Rodrigo tomó la hoja con una sonrisa de desprecio.
Pero la sonrisa desapareció antes de terminar la primera línea.
Elisa conocía esa expresión.
Era la misma que tenía cada vez que alguien le hacía una pregunta que no podía controlar.
—¿Qué es esto? —preguntó él.
El doctor Santiago Rojas mantuvo la voz serena.
—Su análisis hormonal completo, señora Navarro. El informe original confirma que usted no presentaba ninguna condición que impidiera un embarazo.
Vanessa dio un paso atrás.
Rodrigo arrugó el papel entre sus dedos.
—Eso no prueba nada. Hubo otros estudios. Muchos.
—Sí —respondió Santiago—. Y todos fueron alterados después.
El pasillo se quedó en silencio.
Elisa sintió que los recuerdos regresaban uno tras otro: las salas blancas, las agujas, las noches llorando en el baño, Rodrigo diciéndole que su cuerpo había fallado.
Todo había sido una mentira escrita en tinta.
La notaria abrió otra carpeta.
—Tenemos copias certificadas de los registros electrónicos. Alguien accedió a su expediente durante seis años y reemplazó resultados médicos.
Rodrigo miró a Vanessa.
Fue solo un segundo.
Pero fue suficiente.
Los agentes de la Fiscalía también lo vieron.
“¿Fuiste tú?”, preguntó Elisa.
Vanessa negó demasiado rápido.
“No. Yo solo… yo intentaba ayudar.”
Santiago sacó una segunda hoja.
—Este documento también es relevante. Corresponde a un análisis realizado a Rodrigo Alcázar antes del primer tratamiento de fertilidad.
Rodrigo levantó la voz.
“¡Eso es confidencial!”
Santiago lo miró fijamente.
—La señora Navarro tiene derecho a conocer la información usada para manipular sus propios tratamientos.
Elisa no entendía todavía.
Hasta que leyó la frase marcada en rojo.
Factor masculino grave. Probabilidad de concepción natural: extremadamente baja.
El aire abandonó sus pulmones.
Rodrigo era quien había tenido el problema.
Rodrigo lo sabía.
Y durante seis años había conseguido que médicos corruptos, documentos falsificados y su propia esposa cargaran con una culpa que le pertenecía a él.
“No es posible”, murmuró Vanessa.
Su brazo se tensó alrededor del bebé.
Elisa levantó la vista lentamente.
“¿Él también te dijo que el niño era suyo?”
Vanessa palideció.
Rodrigo se acercó a ella.
“Vanessa, no escuches nada de esto.”
Pero ella lo apartó.
Por primera vez, su expresión no era triunfante.
Era aterrada.
“Me dijiste que los médicos se habían equivocado”, susurró. “Me dijiste que eras perfectamente fértil.”
Rodrigo no respondió.
Elisa miró al niño.
Después miró el análisis.
Y comprendió la razón por la que Santiago había llegado acompañado por agentes y una notaria.
No solo habían falsificado su expediente.
Había una segunda investigación.
Una que incluía pagos ocultos, pruebas de ADN… y el verdadero padre de aquel bebé.
Santiago abrió el último sobre sellado.
“Señor Alcázar”, dijo, “antes de que continúe, debería saber que el resultado de paternidad ya está aquí.”
¿Quién crees que era el verdadero padre del bebé? 👇