Claire llegó al hospital cuarenta minutos después.
Mi suegra la vio entrar con el brazo inmovilizado.
Y algo cambió en su rostro.
—¿Dónde estabas cuando Ethan cayó?
Claire comenzó a llorar.
—Él quiso salvarme.
—¿Y dejaste que arriesgara su vida?
La misma mujer que en mi vida anterior me había culpado por impedirlo ahora miraba a Claire como si fuera responsable de todo.
Qué fácil cambiaba la justicia cuando el herido era su propio hijo.
—Señora Walker, yo no…
—¡Mi hijo está en cirugía por ti!
Mi suegro la apartó antes de que la discusión empeorara.
Entonces apareció el cirujano.
Todos nos levantamos.
—La intervención terminó. El señor Walker sobrevivió.
Mi suegra casi cayó de alivio.
Pero el médico continuó.
—Las lesiones son importantes. Necesitará una recuperación larga y todavía es demasiado pronto para determinar cuánto podrá recuperar.
Claire se cubrió la boca.
Yo permanecí en silencio.
Horas después, Ethan despertó.
Pidió verla a ella primero.
No a su madre.
No a su padre.
A Claire.
La expresión de mi suegra se volvió todavía más fría.
Yo simplemente saqué mi teléfono.
Había algo que necesitaba hacer.
En mi vida anterior había dedicado años a Ethan.
Mi dinero.
Mi tiempo.
Incluso una parte de la empresa que heredé de mi padre había terminado sosteniendo los negocios de los Walker.
Esta vez no repetiría aquel error.
Llamé a mi abogado.
—Quiero revisar todos los documentos relacionados con mi matrimonio y las inversiones Walker.
Hubo un silencio.
—Sophie, precisamente iba a llamarte.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
—Encontramos algo extraño esta mañana.
Salí al pasillo.
—Habla.
—Hace dos meses Ethan intentó modificar un acuerdo financiero relacionado con tus acciones.
Sentí que el mundo se detenía.
—Nunca firmé nada.
—Lo sé.
Mi abogado respiró profundamente.
—Porque la firma que aparece en el documento no coincide con la tuya.
Miré a través del cristal.
Ethan estaba acostado en la habitación.
Claire permanecía junto a su cama.
Ella sostenía su mano.
Entonces mi abogado añadió:
—Hay más.
—¿Qué?
—El testigo del documento fue Claire Bennett.
Mis dedos se cerraron alrededor del teléfono.
De repente, aquella excursión a la montaña adquirió otro significado.
No se trataba únicamente de sentimientos.
Ni siquiera de una amistad demasiado cercana.
Había dinero involucrado.
Mucho dinero.
—¿Qué habría ocurrido si ese documento entraba en vigor?
Mi abogado tardó varios segundos en responder.
—Si tú morías antes que Ethan, una parte considerable de tus acciones pasaría automáticamente a tu esposo.
Miré nuevamente hacia la habitación.

Claire levantó la cabeza.
Nuestros ojos se encontraron a través del cristal.
Y por primera vez desde que había renacido…
ella dejó de parecer inocente.