara y fui al baño.
Cuando salí, Ethan estaba en el pasillo.
Otra vez.
—Deberías irte a casa —dijo.
—No necesito permiso para tomar una baja médica.
Su mandíbula se tensó.
—No era una orden.
—Qué alivio.
Intenté pasar de largo, pero él tomó mi carpeta por accidente al sujetar mi brazo.
Las hojas se deslizaron al suelo.
Mi corazón dejó de latir.
Ethan se agachó antes que yo.
Vi el informe blanco entre sus manos.
Vi sus ojos recorrer la fecha.
Luego el resultado.
Embarazo: ocho semanas.
Durante un segundo no habló.
No respiró.
Sus dedos se cerraron sobre el papel.
—Isabella…
Le quité la hoja con cuidado.
—No es asunto tuyo.
—¿No es asunto mío? —repitió, con la voz baja—. Ocho semanas.
No contesté.
No tenía por qué hacerlo.
Pero Ethan me conocía demasiado bien.
Recordaba fechas que fingía olvidar.
Recordaba silencios que yo había pensado que no significaban nada.
—¿Es mío? —preguntó al fin.
El pasillo se volvió insoportablemente pequeño.
Yo quería decir que no.
Quería devolverle cada noche en que me sentí sola dentro de nuestro matrimonio.
Quería dejarlo con la misma incertidumbre que él me había dejado tantas veces.
Pero no pude mentir.
—No voy a hablar de esto aquí.
Ethan dio un paso atrás, como si mis palabras lo hubieran golpeado.
Entonces la mujer del hospital apareció al final del pasillo.
La de vestido claro.
La que yo había visto junto a él.
—Ethan, tu madre llamó otra vez —dijo ella, deteniéndose al vernos—. Dice que la cena de compromiso no puede esperar.
El mundo se inclinó bajo mis pies.
Ethan cerró los ojos.
Y antes de que pudiera preguntarle qué significaba aquello, su asistente llegó corriendo con una sonrisa nerviosa.
—Señor Blackwood, felicidades.
La señora Blackwood acaba de confirmar que anunciará su compromiso esta noche.
Miré a Ethan.
Luego a la mujer.
Y por primera vez entendí que esconder mi embarazo no iba a ser la parte más difícil.
Lo difícil sería descubrir por qué mi exmarido estaba a punto de comprometerse… justo cuando acababa de saber que llevaba a su hijo.
¿Le contarías a Ethan la verdad después de oír eso? 👇