PARTE 2: Lo que Adrian escondió junto a la cuna

Teresa cerró la puerta del pasillo antes de hablar.

—Estaba cambiando las sábanas de Leo cuando encontré esto detrás del cajón inferior.

Sacó de su bolso un sobre doblado.

Dentro había copias de documentos legales.

Reconocí inmediatamente el membrete del bufete que gestionaba algunos asuntos privados de Sterling Developments.

En la primera página aparecía mi nombre.

En la segunda, el de Leo.

Y en la tercera había un borrador titulado:

SOLICITUD DE TUTELA Y ADMINISTRACIÓN PATRIMONIAL.

Sentí que se me helaban las manos.

—¿Qué es esto?

Teresa negó con la cabeza.

—No lo sé. Pero mira la última página.

Había correos impresos entre Adrian y un abogado llamado Marcus Bell.

Uno estaba fechado tres meses atrás.

“Después del matrimonio tendremos una posición mucho más sólida. La clave será demostrar que Elena depende emocionalmente de Adrian para criar al niño y tomar decisiones importantes.”

Seguí leyendo.

Otro mensaje mencionaba mi empresa.

Otro, mi casa.

Otro hablaba de crear una estructura mediante la cual Adrian pudiera asumir temporalmente ciertas decisiones si yo quedaba “incapacitada”.

Levanté la mirada.

—¿Incapacitada?

Teresa estaba temblando.

Entonces escuchamos pasos.

—¿Elena?

Adrian.

Guardé los documentos bajo mi vestido justo cuando apareció al final del pasillo.

Llevaba el esmoquin que yo había elegido para él.

Sonrió como si nada hubiera ocurrido.

—Aquí estás. Todo el mundo pregunta por ti.

Se acercó para besarme.

Retrocedí.

Su sonrisa vaciló.

—¿Qué pasa?

—Nervios.

—Después de hoy ya no tendrás que preocuparte por nada —dijo suavemente—. Yo cuidaré de vosotros.

Ahora aquellas palabras sonaban como una amenaza.

—Necesito diez minutos a solas con Leo.

Adrian miró a Teresa.

Por una fracción de segundo vi algo distinto en sus ojos.

Miedo.

—Claro.

Esperó hasta que Teresa se alejó.

Entonces se inclinó hacia mí.

—Por cierto, después de la ceremonia habrá algunos documentos que firmar. Nada importante. Cosas fiscales.

Sonreí.

—Perfecto.

Su expresión se relajó.

Cuando desapareció por el pasillo, llamé a mi abogada personal.

—Rachel, necesito que bloquees cualquier autorización, poder o modificación societaria relacionada conmigo, con Leo o con Sterling Developments.

—Elena, ¿qué ocurre?

—Y averigua quién es Marcus Bell.

Hubo unos segundos de silencio.

—Ya sé quién es.

Mi corazón golpeó contra mis costillas.

—¿Cómo?

—Porque intentó acceder a tus documentos corporativos esta mañana.

Miré hacia el pasillo por donde Adrian acababa de desaparecer.

—¿Con qué autorización?

—Con una firmada por ti.

—Yo no he firmado nada.

Rachel dejó de hablar.

Entonces comprendimos lo mismo.

—Voy a enviarte una fotografía —dijo—. Necesito que me confirmes algo.

Mi teléfono vibró.

Abrí la imagen.

Era mi firma.

Perfectamente reproducida.

Pero falsa.

Debajo aparecía el nombre de Adrian como representante autorizado.

Sentí una calma extraña.

Ya no estaba cancelando una boda porque mi prometido no me amaba.

Estaba intentando descubrir cuánto tiempo llevaba preparando aquello.

Entonces Teresa regresó corriendo.

—Elena.

—¿Qué ocurre?

—Adrian acaba de preguntarme si encontré algo en la habitación de Leo.

Nos miramos.

Él ya sabía que faltaban los documentos.

Desde el jardín comenzaron a escucharse murmullos. Alguien debía de haber informado a los invitados de que la ceremonia se retrasaba.

Mi teléfono volvió a sonar.

Rachel.

Contesté inmediatamente.

—Encontré otra cosa —dijo.

Su voz había cambiado.

—Marcus Bell no empezó a trabajar para Adrian después de que os conocierais.

—¿Cuándo?

—Hace casi dos años.

Me quedé inmóvil.

Adrian y yo nos habíamos conocido diecisiete meses atrás.

—Eso es imposible.

—No. Y hay más.

Escuché cómo Rachel respiraba profundamente.

—Cinco semanas antes de que Adrian apareciera en tu vida, Marcus solicitó información privada sobre Sterling Developments.

Miré a Leo dormido en mis brazos.

—¿Qué información?

Rachel tardó demasiado en responder.

—Tu patrimonio, tu embarazo…

Hizo una pausa.

—Y la identidad del padre biológico de Leo.

Entonces, detrás de mí, una voz masculina dijo:

—Elena, creo que ya es hora de que hablemos de quién es realmente el padre de tu hijo.

Me giré.

Adrian estaba en la puerta.

Y a su lado había un hombre al que no veía desde antes de que naciera Leo.

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